No se compara a "la criptomoneda con la magia ni con apostar ni nada que se le parezca"

Enfoques03/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Diego Torres emprendedor en finanzas
Diego Torres emprendedor en finanzas

En #MODO17, el columnista de Finanzas Digitales explicó por qué estas historias no son “magia” ni fórmula, y qué cambia cuando se sale del exchange a la selva DeFi.

El gancho es irresistible: una persona pone unos pocos dólares y termina con una ganancia que parece de película. En #MODO17, por #LA17, el columnista de Finanzas Digitales Diego Torres tomó ese tipo de relatos y corrió el foco hacia lo que casi nunca se discute cuando una nota se viraliza. No se quedó con el brillo del titular: se metió en el mecanismo, en el riesgo real y en la lectura que deja para cualquiera que mira el mercado desde afuera.

Torres partió de una idea que se repite cuando se habla de cripto como si fuera un casino. No se compara a "la criptomoneda ni con la magia ni con apostar ni nada que se le parezca", dijo, y lo vinculó con lo que llamó “pensamiento mágico”, esa necesidad de creer que hay atajos o fórmulas secretas. En ese marco ubicó el disparador del día: un artículo publicado por Ámbito sobre un inversor que habría multiplicado una suma chica con una operación riesgosa.


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El punto, para él, no era discutir el morbo de si la historia era cierta o no, sino entender qué representa como fenómeno. "Independientemente de si es verdad o no, que la verdad es irrelevante", planteó, porque el mercado ya mostró muchas veces que esos saltos existen. Su mirada apuntó a lo que suele quedar tapado detrás del “mirá lo que ganó”: qué condiciones hacen posible ese resultado y, sobre todo, qué probabilidades reales tiene de repetirse.

Para ordenar la charla, Torres diferenció primero los espacios donde se compra y vende cripto. Explicó que existen exchanges con listados “curados”, como Binance o Coinbase, y describió esa curaduría como un filtro de entrada para proyectos con volumen y respaldo, aunque sin prometer garantías absolutas. En su ejemplo, recordó que "BNB es la moneda nativa de la red de Binance", y comparó con otras redes y monedas conocidas para que el oyente ubique el mapa sin tecnicismos innecesarios.


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Aun así, puso una advertencia que no busca asustar sino bajar expectativas: ni siquiera esos entornos “más serios” eliminan los proyectos flojos o puramente especulativos. Mencionó el fenómeno de memecoins asociadas a Donald Trump y lo enlazó con una idea simple: si existe ese activo, existe público para ese riesgo. La conclusión fue llana y sin moralina: "acá nadie te pone una pistola en la en la en la cabeza, ¿no? Entonces, el que quiere poner invierte y a su propio riesgo".

El segundo paso de su explicación fue describir el salto más delicado: salir del exchange y entrar en finanzas descentralizadas. Ese mundo, dijo, funciona como una selva donde conviven proyectos sólidos, experimentos y estafas abiertas, todo junto y sin un “control central” que ordene. Para sintetizarlo, lo comparó con la lógica del software abierto: "Es como hablar de un código software open source, o sea, cualquiera puede crear", y por eso mismo aparecen mercados donde la filtración depende casi por completo del conocimiento y la prudencia de quien entra.


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En ese terreno, Torres destacó un detalle que suele perderse en el ruido de las redes: la trazabilidad. Su argumento no fue “confiá”, sino “mirá los datos”, y lo expresó con una frase contundente: "Ahí no hay eh posverdad. Ahí lo que está lo ves y lo que no está no lo ves". Reconoció que interpretar esa información requiere aprendizaje, pero también subrayó que no se trata de un lenguaje imposible para cualquiera que se lo tome en serio.

Con esa base, el columnista aterrizó en el corazón de la discusión: la relación entre riesgo y rendimiento. Dijo que en finanzas esa relación no se negocia, y lo formuló sin vueltas: "no hay almuerzos gratis". Si alguien encuentra un rendimiento enorme con riesgo bajo, ese “agujero” se cierra rápido, porque otros lo detectan antes, o porque la oportunidad dura apenas un instante.


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Para explicar por qué el caso viral suena a lotería, usó una imagen cotidiana que cualquiera entiende. Imaginó la escena de un billete tirado en la vereda y se preguntó cuánto puede durar una “inversión” así antes de que alguien la agarre. Su remate fue crudo y honesto: "Esto puede pasar, pero y ahí sí te vas a lo que vos dijiste al comienzo, es como una lotería", y enseguida lo tradujo con otra comparación pop: "te tiene que tocar el ticket de Willy Wonka".

La charla también tocó un clima general que rodea al universo cripto: extremos emocionales y volatilidad. Torres señaló que, a diferencia de otras transformaciones tecnológicas, cripto tiene un precio que cualquiera mira en el celular y eso multiplica reacciones, euforia y pánico en cuestión de minutos. En esa misma línea, marcó una idea que enlaza lo cotidiano con lo global, sin presentarlo como promesa: "No es el futuro. Es el presente", dijo al hablar de pagos y usos concretos que aparecen incluso en ámbitos impensados.


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La conversación se corrió hacia algo bien local: la carrera del fin de semana y la experiencia de uso real con gente que no vive en el ecosistema cripto. Torres contó que participaron más de 260 corredores, que a unos 50 pudo ayudarlos a crear una billetera y que algunos compraron en la expo con cripto, aunque no fueron muchos. Ese dato, más chico que cualquier “caso millonario”, dejó una señal más útil: la tecnología se vuelve tangible cuando alguien logra usarla sin épica, con dudas, con errores y con aprendizaje en vivo.

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