
El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán paralizó el espacio aéreo del Golfo y desató una salida masiva de civiles que buscan escapar.

Las imágenes de terminales repletas y autopistas saturadas se repiten en distintas ciudades del Golfo Pérsico. El conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán no solo impacta en objetivos militares, sino que ya provoca un efecto inmediato sobre la población civil. Miles de personas intentan abandonar la región en medio de cierres de aeropuertos, cancelaciones masivas y desvíos aéreos.
El operativo conjunto de Washington y Tel Aviv contra Teherán, sumado a las represalias iraníes contra infraestructuras civiles, derivó en el cierre de 11 espacios aéreos y en una parálisis casi total de los principales centros de conexión del Golfo. El temor a nuevos ataques con misiles y drones generó escenas de pánico en ciudades de Emiratos Árabes Unidos, Barein y Arabia Saudita, donde objetivos estadounidenses fueron alcanzados.


En paralelo, las zonas bajo ataque israelí también registraron consecuencias directas sobre la población. En Beirut, Líbano, murieron 31 personas y otras 149 resultaron heridas, según los reportes oficiales. Ese escenario impulsó un éxodo de ciudadanos que buscan alejarse de los bombardeos y la incertidumbre.
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El impacto más visible se concentra en dos gigantes del tránsito internacional: los aeropuertos de Dubai (DXB) y Hamad, en Doha. Ambos funcionan como nodos estratégicos que conectan Europa, Asia y Oceanía, y hoy operan con fuertes restricciones. La alteración de su actividad repercute en rutas globales y en miles de pasajeros varados.
En Dubai, el aeropuerto canceló el 100% de sus vuelos el domingo y luego inició una reapertura limitada. Sin embargo, la situación continúa siendo delicada tras reportes de daños estructurales leves en una de sus terminales, atribuidos a ataques con drones iraníes. La operatividad se restablece de forma gradual, con controles reforzados.
Compañías como Emirates y Qatar Airways suspendieron miles de vuelos, afectando a más de 90.000 pasajeros que dependían de esas conexiones para desplazarse entre continentes. La red aérea global siente el impacto en cadena, con cancelaciones, reprogramaciones y largas esperas en aeropuertos alternativos.
La crisis también alcanzó a Europa y, en particular, a España. Iberia extendió la cancelación de sus rutas a Doha hasta el 6 de marzo, mientras que Air Europa e Iberia Express suspendieron sus vuelos a Tel Aviv al menos hasta el 9 y 10 de marzo, respectivamente. Las autoridades aeroportuarias registraron múltiples cancelaciones y ajustes operativos.
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El Ministerio de Asuntos Exteriores español estimó que hay miles de ciudadanos afectados en la región y activó planes de evacuación. Se monitorea la situación de unos 30.000 españoles residentes o de paso en países del Golfo, en coordinación con embajadas y consulados.
Los vuelos que todavía conectan con Asia modificaron sus trayectos y ahora se desvían hacia el sur para evitar el corredor del Golfo. Esa decisión incrementa los tiempos de viaje y eleva los costos de combustible, lo que anticipa un impacto económico adicional en las aerolíneas.
La Agencia Europea de Seguridad Aérea recomendó evitar “a cualquier nivel de vuelo” un corredor que se extiende desde Israel hasta Omán. La advertencia sugiere que el desorden aéreo no será pasajero y que la normalización dependerá de la evolución del conflicto. Mientras tanto, en rutas y terminales, la prioridad de miles de personas es una sola: salir cuanto antes.















