
Bullrich pidió destrabar inversiones y prometió “controles” con la nueva Ley de Glaciares
Política27/02/2026
REDACCIÓNEn el cierre del debate, Patricia Bullrich defendió la reforma a la Ley de Glaciares, rechazó el “agua o trabajo” y habló de tecnología, transparencia y previsibilidad.

En el tramo final del debate por la reforma a la Ley de Glaciares, Patricia Bullrich eligió un mensaje directo para ordenar la discusión política. Planteó que la votación no debía leerse como una pulseada entre dos extremos y buscó correr el eje del temor a un cambio normativo. La senadora encuadró la aprobación como una oportunidad para reactivar proyectos que, según su mirada, quedaron frenados.
Bullrich habló en el cierre en representación del oficialismo y apuntó contra lo que definió como una discusión mal planteada. “Terminemos con la falsa elección. No es agua o trabajo”, sostuvo, y buscó instalar que el texto aprobado no rompe el corazón del régimen de protección. En esa misma línea, afirmó que “no se toca la columna vertebral de la ley”.


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Al explicar por qué defendía la reforma, insistió con la idea de continuidad sobre el objeto protegido. Remarcó que los glaciares continúan considerados bienes de interés público y reservas estratégicas de recursos hídricos, con protección total. En su discurso, esa aclaración funcionó como respuesta preventiva ante críticas por un supuesto debilitamiento ambiental.
El argumento económico apareció ligado a una crítica explícita a la parálisis de inversiones. “Esa confusión ha paralizado una cantidad importantísima de inversiones”, dijo, al referirse a la tensión entre cuidado del ambiente y actividad productiva. En ese marco, planteó que una delimitación más precisa permitiría identificar zonas sin reservas hídricas y, desde ahí, habilitar proyectos de inversión.
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La senadora vinculó ese eventual movimiento a un objetivo político concreto: empleo y producción local. Señaló que, con reglas mejor definidas, se pueden atraer iniciativas que generen trabajo y dinamismo en las regiones. En el discurso, la reforma aparece como un modo de ordenar el mapa de lo permitido y lo prohibido, en lugar de expandir un veto general.
También recurrió a una apelación temporal para reforzar el llamado a votar. “La historia nos está tocando la puerta”, expresó, y retomó la idea en el cierre con un pedido más enfático. “La historia no está golpeando la puerta. No dejemos pasar esta oportunidad”, exhortó antes de la votación.
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En otro tramo, Bullrich diferenciò entre modelos de ambientalismo y ubicó su postura en una versión regulada por técnica y fiscalización. “El verdadero ambientalismo del siglo XXi no es un ambientalismo que prohíba”, afirmó, y completó: “Es un ambientalismo que tenga tecnologia, controles, transparencia y previsibilidad”. Con esa frase buscó contraponer su posición a lo que llamó “ambientalismo extremo”, al que describió como una fuerza que “lo único que hace es impedir todo”.
La defensa de la reforma también incluyó una mirada sobre el funcionamiento del sector privado y el rol del Estado. Bullrich sostuvo que “el capitalismo no le teme al control”, y marcó que lo que genera rechazo es “la arbitrariedad, al clientelismo, a la discrecionalidad, al feudalismo”. En esa enumeración puso el acento en la necesidad de reglas estables y criterios verificables.
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Sobre el final, volvió a asociar control con reglas de juego claras. “El control es intrínseco del capitalismo porque necesita seguriad jurídica”, esgrimió, como síntesis de su enfoque. Con ese cierre, dejó planteada una idea central de su intervención: el oficialismo busca mostrar la reforma como una herramienta para compatibilizar protección ambiental y actividad económica bajo un esquema regulado.
Fuente: NA.








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