

En Comodoro Rivadavia, dos hombres fueron aprehendidos en calle Saavedra tras ser vistos pasando una mochila Ferrum por un paredón; la damnificada confirmó el faltante y daños en una ventana.


Una vivienda que atraviesa una sucesión suele pasar más tiempo cerrada, con movimientos esporádicos y menos rutinas que alerten rápido ante una intrusión. En calle Saavedra, ese tipo de escenario quedó en primer plano cuando una mujer pidió intervención tras recibir un aviso concreto: dos personas habrían ingresado a su domicilio. El dato, además de la preocupación, incluyó descripciones de los dos varones señalados.
La advertencia no llegó desde una intuición sino desde un mensaje previo, un “te avisaron” que suele encender la alarma vecinal en cuestión de minutos. Con esa información, la Policía se dirigió al lugar y encontró una escena que no dependió de interpretaciones finas. En el frente del domicilio, lo que se vio conectó la sospecha con un movimiento directo hacia el exterior.
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Según el reporte, en ese momento apareció un primer hombre junto al paredón y un segundo en un sector cercano. El gesto que terminó de ordenar la escena fue claro: uno pasaba por encima del paredón una mochila de baño y el otro la recibía desde un terreno baldío. Esa acción, en un domicilio señalado por ingreso reciente, marcó el punto donde el hecho dejó de ser un aviso y se volvió visible.
El elemento observado quedó detallado en el parte: “una mochila de baño marca Ferrum”. En robos domiciliarios, los objetos transportables suelen definirse en segundos, y el traslado hacia un terreno baldío sugiere una búsqueda de resguardo inmediato, fuera de la línea de visión del frente. El paredón, en ese contexto, funcionó como frontera física y como estrategia de salida.
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Con esa imagen, el personal policial avanzó sobre los dos hombres y concretó la detención en el lugar. El parte indica que “se procede a la inmediata aprehensión de ambos sujetos”, una definición que aparece asociada a la observación directa del traspaso. La situación quedó contenida antes de que el elemento se perdiera en el terreno contiguo.
En ese mismo momento llegó la mujer que había llamado, y su presencia ordenó el otro aspecto central del caso: la verificación de lo ocurrido dentro de la casa. La damnificada constató el faltante del elemento que se vio trasladar, lo que convirtió a la mochila en el eje material del episodio. Esa confirmación cerró el círculo entre aviso, observación y denuncia concreta.
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La propietaria también aportó un dato sobre el posible modo de ingreso, ligado a daños visibles. Indicó que los dos hombres presuntamente ingresaron mediante una ventana y que esa abertura presentaba daños, un detalle que remite a un acceso forzado más que a una puerta abierta o una distracción. En una vivienda en sucesión, esa fragilidad puede amplificarse por la falta de ocupación cotidiana.
El hecho se registró el domingo a las 14:50, en horario diurno, cuando la circulación y las miradas en la cuadra suelen ser mayores. Esa franja del día suele derribar la idea de que estos episodios se concentran solo de noche, y refuerza el valor del aviso temprano y la respuesta rápida. En este caso, el llamado de la damnificada activó una intervención que llegó con el episodio todavía en desarrollo.
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Los dos detenidos quedaron identificados en el informe policial con nombre y edad. Se trata de A.L., de 22 años, y J.D.R., de 24 años, ambos aprehendidos en el lugar luego de la observación del traspaso de la mochila. El episodio quedó asociado a una vivienda particular, un terreno baldío lindante y un ingreso señalado por ventana dañada.

















