

El nene sufrió asfixia por inmersión en un río del departamento Santa María y fue trasladado para controles. El efectivo, recién egresado, se metió al agua y lo sacó consciente.


Un niño de 11 años sufrió un principio de asfixia por inmersión en un río de Despeñaderos, en el departamento Santa María, y debió ser asistido de urgencia en plena zona turística. El episodio ocurrió durante la tarde del viernes y activó un operativo inmediato de las fuerzas que custodian el lugar. Tras el rescate, el menor fue derivado para una evaluación médica completa.
El hecho se registró en el espejo de agua local, donde se encontraba el chico cuando empezó a mostrar dificultades severas para mantenerse a flote. En ese momento, un efectivo policial recientemente egresado y asignado al Operativo Verano advirtió la situación. La intervención no esperó refuerzos: el uniformado se metió al río para evitar que el cuadro se agravara.
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Según la información oficial citada por la Agencia Noticias Argentinas, el policía “ingresó al agua y realizó las maniobras necesarias para sacarlo”. El rescate terminó con el menor fuera del agua y ya en la orilla, todavía consciente, lo que permitió iniciar asistencia sin demoras. La escena obligó a cortar la rutina del lugar y concentrar la atención en la estabilización del chico.
Una vez en tierra firme, el menor recibió las primeras atenciones mientras se aguardaba la llegada del personal sanitario. La intervención se dio en un contexto habitual de verano, con presencia de fuerzas de seguridad en zonas de recreación y mayor circulación. En este caso, esa custodia resultó determinante para detectar el riesgo a tiempo.
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Minutos después llegó un servicio de emergencias al punto del incidente y, tras evaluar al niño, “dispuso el traslado del chico a un hospital local”. La decisión respondió a la necesidad de monitorear su estado y completar estudios clínicos. En cuadros de inmersión, los controles posteriores pueden ser decisivos para descartar complicaciones.
Fuentes oficiales indicaron que la derivación se realizó con un objetivo específico: “descartar complicaciones y controlar su estado de salud” luego del episodio. Ese paso apunta a prevenir efectos tardíos que pueden aparecer aun cuando la víctima se recupere en el lugar. Por eso, el traslado no se interpreta solo como una formalidad, sino como parte del protocolo sanitario.
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El caso volvió a poner en primer plano el tipo de riesgos que se repiten en ríos y espejos de agua durante la temporada alta. La rapidez con la que se pasa de un baño recreativo a una emergencia no siempre deja margen para que intervengan terceros sin entrenamiento. En esta situación, la presencia de un agente en funciones y la decisión de ingresar al agua resultaron clave para evitar un desenlace más grave.
El efectivo que intervino, según el reporte, es un policía recién egresado afectado al operativo de verano, un dispositivo que refuerza la seguridad en áreas turísticas. Ese rol, en general asociado al control y la prevención, terminó convertido en una respuesta de rescate. La situación dejó expuesta la importancia de la vigilancia en zonas donde el agua puede cambiar de profundidad o corriente sin aviso.
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Por el momento, la información oficial no agregó detalles sobre la evolución clínica posterior del niño, más allá del traslado preventivo. Lo que sí quedó establecido es la secuencia central: dificultades en el agua, rescate inmediato, atención inicial y derivación para controles. El episodio ocurrió en un punto turístico del interior cordobés y se resolvió en minutos, con intervención directa y sin demoras.

















