
Cuba entrará en parálisis total en seis a ocho semanas si no logra suministros de petróleo
Actualidad31/01/2026
REDACCIÓN
Un análisis advierte que, sin nuevas entregas de crudo o derivados, el sistema energético puede frenarse. El diésel, que cubre el 20% de la demanda, aparece como el punto más sensible.
El sistema energético de Cuba podría entrar en una parálisis total en seis a ocho semanas si no logra asegurar nuevos suministros de petróleo o derivados. La advertencia figura en un cable fechado en Buenos Aires y difundido por Noticias Argentinas. El dato instala un plazo concreto y un riesgo inmediato: el margen de maniobra, según ese reporte, se achica día a día.
La proyección aparece después de sanciones anunciadas por Estados Unidos contra proveedores de crudo de la isla, una medida que, según el mismo informe, agrava una dependencia estructural. El cable sostiene que el país importa dos tercios de la energía que consume, y que el sostén histórico de la producción venezolana ya no alcanza para cubrir el bache. En ese escenario, cualquier interrupción de entregas se vuelve determinante para sostener servicios básicos.


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El especialista Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, describió un panorama difícil de medir con exactitud pero con señales claras de deterioro. Advirtió que el punto exacto de quiebre es “muy difícil de cuantificar”, aunque remarcó que el margen es mínimo. La frase no ofrece dramatismo gratuito: pone el foco en la incertidumbre operativa cuando se corta la cadena de abastecimiento.
En esa línea, Piñón fijó una condición concreta para evitar el escenario de colapso. “Si en las próximas 6 a 8 semanas no vemos ninguna entrega de petróleo crudo o combustibles -provenientes de Venezuela, México, Rusia, Estados Unidos, o comprado por Cuba con sus propios recursos-, entonces se enfrentarán a una grave crisis”, sostuvo. La lista de orígenes funciona como mapa de urgencias y también como síntesis de la fragilidad del esquema actual. El punto central es el mismo: sin barcos, no hay forma de sostener el sistema.
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El análisis pone una lupa específica sobre el diésel, al que ubica como el insumo más crítico del corto plazo. Según Piñón, representa el 20% de la demanda nacional y sostiene tareas que no se reemplazan con facilidad. No se trata solo de generar electricidad: se trata de mover mercadería, personas y producción. Por eso, cuando el diésel falta, el impacto no se concentra en un sector sino que se derrama sobre toda la vida cotidiana.
El especialista lo explicó con una enumeración que, en este caso, describe la estructura real del problema más que una lista decorativa. “El impacto sería catastrófico, ya que el diésel se utiliza para el transporte de pasajeros y de mercancías, el ferrocarril, la agricultura (tractores), la industria y como combustible para el sistema de distribución de agua, así como la generación distribuida”, afirmó. Esa “generación distribuida”, con grupos electrógenos en distintos puntos del territorio, aporta —siempre según el cable— cerca del 40% de la oferta del Sistema Eléctrico Nacional. Con ese esquema, la falta de combustible no solo recorta: puede dejar sin respaldo a lo que hoy sostiene el funcionamiento mínimo.
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El mismo reporte advierte que el deterioro ya se expresa en cortes prolongados de electricidad. Señala que en diversas regiones los apagones superan las 20 horas diarias, un dato que anticipa un empeoramiento si cae la disponibilidad de diésel y de crudo. La tensión, entonces, no es teórica ni futura: se monta sobre un presente de racionamiento y sobre infraestructura estresada. En ese contexto, cualquier pérdida adicional de oferta puede empujar el sistema a una situación de bloqueo.
El cable encuadra el problema como resultado de décadas de un modelo económico centralizado que no alcanzó la autosuficiencia energética. Menciona el fin de los subsidios soviéticos y, más cerca en el tiempo, la caída de envíos desde Venezuela, además de un aislamiento financiero y tecnológico que complica reposiciones y mantenimiento. En esa lectura, el gobierno de Miguel Díaz-Canel queda atado a un sistema que requiere importaciones constantes y a plantas termoeléctricas con más de 40 años. El problema no es solo conseguir combustible: también sostener un parque envejecido con poco margen de reparación.
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Los números finales del informe refuerzan el diagnóstico: la producción local cubriría 40.000 de los 110.000 barriles diarios necesarios, lo que deja una brecha estructural difícil de cerrar en el corto plazo. El texto compara el escenario posible con el Período Especial de los años 90, no como recurso retórico sino como advertencia de desabastecimiento generalizado. En el medio, el dato que ordena la urgencia vuelve a ser el mismo: el reloj de seis a ocho semanas y un insumo —el diésel— que sostiene desde el agua hasta el transporte. Si no aparece una vía de suministro, el sistema queda frente a un límite operativo que no perdona.
















