
Un inventor argentino sale a la ruta con basura como combustible y busca compañero de viaje
Otros Temas11/02/2026
REDACCIÓN
No es un viaje turístico ni una aventura improvisada. Es una gira técnica, casi militante, con una consigna clara pintada en la carrocería: “Este auto funciona con basura”. Desde Anisacate, en Córdoba, Edmundo Ramos prepara su primer cruce internacional con un vehículo que convirtió residuos en combustible y que ahora quiere exhibir en Brasil.
El 1° de marzo piensa salir rumbo al sur brasileño. El itinerario incluye 15 ciudades y entre 45 y 60 días en la ruta. La meta es llegar a Brasilia con suficiente repercusión como para abrir puertas en radios, universidades y medios de comunicación. “No es un viaje de playa, sol y mar: es un trabajo de difusión”, aclara.
Ramos no quiere hacerlo solo. Lanzó una convocatoria en redes para encontrar un copiloto que cumpla requisitos concretos: licencia vigente, experiencia en ruta y disponibilidad real durante casi dos meses. “Podría viajar solo, pero es durísimo”, reconoce. Y agrega: “Ojalá a través de esta nota alguien se contacte”.


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El vehículo que lo acompañará es una Ford Ranchera modelo ‘83 adaptada para funcionar con lo que él llama “gasura”, una mezcla conceptual entre gas y basura. El sistema transforma residuos secos en energía mediante combustión controlada y aprovechamiento del humo. La camioneta también puede usar nafta o GNC, pero el objetivo del viaje es demostrar que los residuos alcanzan.
Antes de pensar en Brasil, Ramos recorrió la Ruta 40 sin cargar un solo litro de combustible tradicional. “Fue como tirarme a la pileta sin saber si había agua”, recuerda. En cada ciudad golpeaba puertas para preguntar qué residuos generaban y si podían entregárselos secos. “Probé con de todo: pan duro, pastas, cáscara de maní, pedazos de alfombra...”, enumera.
Con el tiempo identificó el insumo más eficiente: la carbonilla, un residuo que producen las carboneras. En Brasil ya hizo un recorrido previo, sin el auto, para asegurarse provisión. “Imaginate: un argentino en Brasil, con un portugués rudimentario, hablando de un auto que anda con basura… y sin el auto”, relata entre risas. Hoy tiene contactos en cada parada dispuestos a entregarle carbonilla sin costo.
El plan está organizado con precisión. Ramos calcula un día de manejo entre ciudades y dos días de parada para mantenimiento, limpieza y carga. En la caja del vehículo llevará tres tambores de 200 litros con residuos como reserva. Con el gasificador lleno y el almacenamiento completo, puede alcanzar cerca de 1.000 kilómetros de autonomía.
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Su objetivo no es solo recorrer, sino generar réplicas. Ofrece manuales gratuitos y asesoramiento para quienes quieran copiar el sistema. “La idea es que quien quiera replicarlo me contacte y yo lo asesoro gratis”, asegura. En otras provincias argentinas y en países de América Latina ya hubo interesados.
En Goiânia lo espera Cirilo, un productor de carbón que aceptó un acuerdo de intercambio: carbonilla a cambio de visibilidad en el auto y en redes sociales. “Un kilo de carbonilla produce la misma potencia en un auto que un litro de nafta o de gasolina”, explica Ramos, convencido de que ese residuo puede adquirir valor económico si el proyecto se expande.
La convocatoria para copiloto tuvo respuesta inicial. Unas 50 personas se mostraron interesadas, pero el entusiasmo se diluyó. Algunos creían que sería un viaje recreativo; otros pensaron que todos los gastos estarían cubiertos. Ramos ahora evalúa hacer entrevistas por Zoom para conocer mejor a los candidatos y medir la convivencia. “Hay muchos tipos de personalidades”, advierte.
Si no aparece acompañante, igual saldrá el 1° de marzo. Eligió marzo y abril porque es la temporada seca en Brasil. Los residuos mojados no sirven para su sistema. Mientras ajusta frenos, bujías y tren delantero, toma dimensión de lo que viene: será la primera vez que su auto cruce una frontera.
Más allá del experimento mecánico, Ramos insiste en el mensaje ambiental. “Tenemos que irnos de este mundo dejando una huella, para que la humanidad no termine dejando una huella de basura”, afirma. En esa frase resume el sentido del viaje: visibilidad, intercambio y la esperanza de que alguien más encienda su propio motor a residuos.














