
Con el Senado partido, el cristinismo solo cuida sus “cajas” y mira al PJ de Buenos Aires
Política27/02/2026
REDACCIÓNLa salida de tres senadores y el PJ bonaerense en manos de Kicillof empujan a Cristina y Máximo a una estrategia de supervivencia con cargos y presupuesto.

El quiebre del bloque peronista en el Senado nacional marcó una señal política que el kirchnerismo duro no logra disimular. Una bancada que funcionaba como herramienta para condicionar al Gobierno perdió volumen y también disciplina interna. En ese contexto, el núcleo que responde a Cristina Fernández de Kirchner reacomoda prioridades y vuelve a un reflejo conocido: sostener espacios con presupuesto y nombramientos.
La escena se completa con el movimiento que ordenó la conducción partidaria bonaerense. El desdoblamiento electoral provincial y la consagración de Axel Kicillof como presidente del PJ bonaerense dejó a Máximo Kirchner corrido de un lugar que ocupaba como herencia política y estructura propia. El cambio no solo afecta la lapicera de la estrategia, también redefine quién administra el armado y qué sectores quedan con capacidad real de negociación.


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El texto describe a Cristina en una situación límite y con consecuencias directas sobre su rol. Señala que “la expresidenta está presa en un departamento, imposibilitada de ocupar cargos públicos por corrupta”, y que su bloque de referencia en el Senado “menguó en cantidad y variedad”. Esa combinación recorta poder formal y empuja a una lógica más defensiva, con menos margen para ordenar al peronismo desde el Congreso.
En esa defensa aparece una palabra repetida como obsesión interna: “las cajas”. No se trata de una metáfora amable, sino del control de organismos y ministerios con capacidad de gasto, contratos y redes de gestión. El artículo sostiene que esa pulseada domina hoy el debate interno del kirchnerismo duro, con Cristina y Máximo “en lógica de supervivencia” después de asumir una derrota política.
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La reconstrucción incluye una voz con lectura cruda sobre el rumbo del espacio. Un exfuncionario que trabajó para el kirchnerismo lo sintetiza así: “Máximo lo puso a (Facundo) Tignanelli a preservar las cajas. Es el único objetivo que tienen. El kirchnerismo pasó de ser un grupo de poder, del vamos por todo, a un ejército de refugiados. Y el objetivo es garantizarles la comida para que sobrevivan, no mucho más que eso”. La frase funciona como diagnóstico de época y, a la vez, como explicación del repliegue.
La tensión con Kicillof no desaparece, aunque el acuerdo político siga en pie. El mismo exfuncionario agrega: “No tienen otra, pero lo van a desgastar como hicieron siempre. Máximo odia más a Axel que a Milei. Ya es un tema personal”. En esa línea, el texto sostiene que La Cámpora podría aceptar acoplarse a un proyecto presidencial de Kicillof, mientras busca conservar lugares en Provincia y también en Nación.
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El mapa de poder bonaerense que queda bajo control camporista se detalla con precisión. Según el texto, el espacio maneja cuatro ministerios en la Provincia de Buenos Aires: Justicia, Salud, Ambiente y el Instituto Cultural. A eso suma organismos sensibles por su rol en prestaciones y administración: el Instituto de Previsión Social, IOMA y el Organismo de Contrataciones.
El volumen presupuestario que rodea esos lugares explica por qué se vuelven el centro de la pelea interna. El artículo afirma que, entre esas áreas, “prevén gastos por unos 10.000 millones de dólares este año”, un número que ubica cerca de “un tercio de todo el presupuesto bonaerense”. En tiempos de retroceso político, sostener esas palancas define más que un discurso: define supervivencia territorial.
El texto también recuerda que esta conducta no nace ahora y que tiene antecedentes claros cuando el peronismo pierde el poder. Tras la derrota nacional de 2015 y, sobre todo, la caída bonaerense de Aníbal Fernández frente a María Eugenia Vidal, muchos exfuncionarios se reubicaron en municipios para conservar empleo estatal. En La Matanza, detalla el artículo, se dieron saltos llamativos: Débora Giorgi pasó a Producción local, Roberto Feletti a Finanzas, y dos exministros bonaerenses de Scioli, Alejandro “Topo” Rodríguez y Alejandro Collia, quedaron en Gabinete y Salud del distrito.
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La vuelta al poder en 2019 revirtió esa necesidad por un tiempo, pero el texto describe que el patrón se repite cuando el “llano” vuelve a pesar. En el reparto del Gobierno nacional, La Cámpora se quedó con organismos definidos como “las cajas más buscadas”, como ANSES y PAMI, y no los soltó ni en el pico de la pelea con Alberto Fernández. Con el Senado fragmentado y el PJ bonaerense bajo otra conducción, el artículo plantea que ese reflejo reaparece como prioridad central del cristinismo.
















