
En Trelew, Comodoro y Puerto Madryn, el radicalismo rechazó la salida de Tamame y González del oficialismo y puso el foco en cómo se representa el voto dentro de la Legislatura.

La decisión de dos legisladores de correrse de un armado político dejó una discusión que incomoda a cualquier fuerza: ¿a quién “pertenece” una banca cuando el mandato llega por un frente electoral? En la Unión Cívica Radical de Chubut eligieron no esquivar esa pregunta y salieron a fijar posición con un mensaje común, sin matices entre comités. El punto de arranque fue el portazo de Mariela Tamame y Sergio González, que abandonaron el bloque oficialista y se alejaron del frente Despierta Chubut.
El radicalismo provincial expresó un rechazo unificado y sostuvo que la movida “altera el sistema de representación definido por el voto popular”. En los comunicados, el foco no quedó en una interna personal sino en el efecto institucional que produce una fractura en el bloque que llegó al recinto con un sello y un programa. La UCR encuadró la discusión como una cuestión de reglas y de coherencia con lo votado.


OTRAS NOTICIAS:
La respuesta se conoció a través de pronunciamientos de los comités departamentales de Trelew, Comodoro Rivadavia y Puerto Madryn, que coincidieron en el mismo argumento de base. En esa lectura, la banca no puede convertirse en un patrimonio individual al margen de la alianza que la llevó al recinto. Por eso, el radicalismo insistió con una definición textual que buscó ordenar la discusión: “las bancas no son personales”.
En los textos difundidos, la UCR remarcó que el radicalismo no funciona como una suma de decisiones aisladas. Lo describió como una fuerza con “reglas, historia y órganos de decisión”, y advirtió que las determinaciones orgánicas comprometen a quienes acceden a cargos bajo esa identidad partidaria. Con esa idea, el partido volvió a subrayar que la integración a Despierta Chubut no salió de una negociación individual, sino de una definición adoptada “de manera orgánica y mayoritaria”.
OTRAS NOTICIAS:
Otro tramo del planteo buscó ligar el episodio con el modo en que se construye legitimidad en la Legislatura. Según los comités, cuando el partido fija un rumbo, ese rumbo se sostiene también en el recinto, porque forma parte del contrato electoral con la ciudadanía. En esa línea, la UCR sostuvo que la pertenencia al frente “fue votada por la ciudadanía”, y que la salida de Tamame y González desconoce esa decisión partidaria.
Más allá de los nombres propios, el radicalismo también puso el acento en las consecuencias prácticas de una fragmentación en el oficialismo. Advirtió que la dispersión interna “debilita la capacidad del Estado provincial para dar respuestas a los problemas estructurales de Chubut”, y ubicó la discusión en un plano más amplio que la coyuntura parlamentaria. El mensaje, en ese punto, buscó anticipar que cada ruptura dentro del bloque oficialista impacta en la gobernabilidad cotidiana.
OTRAS NOTICIAS:
En el fondo, la UCR eligió discutir poder político con una lógica de pertenencia colectiva. Lo expresó al señalar que no se trata de voluntades personales que se acomodan según el momento, sino de compromisos asumidos frente a un electorado. Por eso volvió a insistir en que el rumbo institucional del partido no se “reinterpreta” desde decisiones individuales.
También quedó explícito que el radicalismo no piensa la alianza como un acuerdo circunstancial. La definió como el resultado de una decisión institucional que luego recibió validación electoral y que, por lo tanto, sostiene un mandato que excede a cada legislador. En esa misma línea, los comunicados marcaron que el frente Despierta Chubut se consolida como “proyecto provincial” y no como un armado de ocasión.
OTRAS NOTICIAS:
En la lectura radical, lo ocurrido obliga a mirar el equilibrio de fuerzas dentro del recinto y el sentido del voto emitido en las urnas. El partido reafirmó su compromiso con la “organicidad”, la “institucionalidad” y la “coherencia política”, y dejó claro que su posicionamiento no responde a una pulseada menor. En el corto plazo, el movimiento de Tamame y González reordena la discusión legislativa, pero en la UCR el punto que buscan instalar es otro: qué límite pone la política a la autonomía individual cuando se trata de bancas obtenidas por una coalición.
Con esa postura, el radicalismo chubutense dejó una señal hacia adentro y hacia afuera del frente. Hacia adentro, intenta cerrar filas para evitar nuevas fisuras y sostener la identidad del armado. Hacia afuera, plantea que el debate no se agota en la salida de dos diputados, sino en cómo se respeta —o se tensiona— el mandato que definió el electorado.

















