La vacuna arranca, pero no se termina y el bache crece justo a los 5 años

Actualidad04/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Las coberturas pediátricas vienen en baja desde hace una década y los refuerzos se desploman. En adolescencia, la vacuna contra el VPH también muestra retrocesos sostenidos.

Vacunación. Foto Freepik
Vacunación. Foto Freepik

El problema ya no se esconde en los promedios: la vacunación infantil en Argentina pierde fuerza a medida que pasan los años y, sobre todo, a medida que avanzan las dosis. Los datos oficiales más recientes muestran un patrón repetido en casi todas las vacunas del Calendario Nacional: muchos chicos empiezan, pero menos llegan al final del esquema. En 2025, las coberturas nacionales promedio se movieron, en la mayoría de los casos, entre 70% y 85%, con diferencias importantes entre provincias.

El retroceso, además, no se limita a una vacuna puntual ni a un grupo chico. Especialistas advierten que la caída de la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) se inscribe en un deterioro más amplio que arrastra al calendario completo. Y el punto que más preocupa no es la primera dosis, sino el recorrido posterior, cuando llegan los refuerzos y el contacto con el sistema de salud se vuelve más esporádico.


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En el caso del VPH, el contexto importa porque se trata de una infección muy extendida. En el mundo, se estima que cuatro de cada cinco personas sexualmente activas la contraerán en algún momento, y aunque existen más de cien tipos, cerca de 40 pueden afectar la zona genital o anal. La transmisión ocurre por contacto con piel y mucosas durante relaciones sexuales y, según el informe, no se contagia por compartir objetos ni por usar baños públicos, como circuló durante años.

La médica María Cecilia Torroija apuntó a una dificultad que suele empujar el tema fuera de agenda: “El VPH es muy común y muchas veces no da síntomas, por eso la información y la prevención son fundamentales. Contar con datos claros, hablar del tema sin prejuicios y acompañar a las familias desde el sistema sanitario permite reducir riesgos y cuidar la salud a largo plazo”. Esa falta de señales visibles, sumada a prejuicios y desinformación, suele correr la prevención a un segundo plano, justo cuando el calendario necesita continuidad.


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Aunque en la mayoría de los casos la infección desaparece sola, una parte persiste y puede derivar en cuadros graves. El texto sostiene que el 99% de los casos de cáncer cervicouterino se vincula al VPH y, con datos del Observatorio Global del Cáncer, lo ubica como el tercero más frecuente en mujeres y como la cuarta causa de mortalidad por cáncer en mujeres jóvenes en el país. También menciona otros cánceres relacionados, como los de ano, vagina y vulva, lo que vuelve más relevante el combo de prevención y detección temprana.

La prevención, en ese sentido, no depende de una herramienta única. La educación sexual integral, el uso de preservativo, los controles ginecológicos de rutina y la vacunación aparecen como ejes centrales en el informe. El problema es que ese último eslabón, el más masivo y programable, se resiente cuando el esquema no se completa, porque la protección real depende de las dosis indicadas y de llegar a tiempo a refuerzos.


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El pediatra Fernando Burgos (M.N. 81.759), jefe de la Sección Ambulatoria de Pediatría del Hospital Austral, lo sintetizó con una advertencia que apunta directamente al cumplimiento: “Argentina cuenta con uno de los calendarios de vacunación más completos de la región. El desafío actual es el cumplimiento. Para que la protección sea efectiva, es fundamental que las familias y los equipos de salud revisen el carnet de vacunación y aprovechen cada consulta médica para verificar que las dosis estén al día”. En esa frase aparece una clave práctica: mirar el carnet en cada visita y no esperar a que “toque” una campaña.

La caída se vuelve visible cuando se comparan etapas del calendario. En vacunas como rotavirus, quíntuple/séxtuple o poliomielitis (IPV), las coberturas bajan varios puntos entre la primera dosis y las siguientes, y el fenómeno se acentúa cuando llegan los refuerzos. En algunos casos, esos refuerzos quedan por debajo del 70%, un nivel que, según el texto, deja expuestos a miles de chicos y eleva el riesgo comunitario de reaparición de enfermedades prevenibles.


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El dato más áspero aparece en la llamada segunda infancia. A los cinco años, los refuerzos de triple viral y varicela rondan apenas entre 45% y 47%, lo que implica que más de la mitad de los chicos no recibe las dosis necesarias para sostener inmunidad completa. El informe describe esos valores como uno de los retrocesos más fuertes del calendario y los asocia al riesgo de que vuelvan enfermedades que el sistema de salud argentino había logrado controlar.

Burgos explicó por qué ese bache coincide con la edad en la que muchos dejan de ir seguido al pediatra: “A medida que los chicos crecen, disminuye la frecuencia de las consultas pediátricas y eso impacta directamente en la vacunación. Al quedar dosis pendientes, se genera una falsa sensación de protección, cuando en realidad la inmunidad plena se logra con el esquema completo”. La frase pone en foco una trampa frecuente: creer que “con una dosis alcanza” o que el inicio del esquema ya equivale a estar cubierto.


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Ese mismo patrón se replica en adolescencia y se refleja en la vacuna contra el VPH. A nivel nacional, en 2024 la cobertura llegó a 55,5% en mujeres y 50,9% en varones, según el texto. Además, con datos de la Dirección de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles, se señala una baja sostenida entre 2015 y 2024: del 87% al 55% en mujeres y del 71% al 51% en varones, una caída que deja a una porción grande de la población sin la barrera preventiva completa en una etapa decisiva.

Fuente: NA.

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