
La pérdida auditiva crece en silencio y la detección temprana cambia el destino
Actualidad25/02/2026
REDACCIÓNEste 25 de febrero se recuerda el Día Mundial del Implante Coclear. Especialistas piden diagnóstico a tiempo y rehabilitación, en una condición que afecta a millones.

La conmemoración del Día Mundial del Implante Coclear, cada 25 de febrero, vuelve a poner en primer plano un problema que muchas veces se subestima hasta que ya impacta en la vida cotidiana: la pérdida auditiva. No se trata solo de “escuchar menos”, sino de cómo se altera la comunicación, el aprendizaje y la participación social cuando el diagnóstico llega tarde. La jornada funciona como recordatorio de una tecnología que cambió tratamientos, pero también como señal de alarma sanitaria sobre la detección.
Los números globales describen la dimensión del tema con crudeza. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 360 millones de personas en el mundo presentan algún grado de pérdida auditiva, cerca del 5% de la población mundial. En niños, el dato se vuelve más sensible porque afecta a 5 de cada 1.000 recién nacidos, con una incidencia mayor en quienes necesitaron cuidados intensivos neonatales.


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En América Latina, la estimación ronda los 30 millones de personas con pérdida auditiva y, dentro de ese universo, 5 millones con formas severas. En Argentina, el informe citado por Noticias Argentinas señala que entre 700 y 1.200 niños nacen cada año con pérdida auditiva, mientras que alrededor de 500.000 personas presentan dificultades significativas para escuchar. La cifra local no solo habla de casos clínicos: marca un desafío de salud pública y acceso a tratamientos.
El punto que más remarcan especialistas es el tiempo, sobre todo en la infancia. La pérdida auditiva no diagnosticada altera el desarrollo del lenguaje, la escolaridad y la integración, y ese daño no siempre se revierte por completo. En esa línea, la Dra. Liliana Tiberti, especialista en Otología y Otoneurocirugía del Hospital Británico, sintetizó la dimensión del problema con una frase que corre la discusión del plano técnico al plano humano: “Escuchar es mucho más que percibir sonidos. Es una herramienta esencial para el desarrollo del lenguaje, el aprendizaje y la interacción social”.
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La médica también advirtió sobre el costo de dejar pasar el momento indicado para intervenir, especialmente en los más chicos. “Cuando la pérdida auditiva no se diagnostica a tiempo, especialmente en los niños, puede afectar de manera directa su desarrollo y su integración”, explicó. La idea de “detección temprana” no aparece como consigna abstracta: define el tipo de resultados que se logran después.
En adultos, la pérdida auditiva suele entrar por la puerta de las conversaciones que se vuelven difíciles, sobre todo en ambientes con ruido. Eso empuja a la frustración y al aislamiento, y termina afectando vínculos y trabajo, aun cuando el problema se intente disimular. En adultos mayores, el texto agrega otro plano que preocupa: el impacto sobre la salud cerebral y el vínculo con deterioro cognitivo y demencia cuando falta estimulación auditiva.
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La conmemoración del 25 de febrero no se explica solo por la tecnología actual, sino por una historia larga de avances. El Día Mundial del Implante Coclear recuerda el primer implante realizado en 1957 por los doctores André Djourno y Charles Eyriès en Francia, cuando insertaron un hilo de cobre en el oído interno para generar una mínima sensación sonora. Aquel procedimiento rudimentario abrió una línea de investigación que luego sumó múltiples electrodos, prototipos complejos y, finalmente, dispositivos modernos.
En Argentina, el texto remarca un hito médico regional: el primer implante coclear de Latinoamérica se realizó en 1980 en el Hospital Británico de Buenos Aires, por el Dr. Jorge Schwartzman, entonces jefe del Servicio de Otorrinolaringología. Ese antecedente local suele aparecer como referencia en el campo de la otología, y también como símbolo de una práctica que se consolidó con el tiempo. Hoy, la discusión ya no se limita a “si existe” la tecnología, sino a quién llega a tiempo y con qué seguimiento.
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El implante coclear se indica para personas con pérdida auditiva severa o profunda que no logran beneficio suficiente con audífonos. A diferencia de esos dispositivos, que amplifican sonido, el implante “estimula directamente el nervio auditivo mediante impulsos eléctricos” para que el cerebro perciba los sonidos. Consta de un componente externo que capta sonidos y otro interno que se coloca con cirugía, y se activa alrededor de un mes después, cuando comienza la rehabilitación.
Ese proceso posterior es parte central del resultado, y por eso el texto insiste en equipos multidisciplinarios y seguimiento. No alcanza con la cirugía: la rehabilitación define cuánto se aprovecha el dispositivo y cómo se integra a la vida diaria. En el cierre de su mensaje, Tiberti volvió sobre esa urgencia de consulta sin postergar: “Si una persona tiene dificultades para escuchar, es fundamental consultar. Detectar y tratar la pérdida auditiva a tiempo puede cambiar su vida”.
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La jornada, entonces, funciona como una puerta de entrada a una conversación más amplia sobre salud, acceso y prevención. Los datos muestran que el problema está lejos de ser marginal y que atraviesa edades, contextos y realidades familiares. En un escenario donde el aislamiento social y el deterioro cognitivo aparecen como riesgos asociados, el diagnóstico temprano y la rehabilitación dejan de ser un tema de especialistas y pasan a ser una cuestión cotidiana: escuchar para poder estar, aprender y participar.
Fuente: NA.

















