En el sur rionegrino, una cabaña Angus que cambió el mapa genético

Actualidad26/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Edgardo Tejeda levantó su cabaña en el Valle Inferior tras más de dos décadas de trabajo y hoy abastece con toros y vaquillonas al circuito ganadero regional.

Edgardo Tejeda comenzó con 30 vacas
Edgardo Tejeda comenzó con 30 vacas

En el Valle Inferior de Río Negro, lejos de los grandes centros ganaderos del país, un proyecto personal empezó con apenas 30 vacas Angus y hoy se transformó en referencia para criadores de toda la Patagonia. Detrás está Edgardo Tejeda, pampeano de origen, técnico del INTA y titular de la cabaña La Carlota, que construyó su rodeo a lo largo de más de veinte años de trabajo constante.

Soy pampeano, vengo de familia ganadera de toda la vida”, resumió al repasar su historia. Llegó a Viedma en 1988, trabajó en el Idevi, pasó por la actividad privada y, tras la crisis de comienzos de los 2000, regresó al ámbito público. En paralelo, empezó a darle forma a su propio emprendimiento productivo.

El punto de partida fue modesto pero estratégico. “Arranqué con 30 vacas Angus muy buenas. Con el tiempo pude comprar una chacra y la fui construyendo de a poco. Me llevó más de 20 años tener algo propio”, contó. Hoy la cabaña cuenta con alrededor de 210 vacas Puro Controlado (PC) y produce vaquillonas preñadas y toros destinados al circuito patagónico.


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La apuesta por Angus no fue casual. “Cerca del 70% del rodeo es Angus”, explicó, y sostuvo que la raza está reconocida por su eficiencia productiva y calidad carnicera. “La raza tiene todas las características. Está reconocida en el mundo como superior. Son muy buenas madres y tienen muy buena conformación carnicera”, afirmó, con la experiencia de haber sido director de la Asociación Argentina de Angus por la Patagonia durante dos años. “También hay un poco de camiseta”, admitió.

El corazón del proyecto está en la genética planificada. “Hace 20 años que insemino todo el rodeo”, señaló. La selección apunta a toros pastoriles, de frame moderado y adaptados al monte rionegrino, donde la oferta forrajera no siempre es abundante. La funcionalidad y la eficiencia pesan tanto como la estética.

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Angus

La evaluación ya no se basa solo en el ojo del productor. Tejeda sigue indicadores productivos como peso al nacer, peso al destete y desarrollo al año, además de incorporar ecografías para medir área de ojo de bife y marmoreo. “Creo que en poco tiempo la carne se va a pagar definitivamente por calidad, y eso ya está empezando a suceder”, sostuvo, convencido de que el mercado exigirá cada vez más información objetiva.

Este año, La Carlota ingresó al programa ERA (Evaluación de Reproductores Angus), que aporta datos comparables a nivel nacional. “Eso nos permite seleccionar mejor según nuestros objetivos: animales moderados, de rápido crecimiento, bajo peso al nacimiento y buena docilidad”, explicó. Cada ternero es identificado al nacer, registrado y seguido en forma sistemática.


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Los toros que prepara la cabaña llegan a los 15 meses con unos 500 kilos criados a campo, a pasto. Antes de las exposiciones regionales, reciben suplementación con maíz picado y silo para alcanzar cerca de 750 kilos en óptimas condiciones. Están destinados al circuito patagónico, con muestras en Río Colorado, Viedma-Patagones, General Conesa y el Valle Medio.

El contexto actual, según el productor, ofrece un escenario distinto al de décadas anteriores. “Nunca viví esto. Antes llegábamos a fin de año con lo justo para sobrevivir. Hoy creo que se puede invertir”, afirmó. Para Tejeda, la mejora en los precios y la apertura de mercados devuelven previsibilidad a una actividad que durante años perdió stock y rentabilidad.

En esa lógica, la genética no se vende sola. “Cuando vendés genética, vendés sanidad también”, enfatizó. El planteo sanitario acompaña cada etapa del proceso, porque el cliente no solo busca un toro, sino respaldo técnico y previsibilidad productiva. En el sur, donde el clima y el sistema pastoril imponen límites, la eficiencia es una condición de supervivencia.

Lo que empezó como un proyecto personal en una chacra adquirida con esfuerzo se convirtió en un aporte concreto a la ganadería regional. Con más de 200 madres Puro Controlado y una estrategia sostenida en el tiempo, La Carlota consolida un modelo que combina conocimiento técnico, adaptación al territorio y una mirada puesta en la calidad como diferencial competitivo.

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