
El tripulante denunció ansiedad severa tras cancelaciones masivas y llevó el caso a la Justicia por el rechazo del encuadre como enfermedad profesional

Un conflicto laboral expuso tensiones internas en Flybondi y volvió a poner el foco sobre el funcionamiento de las aerolíneas de bajo costo en Argentina. Un exjefe de cabina con siete años de antigüedad denunció que las condiciones de trabajo se volvieron “intolerables” y derivaron en un cuadro de ansiedad que hoy se discute en sede administrativa y judicial.
El trabajador ingresó el 4 de junio de 2018 a FB Líneas Aéreas S.A., razón social de la compañía, y se desempeñó como jefe de cabina con disponibilidad full time. Según su presentación, cumplía entre 65 y 70 horas mensuales de vuelo, además de tareas en tierra y guardias extendidas.


El punto de quiebre, de acuerdo con su testimonio difundido en redes sociales, llegó en 2024, cuando se multiplicaron las cancelaciones y reprogramaciones. En noviembre de ese año, la empresa programó 1.991 vuelos, de los cuales 384 fueron cancelados —cerca del 20%— y alrededor de 700 sufrieron modificaciones en su itinerario.
Ese escenario generó tensión permanente con pasajeros y exposición directa del personal de cabina a situaciones de conflicto. El trabajador sostiene que la reiteración de cambios provocó agresiones verbales y episodios de violencia que impactaron en su salud.
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El 13 de enero de 2025, en Aeroparque, aseguró haber sufrido un ataque de pánico que le impidió continuar con sus funciones. Posteriormente fue diagnosticado con trastorno de ansiedad generalizada con síntomas panicosos (F41.1) y recibió indicación de tratamiento psiquiátrico y licencia médica.
En paralelo, el contexto regulatorio sumó presión sobre la compañía. En agosto de 2024, la ANAC reactivó mecanismos sancionatorios y labró actas de infracción, tres de ellas contra Flybondi. En octubre se registraron nuevas actuaciones vinculadas a al menos 23 cancelaciones, además de observaciones sobre un taller de mantenimiento en Ezeiza.
El conflicto escaló cuando el tripulante solicitó que su patología fuera reconocida como enfermedad profesional bajo la Ley 24.557 de Riesgos del Trabajo. También pidió reubicación en tareas administrativas para reducir la exposición al estrés operativo.
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Según la documentación difundida, la empresa rechazó el carácter profesional del cuadro y encuadró la licencia como enfermedad inculpable. En julio de 2025 notificó el vencimiento del plazo legal y la reserva de puesto sin goce de haberes.
El trabajador respondió mediante intercambio telegráfico, reiterando que su diagnóstico tenía origen laboral. El 22 de agosto se consideró despedido indirectamente por negativa a reconocer la enfermedad como profesional, falta de tareas acordes a su estado de salud y diferencias salariales.
La ART rechazó el encuadre solicitado al sostener que la patología no figura en el listado oficial de enfermedades profesionales. El caso fue elevado a la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, mientras desde la compañía se defendió la legalidad del procedimiento aplicado.
Más allá de la disputa individual, el episodio revela la presión estructural que enfrenta el segmento low cost. Alta rotación de aeronaves, estructura ajustada y escaso margen ante contingencias técnicas pueden amplificar el impacto de cada cancelación en el personal de primera línea.
El desenlace judicial determinará responsabilidades. Mientras tanto, el caso instaló una discusión sobre salud mental, condiciones laborales y sostenibilidad operativa en el sistema aerocomercial argentino.















