Chubut exporta más que Buenos Aires por habitante y la meseta se sigue despoblando

Enfoques07/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Familias enteras abandonan la meseta. Foto ilustrativa generada con IA por #LA17
Familias enteras abandonan la meseta. Foto ilustrativa generada con IA por #LA17

La comparación que llevó a una charla escolar en Río Mayo dejó un dato incómodo: exportaciones por habitante muy por encima de Buenos Aires, pero una meseta que se achica y empuja migraciones internas.

En la meseta central del Chubut, las discusiones sobre futuro suelen chocar con una pregunta que vuelve una y otra vez: ¿por qué el territorio que ocupa tanto y aporta tanto termina quedando al margen? En el programa La voz de la meseta, el ingeniero industrial Alberto Laurita bajó números, trazó paralelos con Europa para dimensionar distancias y habló de una provincia partida entre la costa y el interior, con consecuencias que ya se sienten en servicios, empleo y arraigo.

La escena que activó el intercambio no ocurrió en un despacho ni en una mesa técnica, sino en aulas de Río Mayo, con estudiantes del último año y docentes que, según contó, le pidieron repetir la charla en distintos turnos. Laurita describió el encuentro como “interesante y enriquecedor” y marcó un punto de partida que considera básico para cualquiera que piense política pública: “dónde estamos, dónde vamos y en qué forma nos comparamos”. En esa lógica, planteó que mirar solo el centro del país distorsiona la lectura de la economía real.


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Su primer contraste apuntó al corazón del debate federal: la relación de Buenos Aires con las provincias que sostienen exportaciones. Laurita sostuvo que, si se mira la cifra total, Buenos Aires porta un volumen enorme, pero el dato cambia cuando se divide por habitantes. “Buenos Aires queda muy lejos”, afirmó, y detalló: “Es unos 1500 dólares por habitantes por año”, mientras en Chubut ubicó el indicador en “5000, 5500 dólares por habitante y por año”. Para Laurita, esa cuenta revela una asimetría que no suele entrar en la conversación pública cuando se habla de aportes y retornos.

En la misma línea, sumó otro número que puso a la provincia en escala: “Chubut ha llegado a exportar 2200 millones de dólares por año”. Y llevó el análisis a un período corto para reforzar la idea de potencia concentrada: “Chubut exportó unos 1700 millones de dólares” en el primer semestre, según explicó, al hablar de ingresos por exportaciones. Incluso desagregó rubros y mencionó el peso de hidrocarburos e industria frente al aporte de la pesca, dentro de un esquema de ingresos que, remarcó, no se entiende sin mirar el mapa productivo completo.


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Pero el eje de la charla giró rápido hacia adentro, al espejo que Chubut se pone frente a sí mismo cuando compara costa y meseta. Laurita sostuvo que la provincia reproduce, en escala, el mismo desequilibrio que critica a nivel nacional: “El Chubut con Buenos Aires es la misma que existe entre la meseta y la costa”. Mencionó departamentos costeros como focos de población y servicios, y contrastó con localidades de la meseta que quedan con números mínimos. La frase no buscó dramatismo: buscó mostrar el modo en que la demografía empuja decisiones económicas y también las restringe.

En ese punto, Laurita eligió una comparación territorial para que el tamaño deje de ser abstracto y se vuelva imagen. Dijo que Gastre y Telsen suman unos 30.000 km² y lo equiparó con un país europeo: “es lo mismo superficie que Bélgica”. Luego abrió la línea de tiempo: “En 1947 había unos 6000 habitantes y ahora hay este poquito menos que la mitad”, mientras el total provincial pasó de 92.000 a 600.000, con un crecimiento del “550%”. En su lectura, la meseta no solo no acompañó ese aumento: quedó en sentido contrario.


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La caída del arraigo también la vinculó con la retracción del esquema rural tradicional. Laurita afirmó que la reducción de majadas llegó a un nivel crítico: “se redujeron en un 73%”, con un salto desde “730 000 a 200 000 cabezas” en el agregado de Gastre y Telsen, según relató. A ese escenario le sumó factores que describió como parte del deterioro cotidiano del campo, desde predadores hasta pérdida de oportunidades laborales, y lo conectó con un concepto que tomó del debate ambiental: “se llaman migrantes ambientales”. Para Laurita, esa etiqueta resume una expulsión silenciosa dentro de la propia provincia.

El corrimiento hacia la costa, advirtió, también tensiona lo urbano, aun cuando parezca una salida individual. En Puerto Madryn, Laurita mencionó problemas estructurales que la ciudad siente desde hace tiempo: “ya sufrimos de la calidad de los servicios, cloacas, agua y energía”. En su explicación, los déficits se agravan si la población crece sin inversiones que acompañen, y esa presión termina volviendo a empujar desigualdad. El tema apareció como un paréntesis en la entrevista, pero quedó integrado al mismo mapa: la provincia concentra gente donde ya faltan respuestas.

Cuando la conversación entró en el debate minero, Laurita no se movió por consignas sino por comparación regional y oportunidad económica. Dijo que el cobre se vuelve un insumo central por la demanda de movilidad eléctrica y energía, y consideró positivo que el país mire ese recurso. “Chile vive hace décadas del cobre”, señaló, y describió diferencias institucionales del vecino: “la minería ahí es un ministerio” y “la Cámara de Industriales Mineros tiene 130 años”. Para Laurita, mirar al costado sirve para discutir políticas concretas, no para copiar recetas sin contexto.


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En la misma línea, llevó el foco a la provincia y a lo que, según él, quedó fuera de la discusión pública local. Laurita afirmó: “en esa famosa ley que salió en la 5001, de la cual tuve la oportunidad de participar”, se incorporó una herramienta que casi no se menciona. Y detalló: “observatorios que tenían un pequeño ingreso propio venido de la minería”, integrados por universidades, organismos científicos y organizaciones que quisieran participar, con un objetivo explícito: “hacer el control del medio ambiental, el respeto a las normas y las mediciones propias”. En su mirada, parte del rechazo social se alimenta de desconocimiento y de una historia de información incompleta.

El cierre de la entrevista volvió al tono humano y al punto de partida del programa, que habla para el interior con voz propia. Laurita pidió que el mensaje no se lea como arenga ni como religión, sino como una actitud colectiva: “encarar el proyecto de vida con mucha pasión, con entusiasmo” y sumar un esfuerzo por el otro. También marcó una idea que atraviesa toda la charla, desde exportaciones hasta servicios: “no puede ser que estemos tan distintos y no muy distantes”. En su lectura, la distancia real no la ponen los kilómetros, sino la decisión de mirar o no mirar a la meseta.

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