
Desde este martes, la localidad de Santa Cruz cobra cerca de $3000 a quienes entran y se van en el día. Se paga con QR en los accesos y apunta a cubrir servicios urbanos que usa el turismo de paso.

En El Chaltén, la postal de mochilas, combis y autos cargados de visitantes suma desde esta semana un nuevo paso previo: el pago de una tasa para quienes entran a la localidad y no se quedan a dormir. La medida empezó a regir este martes y se aplica en los accesos al pueblo, con un valor que ronda los $3000 por persona. El objetivo declarado por el municipio busca compensar el uso de servicios urbanos que, en jornadas de alta afluencia, sostienen la rutina de un destino con demanda permanente.
El esquema apunta a un perfil muy específico: el viajero que llega, hace trekking o recorre puntos cercanos y vuelve a su base en el mismo día. La Municipalidad establece que la tasa alcanza a quienes arriban en excursiones organizadas, vehículos particulares, autos de alquiler o traslados, siempre que no acrediten alojamiento en la localidad. En cambio, quedan afuera los pasajeros de ómnibus de línea regular, porque el sistema considera que esa tasa ya figura incluida en el pasaje a la terminal.


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El detalle del monto también marca una forma de actualizarlo sin anunciar cifras fijas: el valor equivale a dos litros de nafta súper de YPF. Con los precios vigentes, esa referencia se traduce en $3018 por persona, según se informó. La lógica del cálculo conecta el cobro con un indicador que se mueve con el mercado, y eso evita que el municipio deba retocar el número con cada variación.
El pago no se hace en ventanilla ni en oficinas: se realiza con código QR y el sistema queda bajo administración directa del municipio. Esa decisión aparece como respuesta a una discusión previa dentro del sector turístico, cuando se barajó que las agencias de viajes funcionaran como intermediarias para cobrar la tasa. Ese formato generó objeciones y empujó una salida que concentra el control en el Estado local, con herramientas digitales instaladas en los puntos de ingreso.
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La tasa tiene un criterio central para eximir: quien demuestra que pernocta en establecimientos habilitados no la abona. En la práctica, el control se apoya en la acreditación de alojamiento y en la diferenciación entre turista que duerme en el pueblo y visitante de paso. El cambio introduce, además, una frontera nítida entre dos modos de consumir el destino: el que deja parte de su gasto en hospedaje y el que se apoya sobre la infraestructura por unas horas.
El municipio argumenta que el turismo de un día presiona sobre servicios urbanos que no siempre se ven en las fotos, pero definen la experiencia. En el listado aparecen el mantenimiento de sanitarios públicos, la recolección y tratamiento de residuos y la limpieza de espacios comunes, entre otras tareas cotidianas. En temporada y fines de semana largos, esos costos crecen con rapidez y vuelven más visible la tensión entre volumen de visitantes y capacidad de respuesta local.
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La medida no salió de un anuncio de último momento, sino de una ordenanza con recorrido administrativo previo. Según se informó, surge de la Ordenanza N°253 Tarifaria Anual 2025, aprobada a fines del año pasado e incorporada al Código Fiscal municipal. La implementación, de todos modos, quedó en suspenso durante meses mientras el Ejecutivo local probaba mecanismos de cobro que evitaran fricciones con el sector privado.
En ese punto aparece otra pieza del contexto: la posición de la Asociación Argentina de Agencias de Viajes y Turismo de El Calafate, que expresó desacuerdo con el esquema inicial y pidió que el municipio asuma la logística y precise prestaciones asociadas. Con ese antecedente, la decisión final se inclinó por el cobro directo en accesos y el uso de herramientas digitales. La discusión, sin embargo, no se agota en el “cómo”, porque también instala una pregunta sobre el “para qué” y qué servicios concretos cubre ese aporte.
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El Chaltén, reconocido oficialmente como Capital Nacional del Trekking, se suma así a una tendencia que varios destinos turísticos del país miran de reojo: cobrar al visitante que no se queda, para equilibrar gastos que la estadía no cubre. El nuevo sistema cambia el primer contacto del turista con el pueblo y ordena un flujo que, hasta ahora, entraba sin ese filtro. Con el QR ya en marcha, el impacto real se medirá en las próximas semanas, cuando el volumen de excursiones y vehículos ponga a prueba la dinámica del cobro y la respuesta del sector.
Fuente: LA NACION.

















