
Adelson Carneiro Rodrigues, está desarrollando la Expedición Extremo Sur en kayak desde Uruguay hasta Ushuaia
Enfoques16/02/2026
REDACCIÓNAdelson Carneiro Rodrigues quedó varado en Rawson por el viento y cuenta cómo planifica la Expedición Extremo Sur: 24.000 km, solo y con apoyo satelital.

En Rawson, con el kayak quieto por la meteorología, Adelson Carneiro Rodrigues hace algo que para él también forma parte del viaje: esperar. No lo vive como pausa romántica ni como un paréntesis turístico, sino como una decisión táctica que define el día a día de su travesía. “Lo estoy parado por el viento”, explicó en #MODO17 por #LA17, mientras monitorea el pronóstico y calcula cuándo podrá volver al mar.
La expedición se llama Extremo Sur y, según relató, no se trata de una travesía corta ni de una meta cerrada desde el primer día. Adelson describió un plan que se fue armando a medida que remó y acumuló kilómetros, con un recorrido que proyecta por años. “Son como 12.000 km y después subo todo el Pacífico hasta Panamá y Guyana Francesa donde empecé la travesía, en total son 24.000 km, o sea, más 4 años”, afirmó, y dejó en claro que el mapa final todavía se ajusta según las condiciones y el avance real.


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En esa proyección, Ushuaia aparece como un punto decisivo, pero no como cierre. Adelson contó que al principio pensó el viaje con un tramo más acotado, desde el sur de Brasil hacia el extremo austral, y que luego incorporó el regreso por el Pacífico. “Cuando bajé al sur de Brasil me coordiné para hacerlo hasta Ushuaia”, dijo, y enseguida agregó que la idea se expandió con el tiempo: “Es una programación que va a lo largo del tiempo”.

La conversación con #LA17 también puso sobre la mesa un tema que suele rodear a este tipo de aventuras: el récord. Adelson explicó que el Guinness implica costos que él no está dispuesto a pagar, aunque no niega el valor deportivo del recorrido. “Récord Guinness, tiene que pagar 1000 dólares, eso yo no voy a hacerlo personalmente”, señaló, y deslizó que el sentido del viaje no pasa por el sello, sino por la experiencia y el registro propio.
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El relato se sostuvo, sobre todo, en dos pilares: la soledad como método y la seguridad como condición. Adelson remarca que navega sin equipo acompañante, pero con seguimiento permanente y respaldo institucional. “Yo lo hago todo solo, pero lo tengo apoyo de la Prefectura Naval Argentina y también de la Armada Argentina”, explicó, y detalló que lo siguen “en tiempo real por una aplicación, por satélite”. Además, mencionó a un amigo en Brasil que colabora con la lectura de pronósticos: “Solo salgo al mar con buenas condiciones, siempre”.
La logística del kayak también apareció como una parte concreta del esfuerzo cotidiano, lejos de cualquier estética épica. Adelson dijo que carga cerca de 50 kilos entre abrigo, bolsa de dormir, comida y agua, además de materiales para filmación. “Lo llevo casi 50 kg de material, ropa térmica, comida, agua”, enumeró, y remató con una frase que lo define: “No se necesita más”, como si la austeridad fuera un entrenamiento adicional.
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En su forma de narrar, la Patagonia ocupa un lugar especial, no solo por el viento sino por lo que ve desde el mar. Adelson contó que en la costa chubutense registró imágenes y paisajes que no se obtienen desde tierra firme, y mencionó en particular la zona de Península Valdés. “La región de península Valdés, Puerto Pirámides, con los lobos marinos, las aves marinas, es un paisaje increíble”, dijo, aunque aclaró que muchas fotos las toma cuando llega a la costa: “Lo hago cuando llego en tierra, ahí queda mejor”.

El tramo que describió como uno de los momentos más exigentes fue una navegación extensa, de madrugada, con cansancio acumulado y condiciones difíciles. “Remé 112 km en 22 horas sin salir de kayak”, relató, y ubicó la escena en una noche con viento fuerte. En ese punto, la presión no pasa por la fuerza física, sino por sostener la cabeza fría: “Tiene que tener una capacidad psicológica muy fuerte”, sostuvo, y recordó que terminó varado con marea baja en barro: “Quedé con la marea baja en el barro”.
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Ese perfil psicológico también aparece cuando explica qué busca en una travesía así, y por qué elige dormir en carpa antes que en un hotel. Adelson lo dijo con crudeza, sin pulir el tono: “Me encanta quedar al aire libre dormindo, junto con los lobos con aquel olor muy fuerte”. Y completó con una definición personal: “Me gusta de los obstáculos de la vida”, una idea que asoma como brújula para entender el viaje más allá del deporte.
En Rawson, mientras espera una ventana de clima, Adelson también empieza a pensar en el libro que planea publicar cuando llegue al sur. Dijo que busca una editorial y que quiere lanzarlo en español, por el recorrido que encara por países hispanohablantes. “Quiero hacer un libro en español, estoy buscando editorial”, contó, y mencionó conversaciones para darle forma al proyecto mientras sigue sumando historias de costa, mar y paradas obligadas.
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El cierre de la charla dejó una hoja de ruta inmediata y, otra vez, el pronóstico como árbitro. Adelson calculó que recién podrá retomar la navegación a partir del lunes o martes, con destino a Isla Escondida y luego hacia otros puntos antes de llegar a Camarones. “Creo que lunes, martes o miércoles”, dijo, y dejó en claro que el viaje no se define por ansiedad, sino por paciencia, viento y mar.

















