En el Museo 1923 se empieza mirando y se termina bailando con clases gratis de folclore en la playa

Turismo28/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

En Playa Unión, el Museo 1923 abrió un encuentro semanal gratuito de danzas folclóricas: llegan vecinos y turistas, miran un rato y se suman a la ronda.

Danza en el museo de Playa Unión
Danza en el museo de Playa Unión

En plena agenda cultural de verano, el predio del Museo 1923 cambió su postal habitual por una escena que se repite semana a semana. La música arranca, algunos se acercan con timidez y otros se quedan a un costado como espectadores. Con el correr de los minutos, esa distancia se achica y la clase termina con más gente en movimiento que al principio.

La dinámica, según cuentan quienes coordinan, tiene algo de contagio colectivo. Natalia Fernández lo describe desde lo que ve en cada encuentro y desde el clima del lugar, con el mar cerca y la tarde corriéndose hacia la noche. “Muchos vecinos se acercan primero a mirar y terminan bailando. Vienen chicos, personas adultas, familias. Nuestra intención es que se sientan cómodos, que disfruten y que podamos compartir la pasión por el folclore”, subrayó.


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La propuesta se sostiene como clase abierta, gratuita y sin requisitos previos, pensada para sumar a quien llegue. La iniciativa se desarrolla en el marco de la agenda cultural de verano y convoca a vecinos y visitantes con un formato semanal. El objetivo, según la fuente, apunta a fortalecer la participación comunitaria y la identidad local desde un espacio público.

Detrás de la coordinación están Paola Fernández, Natalia Fernández y Enzo Fernández, integrantes del Ballet Herederos del Viento. Ellos llevan la guía del encuentro y arman el clima para que se acerquen quienes no tienen experiencia. En esa lógica, el punto central no pasa por “venir sabiendo”, sino por animarse a entrar en la rueda.

Paola Fernández explicó que la elección del museo no es casual, porque funciona como un lugar reconocido por la comunidad. “El museo es un espacio de encuentro para la comunidad y quisimos sumar esta propuesta para que más personas se animen a participar. Vamos con nuestros bailarines y abrimos la invitación a todos los que quieran aprender y compartir la danza”, expresó. En esa frase aparece una intención clara: abrir la puerta, no armar un espectáculo para mirar de lejos.


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Cada jornada se realiza en el predio del museo y tiene una base estable de participantes. La fuente indicó que en cada encuentro participan alrededor de 15 integrantes, a los que se suman nuevos asistentes que amplían la convocatoria. Esa mezcla de grupo fijo y gente que se incorpora en el momento le da a la clase un tono cambiante, más parecido a una reunión social que a un curso rígido.

Enzo Fernández puso el acento en el valor social del folclore y en lo que genera cuando se vuelve compartido. “El folclore nos une y nos transmite valores. Eso se ve en cada persona que se acerca porque encuentran un lugar donde compartir y sentirse parte”, afirmó. También remarcó la importancia del Museo 1923 como ámbito vinculado a la identidad y la historia local.

El entorno de Playa Unión también aparece como parte de la experiencia, no solo como paisaje. Natalia Fernández señaló que el contexto natural fortalece la propuesta, porque acompaña el clima de encuentro y hace más fácil que la gente se quede. En ese marco, el museo funciona como punto de paso para turistas y como referencia para vecinos que vuelven a encontrarse.


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Las clases abiertas seguirán durante marzo en el Museo 1923, sosteniendo el formato semanal. Quienes quieran profundizar después tendrán la posibilidad de incorporarse al taller que dicta el Ballet Herederos del Viento en el barrio San Ramón. Allí los encuentros se organizan los lunes, miércoles y viernes, con horarios diferenciados para chicos y adultos.

Según la información provista, el taller del barrio San Ramón funciona de 18 a 20 para niños y de 20 a 22 para adultos. La propuesta incluye además un grupo de estilizado femenino y clases de malambo, ampliando el abanico para quienes busquen un recorrido más constante. Por ahora, en el Museo 1923 la invitación sigue abierta: llegar, mirar un rato y, si pinta, sumarse al baile.

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