

El especialista Víctor Fratto alertó en #LA17 que dar comida a zorros, aves o carpinchos genera sobrepoblación, riesgo sanitario y accidentes.


Las imágenes de turistas o vecinos dando de comer a animales silvestres vuelven cada temporada y, aunque muchas veces se presentan como gestos de empatía, especialistas insisten en que se trata de una práctica peligrosa. En diálogo con #LA17, el licenciado en gestión ambiental Víctor Fratto fue categórico al advertir que la intervención humana altera el comportamiento natural de la fauna y puede derivar en enfermedades, ataques e incluso muertes.
El especialista explicó que muchas personas asocian el acto de alimentar con una acción solidaria, pero que en realidad se trata de una “empatía mal entendida”. “Nuestra comida los mata”, resumió al aire, al referirse a zorros, aves y otras especies que terminan consumiendo alimentos procesados, harinas o restos de comida urbana.
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En el caso de las aves marinas, Fratto señaló que resulta común que visitantes intenten ofrecer galletitas o bizcochos en sitios como Punta Tombo. Sin embargo, aclaró que especies como los pingüinos no consumen ese tipo de alimentos y que quienes sí lo hacen, como zorros o peludos, pueden sufrir consecuencias graves. El problema no es solo nutricional, sino también conductual.
El fenómeno también se replica en espacios urbanos, como plazas y costaneras, donde se alimenta a palomas y gorriones. Según explicó el especialista en #LA17, se trata de especies introducidas que además generan conflictos sanitarios y daños en edificios. Detrás de la imagen tierna, advirtió, existe transmisión de enfermedades y deterioro del patrimonio.
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Uno de los casos más visibles en la región es el de los zorros que merodean zonas de food trucks y sectores costeros. Fratto sostuvo que la permanencia de estos animales responde directamente a la provisión constante de comida por parte de personas que buscan fotografiarse o interactuar. El riesgo es doble: para el animal y para la gente.
“El zorro donde ve la mano vacía, la forma de reclamar marca que tiene es tirando mordisco”, explicó en la entrevista radial. El especialista alertó que los ataques a niños o a mascotas no son excepcionales cuando los animales pierden el temor natural al ser humano. En esos casos, subrayó, la responsabilidad no es del animal sino de la conducta humana.
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Fratto también describió efectos fisiológicos derivados de la alimentación inadecuada. La fauna silvestre que consume comida procesada puede desarrollar obesidad, diabetes y otras patologías que reducen su expectativa de vida. En muchos casos, dijo, los animales mueren enfermos como consecuencia directa de estos hábitos inducidos.
La problemática de la sobrepoblación de carpinchos en barrios del área metropolitana de Buenos Aires fue citada como ejemplo de desequilibrio. El especialista recordó en #LA17 que en ambientes naturales puede haber siete carpinchos por kilómetro cuadrado, mientras que en sectores urbanizados la cifra asciende a más de cincuenta. Sin predadores ni sequías que regulen la población, el colapso sanitario resulta probable.
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Según Fratto, la ausencia de control natural, sumada a la intervención humana, genera escenarios que luego derivan en conflictos mayores. Las enfermedades masivas en fauna sobrepoblada ya ocurrieron en otros países y forman parte de la dinámica ecológica cuando no hay manejo adecuado.
En ese contexto, el mensaje del especialista fue claro: no alimentar animales silvestres, ya sea en áreas protegidas o en espacios urbanos. “El animal es animal, busca comida”, señaló en la radio, y recordó que no distingue entre lo saludable y lo perjudicial














