Oficios: El trabajo que falta en Argentina no está en la universidad

Actualidad12/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
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Mientras miles de jóvenes eligen carreras tradicionales, empresas y sectores productivos no consiguen técnicos ni oficios básicos. Un especialista explicó por qué crece esa brecha.

En la Argentina del presente, la dificultad para conseguir empleo convive con otro fenómeno menos visible pero igual de determinante: hay trabajos que directamente no encuentran gente. No se trata solo de puestos altamente especializados, sino también de oficios esenciales que sostienen la vida cotidiana y la producción.

La advertencia surgió en una charla reciente del especialista en mercado laboral Matías Ghidini, quien describió una desconexión cada vez más marcada entre lo que se estudia y lo que realmente se necesita. Para él, el problema atraviesa todos los niveles de formación y expone una falla estructural.

“En Argentina faltan conocimientos y experiencias técnicas”, sostuvo, y remarcó que la carencia no se limita a ingenierías complejas. También abarca oficios tradicionales, perfiles operativos y formaciones intermedias que hoy resultan difíciles de cubrir.


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El contraste se ve con claridad en sectores donde la demanda crece pero la oferta humana se achica. En la construcción, por ejemplo, desarrolladores inmobiliarios advierten que conseguir un buen plomero o electricista se volvió una odisea. “Nadie quiere ser plomero, nadie quiere ser electricista”, resumió Beltrán Briones durante el mismo programa.
La escena se repite en distintos rubros: profesionales saturados en ciertas áreas y escasez crítica en otras. Ghidini explicó que Argentina mantiene una tendencia cultural que empuja a los jóvenes hacia carreras sociales, mientras las técnicas quedan relegadas.

Según datos citados por el especialista, las inscripciones universitarias se concentran en medicina, psicología y derecho. “Somos un país donde las carreras sociales predominan”, afirmó, y señaló que el viejo ideal del título tradicional todavía pesa en muchas decisiones familiares.

En paralelo, el mercado laboral muestra otro mapa. El sector tecnológico, por ejemplo, arrastra vacantes sin cubrir. “Hoy quedan diez mil puestos sin cubrir en tecnología por falta de gente”, indicó Ghidini, al describir un escenario donde la formación no acompaña el ritmo de la demanda.

La brecha también aparece cuando se comparan ingresos y proyecciones. El especialista puso un ejemplo concreto: “Un profesional graduado, contador con inglés, puede estar ganando dos millones de pesos al mes”, mientras otros puestos operativos pueden superar esa cifra en el corto plazo.

Sin embargo, aclaró que la diferencia central no siempre está en el salario inicial, sino en el recorrido posible. Algunas profesiones universitarias ofrecen crecimiento a largo plazo, mientras ciertos empleos se estancan con el tiempo.
Otro factor decisivo es la lógica básica de oferta y demanda. Ghidini recordó que oficios escasos terminan siendo más caros porque hay pocos disponibles. Incluso mencionó la percepción extendida de que una reparación doméstica puede costar más que una consulta médica.


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“Hay varias cosas, una es oferta y demanda”, explicó, y sumó que también entra en juego la vocación y la falta de información temprana sobre oportunidades reales.
El punto más delicado, para el especialista, es la ausencia de planificación estratégica. “Argentina carece de un planeamiento estratégico de sus recursos humanos”, lamentó, al plantear que el país no define con claridad qué perfiles necesita para sostener su modelo productivo.

Como ejemplo citó el caso de Vaca Muerta: se estimó que se requieren cientos de ingenieros especializados, pero se gradúan menos de cincuenta por año. Esa distancia entre necesidad y formación deja al descubierto una falla profunda.
Frente a este panorama, Ghidini valoró el rol de las escuelas técnicas como salida concreta. “Las escuelas técnicas siguen siendo una buena salida”, sostuvo, en un contexto donde una formación práctica puede garantizar empleo estable y rápido.

El desafío, entonces, no pasa solo por elegir estudiar, sino por entender qué tipo de país se está construyendo y qué trabajos sostienen su funcionamiento real. Mientras la universidad sigue siendo un camino central, los oficios y las carreras técnicas aparecen como una pieza que falta para completar la cadena.

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