
Cómo funciona el financiamiento a bomberos y por qué los incendios tensan los recursos
Chubut31/01/2026
REDACCIÓN
El presidente de la Federación de Bomberos del Chubut explicó el origen legal de los fondos, su distribución nacional y los costos reales que enfrentan los cuarteles ante incendios cada vez más frecuentes.


El envío de fondos nacionales a los cuarteles de bomberos voluntarios volvió a instalarse en la agenda pública, aunque lejos de representar una novedad. Rubén Oliva, presidente de la Federación de Bomberos Voluntarios del Chubut, aclaró que se trata de recursos previstos por una ley vigente desde hace más de tres décadas. “Es una ley creada hace más de 30 años donde Nación es la que administra esos fondos recibiendo de las aseguradoras”, explicó, y remarcó que el Estado nacional cumple un rol estrictamente administrativo.
La normativa establece un circuito preciso. Los fondos provienen de los seguros —con excepción de los de vida— y luego se distribuyen a los cuarteles bajo un esquema de control y rendición. “Después lo sigue administrando en pagarle a los cuarteles y que los cuarteles rindan tal y cual como corresponde el manual que existe para evitar el mal uso del dinero”, señaló Oliva, descartando discrecionalidades o asignaciones selectivas.
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Uno de los puntos que genera confusión es el monto total anunciado. Según explicó, la cifra incluye pagos correspondientes a distintos períodos. “Hoy aparece como una cifra muy grande, pero tenés una parte del año que ya finalizó y lo que corresponde a este primer pago del año”, detalló, y precisó que los fondos se distribuyen entre 1.062 asociaciones de todo el país sin distinción territorial.
La distribución es equitativa y no responde a criterios de riesgo, población o ubicación geográfica. “No es que este dinero esté destinado a cuarteles de la Patagonia, está destinado a todos los cuarteles del país, todos reciben la misma cantidad”, afirmó. Esa uniformidad, sin embargo, no contempla las particularidades de provincias con incendios forestales recurrentes.
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En Chubut, la situación se complejiza por la magnitud y la continuidad de los incendios. La participación sostenida de los cuarteles implica un costo operativo alto que no siempre se refleja en los ingresos. “Con esta ayuda que están prestando los cuarteles al combate del fuego, también tienen que hacer frente a una erogación importantísima”, advirtió Oliva, al referirse al desgaste de equipos y materiales.
El recambio de equipamiento representa uno de los mayores desafíos financieros. Vehículos, herramientas y protección personal sufren deterioro constante. “Año a año los cuarteles utilizan capital para recuperar material que se va rompiendo en diferentes situaciones”, explicó, y agregó que los montos necesarios suelen parecer elevados fuera de contexto. “Hoy una camioneta 0 km sale 60 millones de pesos”, ejemplificó al hablar de vehículos forestales que pueden superar ese valor.
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A eso se suma la indumentaria obligatoria para cada bombero. Trajes ignífugos, cascos, guantes y botas resultan imprescindibles para operar en incendios de interfaz. “Si no tienen el equipamiento no pueden participar”, remarcó Oliva, al explicar por qué no todos los cuarteles pueden ser convocados a determinados frentes de fuego.
En ese marco, el dirigente también desmintió lecturas que mezclaron el financiamiento a bomberos con otros envíos de dinero a la provincia. “Son dos situaciones distintas, el ATN lo gestiona la provincia y lo que corresponde a los cuarteles es el pago por ley”, afirmó, y cuestionó la presentación conjunta de cifras que no guardan relación entre sí.
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Mientras tanto, el escenario operativo sigue marcado por condiciones climáticas adversas. Altas temperaturas, sequedad extrema y vientos variables favorecen reactivaciones constantes. “Lo seco que está todo es terrible”, señaló Oliva, y recordó que incluso tareas habituales derivaron en focos de incendio por simples descuidos con herramientas.
El desgaste humano también ocupa un lugar central en la planificación. Muchos bomberos son cuentapropistas y dejan sus actividades durante días para combatir el fuego. “Hay gente que ha dejado de trabajar 10 o 12 días”, explicó, al justificar los relevos y repliegues preventivos para evitar el agotamiento del personal y garantizar disponibilidad en toda la provincia.
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En ese entramado, Oliva destacó el rol silencioso de las familias. “Sin la familia tampoco termina de funcionar un cuartel de bomberos”, afirmó, al agradecer el acompañamiento de quienes sostienen la ausencia prolongada y la incertidumbre diaria. Un componente indispensable para un sistema que, más allá de los números, se apoya en el compromiso constante.







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