
Quién fue "El Mencho" y por qué su muerte desató una reacción de la que habla el mundo
Actualidad23/02/2026
REDACCIÓNLa caída de Nemesio Oseguera Cervantes reabrió una pregunta central en México y también fuera del país: qué pasa cuando desaparece el jefe que ordena y disciplina a una organización como el CJNG.

El Gobierno mexicano informó que el líder murió luego de un operativo para capturarlo y, desde ese momento, el tema dejó de ser solo una noticia policial: se convirtió en un hecho con impacto en la seguridad cotidiana, en la política y en la relación bilateral con Estados Unidos.
El nombre de “El Mencho” no empezó a circular por una detención aislada ni por un rumor de redes, sino por la dimensión de la estructura que comandó durante años. Desde sus orígenes como escisión del cártel de Sinaloa alrededor de 2009, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) creció hasta convertirse en una de las organizaciones criminales más poderosas del país, con capacidad para disputar territorios en varios estados y sostener rutas internacionales de tráfico de drogas sintéticas.


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La importancia del caso también se mide por el tipo de economía ilegal que el CJNG consolidó. Además del narco, el grupo diversificó negocios y formas de control: extorsión, robo de combustible, secuestros, tala y minería ilegales, y tráfico de migrantes aparecen como parte de un mismo esquema. Ese combo explica por qué la figura del líder excede el “capo” clásico: ordena finanzas, disciplina, logística y relaciones con bandas locales.
En la biografía, Oseguera Cervantes aparece asociado a una trayectoria que lo conecta con Estados Unidos y con el entramado criminal mexicano. Nació en 1966 en México, se mudó a California cuando era adolescente, enfrentó causas por tráfico de drogas y regresó al país. Con el tiempo, se vinculó con estructuras criminales de peso y terminó al frente de una organización que se hizo conocida por golpes directos contra fuerzas de seguridad y por la intimidación como política de control social.
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La violencia no fue un “método más”, sino parte del mensaje. La organización ejecutó acciones de alto impacto, con despliegues visibles, para imponer obediencia y desplazar rivales, y eso elevó el nivel simbólico del nombre “El Mencho”. Por eso, cuando el Estado dijo que lo abatió durante un operativo en Tapalpa, Jalisco, el episodio no se leyó como un final cerrado, sino como el inicio de una fase de tensión y respuesta.
Esa reacción se vio en el terreno. Tras el anuncio oficial, se registraron bloqueos e incendios en distintos puntos del país, con focos fuertes en el estado de Jalisco, según seguimientos de medios mexicanos durante la jornada del domingo. En ese contexto, algunas autoridades locales tomaron medidas excepcionales, con advertencias a la población y cancelaciones de actividades para reducir circulación.
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La dimensión internacional también pesa, y mucho. En Estados Unidos, el CJNG figura entre las organizaciones designadas como Foreign Terrorist Organization (FTO) y Specially Designated Global Terrorist (SDGT) desde el 20 de febrero de 2025, según documentación oficial difundida por el Tesoro estadounidense. Esa etiqueta no es decorativa: endurece controles, riesgos de sanciones y persecución por “apoyo material”, y eleva el caso a la agenda de seguridad nacional.
En ese tablero aparece la lectura política: México viene de profundizar una ofensiva más agresiva contra cárteles durante la presidencia de Claudia Sheinbaum, y la muerte de Oseguera se muestra como una victoria relevante. Al mismo tiempo, el episodio se cruza con la presión de Donald Trump y el tono de Washington frente al crimen organizado mexicano. En ese clima, la figura de “El Mencho” funciona como símbolo de lo que se busca desarmar, pero también del poder real que mantienen estas estructuras.
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Lo que queda abierto ahora es la sucesión y el orden interno. Si el CJNG sostiene una conducción clara, puede reacomodarse sin romperse; si no, el vacío de liderazgo puede acelerar fragmentación, disputas internas y nuevas escaladas en la calle. La pregunta central, en México y también en la región, ya no es solo quién fue “El Mencho”, sino qué capacidad tiene el Estado para evitar que el reemplazo se construya a los tiros.
















