Una historia familiar: ahora el asfalto en la Ruta 40 abre el horizonte en Los Tamariscos

Enfoques05/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Firma del acuerdo por obra de asfalto Los Tamarindos
Firma del acuerdo por obra de asfalto Los Tamarindos

La decisión del Ejecutivo provincial habilitó el inicio de trabajos en un tramo que quedó años sin mantenimiento claro. En Los Tamariscos, un paraje con dos habitantes, la obra impacta en urgencias, abastecimiento y tránsito.

El inicio formal de la obra para reparar y asfaltar la Ruta 40 quedó firmado con la empresa Rigel y se apoyó en una definición política del gobierno provincial para intervenir un tramo que, según quienes viven en la zona, quedó a la deriva durante años. En #MODO17 por #LA17, Liliana Prieto, una de las dos habitantes de Los Tamariscos, contó que la situación se trabó cuando en 2007 cambiaron las trazas y el mantenimiento se volvió una zona gris. "Desde esa fecha hasta ahora era como que nadie la mantenía", dijo, y detalló el núcleo del problema: "no era ni de vialidad provincial y vialidad nacional tampoco la mantenía".

La gestión provincial presentó esa firma como un punto de partida para cerrar un ciclo de indefiniciones, con un convenio político que involucró intendencias de la región y planteó una salida administrativa. Prieto explicó lo que escuchó en el acto con el gobernador: "hizo un convenio junto con todos los intendentes de la comarca y de Sarmiento, Comodoro". Desde esa mesa, la Provincia buscó habilitar la intervención con una compensación de deudas: "para solicitar que pase, que pueda provincia arreglarla sacándole lo que se le debe a Nación", describió, con una frase que ubica la obra como decisión de gestión y no como un simple anuncio.


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En la práctica, el gobierno provincial eligió poner el cuerpo en un tramo que para muchos turistas aparece como ícono, pero para los vecinos funciona como ruta de supervivencia. Prieto marcó que la obra prometida no se reduce a tapar baches, porque el deterioro ya superó ese nivel. "Tienen que primero repararla y después asfaltarla porque está muy deteriorada", señaló, y vinculó ese diagnóstico con un cambio de enfoque que espera del Estado. Sin sobreactuación, lo resumió con una fórmula que en el interior suele traducir años de frustración: "siempre fue parche. Y el parche no sirve".

Los números que circulan en el lugar muestran por qué la decisión de la Provincia se mira con atención, incluso fuera del paraje. Prieto ubicó la escala del tramo pendiente: "la ruta 40 que tenían que asfaltar en ese tiempo era 200 kilómetros del cruce hasta Río Mayo". También bajó el dato al mapa cotidiano: "de acá a Facundo son 57 kilómetros más o menos", y agregó un tramo que muchos usan para conexiones y trámites: "de acá a Río Mayo yo tengo 110 kilómetros, que igual están rotos". En esa geografía extensa, la obra del gobierno se vuelve relevante porque ordena un corredor que impacta en el tránsito regional, no solo en un punto aislado.


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El gobernador viajó para el inicio de obra y, para Prieto, esa presencia tuvo un significado concreto: dejó de ser promesa y pasó a tener firma y empresa. "Vino el gobernador para hacer el inicio de obra, firmaron el inicio de obra con la empresa Rijel", relató. En el mismo intercambio, precisó el plazo que escuchó en el acto: "18 meses". Incluso sumó una expectativa que circuló entre los presentes: "el señor de la empresa Rigel dijo que posiblemente la terminen antes del plazo acordado", una posibilidad que en la zona se toma con cautela, pero que marca el clima de ese día.

El estado actual del camino explica por qué el anuncio del gobierno provincial se mide por la ejecución y no por el discurso. Prieto describió un escenario que se repite cuando llueve y se habilitan desvíos: "en el desvío no podés entrar porque te quedás encajado". Y completó la alternativa que, en teoría, debería ser la principal: "por arriba no podés ir porque rompes el auto". En ese punto, la obra no promete comodidad: promete transitabilidad, un mínimo que, en el interior profundo, define si un viaje se puede hacer o no.


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En Los Tamariscos, esa condición toca primero a las urgencias y después al turismo, aunque la Ruta 40 cargue un nombre potente como marca país. Prieto habló del problema cuando alguien necesita asistencia médica y la ruta deja de ser ruta: "si tenés que ir a Sarmiento por una urgencia en la ambulancia", explicó, la elección termina en una paradoja. "Es preferible ir por el ripio de la ex 40 que no por acá", dijo, y en esa comparación se entiende por qué la intervención del gobierno provincial se vuelve un asunto de salud pública, incluso sin hospitales cerca.

El turismo aparece en la charla, pero no como postal: aparece como costo reputacional para una ruta que se vende como experiencia y se vive como desgaste. Prieto lo planteó con una frase que no necesita adornos: "promocionamos la Ruta 40 porque el ícono", pero el estado actual empuja a una reacción previsible. "El turista va a decir, vengo una vez y no vengo nunca más", afirmó, y ese diagnóstico conecta con el objetivo político de la obra: si el gobierno provincial busca activar economías regionales, primero necesita un camino que no expulse al viajero.


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La singularidad de Los Tamariscos potencia el impacto de cualquier decisión estatal: no hay margen para que el tramo “funcione más o menos” porque alrededor casi no existe infraestructura. Prieto lo describió desde la supervivencia de servicios: "en Tamariscos siempre fuimos dos", dijo, y detalló la soledad del corredor: "vos de Sarmiento a Gobernador Costa, lo único que hay es Tamarisco". En ese vacío, el parador familiar no es un detalle pintoresco, sino una pieza de red territorial para camioneros, transportistas y viajeros que necesitan parar, comer o pedir ayuda.

La historia del lugar explica también por qué la obra del gobierno provincial se vive como algo que llega tarde, pero llega a un punto que nunca se apagó del todo. Prieto contó que el parador nació como comercio de sus abuelos: "en el año 38 hicieron este local, está original como cuando ellos lo hicieron". Luego pasó a su madre: "en el año 67 lo dieron a mi mamá como herencia", y esa continuidad se sostuvo hasta 2013. Desde entonces, sigue con su hijo: "de ahí sigo yo con mi hijo Maxi", una línea familiar que mantuvo un servicio activo en una ruta que, por años, nadie asumió de forma plena.


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En esa misma lógica, la conectividad no se esperó del Estado: se armó con acuerdos locales para cubrir emergencias básicas, una decisión comunitaria que muestra qué pasa cuando la gestión pública no llega a tiempo. Prieto recordó el paso que dieron en 2017: "hablamos con la empresa de Aira de Sarmiento y pusimos el Wi-Fi punto a punto". El objetivo no fue entretenimiento, sino comunicación mínima: "para que todas las personas que pasan tengan por lo menos un SOS", explicó, pensando en autos rotos, familias incomunicadas y la necesidad de llamar a un seguro o pedir auxilio en medio del campo.

El clima suma otra capa que la gestión provincial necesita administrar si busca cumplir plazos y calidad de obra, porque en la zona no se trabaja igual en verano que con humedad y heladas. Prieto explicó la condición técnica con lenguaje llano: "no tiene que haber humedad abajo porque si no, el material no pega". A eso le agregó un dato que vuelve más compleja la logística estatal: el material llega desde lejos, con recorridos largos, y el tiempo juega en contra cuando baja la temperatura. En esa combinación de distancia, clima y deterioro, la decisión del gobierno provincial se pone a prueba en cada kilómetro que consiga recuperar, sin que el camino vuelva a quedar en “tierra de nadie”.

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