
Lácteos Verónica frenó una planta y crecen las denuncias por presunto desvío de leche
Actualidad31/01/2026
Sergio Bustos
La crisis de Lácteos Verónica, una marca histórica de la lechería santafesina, sumó en los últimos días un capítulo que agravó el panorama puertas adentro. La planta que la firma tiene en Clason dejó de operar por completo y el clima entre los trabajadores se volvió de máxima preocupación. En el medio, aparecen denuncias de presunto vaciamiento y desvío de materia prima que, según los operarios, explican por qué la producción se quedó sin insumos.


El impacto golpea de lleno a unas 700 personas que dependen de la compañía, en un escenario donde la incertidumbre ya no se limita a lo industrial. Los empleados sostienen que la falta de actividad se combina con una deuda salarial acumulada que empuja a muchas familias a buscar ingresos como pueden. En los testimonios mencionados en la fuente, se repiten las referencias a changas y trabajos informales para sostener el día a día.
En ese marco, el delegado Marcelo Muzzio describió la situación en términos concretos y con fecha. “La planta de Clason está parada por completo desde el 10 de enero, y nos dejaron sin transporte”, declaró. La frase expone un problema operativo básico: sin logística ni insumos, la fábrica queda inmovilizada aunque tenga personal y estructura.
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Los operarios también apuntan a una cuestión que, para ellos, excede el contexto económico general. Según denunciaron, la empresa cuenta con tambos propios, pero la materia prima no llega a las plantas para sostener la elaboración. “Es increíble, pero la empresa tiene tambos propios y, en lugar de traer la leche aquí para producir, la están entregando en otras empresas lácteas. Nos dejaron sin materia prima y sin transporte de forma intencional”, añadió Muzzio.
Las acusaciones de los trabajadores apuntan a la familia Espiñeira, actual propietaria de Lácteos Verónica, y mencionan un posible “vaciamiento” de instalaciones. En el relato de los empleados, el conflicto se agrava porque no se trata solo de una caída de ventas o un ajuste de costos, sino de decisiones internas que habrían reducido deliberadamente la actividad. En paralelo, la falta de ingresos, según fuentes santafesinas citadas en el texto, empuja a los operarios a trabajos ocasionales como pintura o venta de productos caseros.
La tensión dentro de la empresa derivó en una intervención institucional en la provincia. El Ministerio de Desarrollo Productivo de Santa Fe convocó a los trabajadores para escuchar de primera mano lo que ocurre dentro de la firma. La reunión aparece como un intento de ordenar información en un contexto de reclamos, versiones cruzadas y plantas detenidas.
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En ese mismo escenario, los empleados insisten en que existieron interesados en hacerse cargo de la compañía para reactivarla. “Hay compradores interesados en Verónica y pedimos que la vendan, porque hay gente dispuesta a ponerla en marcha de nuevo”, afirmó Muzzio. Según los trabajadores, los dueños habrían rechazado ofertas para reactivar las tres plantas que integran la estructura productiva.
Mientras Clason permanece sin actividad, la parálisis también alcanza a las instalaciones de Suardi y Lehman. La situación, tal como se describe, no se limita a un problema puntual de una planta, sino que atraviesa el conjunto del esquema industrial. Con ese cuadro, la empresa queda con una capacidad operativa reducida y un nivel de incertidumbre alto sobre su continuidad.
Del lado de los propietarios, la respuesta pública llegó con un mensaje de rechazo a las denuncias. Alejandro Espiñeira, uno de los dueños de la firma, aseguró que “no hay vaciamiento” y que la compañía intenta sostener el empleo. “No hay vaciamiento. Estamos tratando de solucionarlo. Pedí una reunión al ministro de Producción de Santa Fe. Estamos buscando una solución para reactivar todo. Queremos sostener las fuentes de trabajo, trabajamos día y noche para encontrarle una salida”, sostuvo el empresario.
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Según la empresa, el deterioro productivo quedó reflejado en una caída fuerte del volumen de leche procesada. Lácteos Verónica indicó que pasó de producir 800 mil litros diarios a apenas 180 mil, lo que generó capacidad ociosa y complicó sus finanzas. En la misma explicación, la firma mencionó la venta de su inmueble central y decisiones internas “drásticas” como parte de un intento por sostener la operación y evitar el cierre.
El conflicto también se conecta con el Proceso Preventivo de Crisis (PPC) que la compañía abrió el año pasado, aunque sin lograr el aval para el plan que presentó. En julio de 2025, la firma expuso su situación ante la Secretaría de Trabajo nacional junto a delegados y el gremio ATILRA, con una propuesta que incluía despidos, suspensiones y pago parcial de salarios. Según el texto, el plan fue rechazado y la discusión quedó trabada.
En paralelo, el frente financiero se volvió uno de los puntos más pesados del cuadro general. De acuerdo con la plataforma de deudores del Banco Central (BCRA) citada en la fuente, Lácteos Verónica emitió 3.843 cheques sin fondos por un monto superior a $13.486 millones. En el último año, la empresa habría cubierto 830 de esos documentos, lo que equivale al 21,6%.
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El BCRA también detalla compromisos con entidades y firmas privadas, con menciones a bancos como Galicia y Macro, además de financieras como Catalinas, Trend Capital, Libertador Factoring e Intercapital Factoring, entre otras. A ese escenario se suma el reclamo de productores: cerca de 150 tamberos de Santa Fe se unieron para exigir pagos por mercadería entregada y no abonada. Según se estima en el texto, solo con ese grupo la deuda rondaría los 60 millones de dólares.
En medio de la crisis, la posibilidad de venta aparece mencionada, aunque sin definiciones concretas. En las últimas semanas, según la fuente, circuló el nombre de la francesa Savencia como una de las firmas que podría interesarse por la estructura productiva. Savencia opera en Argentina con marcas como Milkaut, Santa Rosa, Ilolay, Adler y Bavaria, y procesa un volumen del orden de 1.528.943 litros diarios, ubicándose tercera en el ranking nacional.
Por ahora, el conflicto sigue abierto y con múltiples frentes: plantas detenidas, reclamos salariales, denuncias internas y un cuadro financiero frágil. Los trabajadores piden una salida que permita reactivar la producción y sostener empleos, mientras los dueños aseguran que buscan reordenar la empresa. En Santa Fe, el tema ya ingresó en la agenda oficial y suma presión para que haya definiciones en el corto plazo.





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