
El segundo embarazo deja otra huella en el cerebro y cambia la atención
Actualidad25/02/2026
REDACCIÓNUn estudio con imágenes cerebrales comparó a 110 mujeres y detectó modificaciones específicas en redes de control atencional. También vinculó esos cambios con depresión periparto.

La maternidad no se juega solo en la agenda diaria, también se escribe en circuitos del cerebro que se reconfiguran con cada embarazo. Una investigación del Centro Médico de la Universidad de Ámsterdam (UMC) puso el foco en un punto poco explorado: qué ocurre cuando una mujer atraviesa un segundo embarazo. Los resultados describen modificaciones distintas a las del primer hijo, con un patrón que los autores definen como particular y no repetido.
Hasta ahora, la evidencia científica ya mostraba que el primer embarazo modifica regiones vinculadas a la autorreflexión y a la lectura emocional de los hijos, un ajuste que facilita el cuidado y la crianza. En cambio, el trabajo reciente señala que la segunda gestación empuja cambios en redes asociadas al control de la atención y a la respuesta a sensaciones. Ese giro en el mapa cerebral sugiere una adaptación para un escenario más demandante: atender a más de un niño y sostener múltiples tareas a la vez.


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Para llegar a esas conclusiones, los investigadores evaluaron a 110 mujeres con perfiles distintos: madres primerizas, mujeres que cursaban su segundo embarazo y participantes sin hijos. Los estudios por imágenes, tomados antes y después del embarazo, permitieron detectar qué estructuras cambiaban en cada grupo. El contraste entre etapas y grupos habilitó una lectura más fina sobre qué se mantiene y qué se transforma.
Uno de los hallazgos centrales apareció en el grupo de segundas gestaciones. El cerebro mostró cambios adicionales en las redes relacionadas con la atención y con la reacción a estímulos, un ajuste que podría aportar eficiencia frente a demandas simultáneas. La investigadora Milou Straathof sintetizó esa idea con una frase directa: “Esos procesos podrían beneficiar a la madre que tiene que cuidar a varios hijos”.
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El trabajo también se volvió relevante por lo que sugiere sobre el costado menos visible de la maternidad: la salud mental. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que alrededor del 10% de las embarazadas y el 13% de las mujeres que acaban de dar a luz atraviesan problemas de salud mental, sobre todo depresión. En ese marco, la investigación buscó entender si los cambios cerebrales se asocian con esos cuadros y en qué momento de la maternidad se expresan con más fuerza.
Los autores describieron una relación entre cambios estructurales en la capa externa del cerebro y la depresión periparto, la que aparece durante el embarazo o después del parto. En las madres primerizas, esa asociación se vinculó con mayor peso al estado de salud mental posterior al nacimiento. En quienes cursaban un segundo embarazo, en cambio, la relación se conectó más estrechamente con el estado mental durante la gestación, un matiz que abre preguntas clínicas concretas.
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La jefa del Laboratorio de Cerebro del Embarazo de UMC, Elseline Hoekzema, remarcó el valor del resultado por lo que rompe de una idea instalada: el gran cambio ocurre una sola vez. “Con esto hemos demostrado por primera vez que el cerebro no solo cambia durante el primer embarazo, sino también durante el segundo”, afirmó. Y amplió el concepto con una definición que resume el enfoque general del estudio: “Durante el primer y segundo embarazo, el cerebro cambia de forma única. Cada embarazo deja una huella única en el cerebro femenino”.
En paralelo, el informe ubica el fenómeno en un contexto demográfico amplio: a escala global, el número de nacimientos por mujer llega a 2,3, por lo que la maternidad repetida no constituye una excepción. Esa frecuencia vuelve más urgente comprender qué pasa en el organismo cuando la experiencia se repite, sobre todo si los cambios se relacionan con el bienestar emocional. La investigación no propone diagnósticos por sí sola, pero sí aporta pistas para diseñar mejores estrategias de acompañamiento.
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Los propios investigadores aclararon que el estudio no ofrece conclusiones sobre mujeres que pierden un embarazo, aunque señalan que los cambios cerebrales primarios ocurren cerca del final del proceso, más próximos al parto. Esa precisión marca un límite y también un camino: todavía falta evidencia sobre momentos específicos y sobre trayectorias que no llegan a término. En esa zona, el trabajo deja una advertencia implícita: comprender la maternidad requiere mirar también lo que pasa antes de que alguien vuelva a su casa con un bebé.
Por ahora, los autores sostienen que estos datos pueden ayudar a mejorar la atención de la salud materna, al sumar elementos para comprender cuándo y por qué aparece la depresión posparto en algunas mujeres. Hoekzema lo planteó en términos de necesidad sanitaria y no de curiosidad académica: “Es importante que comprendamos cómo se adapta el cerebro a la maternidad”. En ese punto, la discusión deja de ser solo neurociencia y se transforma en una herramienta para anticipar riesgos y acompañar mejor.
Fuente: LA NACION.
















