El precio del ternero quebró todos los techos y dejó a la ganadería en otro mapa

Actualidad07/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El valor de la invernada tocó un nivel inédito en dólares, con oferta corta y una demanda que no afloja ni afuera ni adentro del país.

Terneros. Foto Freepik
Terneros. Foto Freepik

La ganadería argentina entró en una zona de precios que hasta hace poco parecía difícil de sostener. El dato que mejor resume ese cambio está en la invernada: un ternero de 180 a 200 kilos llegó a cotizar a 6500 pesos por kilo, equivalentes a US$4,4 por kilo, una marca que, según el texto fuente, no tiene antecedentes en dólares constantes dentro de la historia local. No se trata de una suba más dentro de una secuencia habitual del mercado, sino de un valor que corrió la referencia histórica y obligó a releer todo el negocio.

La magnitud del salto aparece con más claridad cuando se la pone en perspectiva. El promedio de los últimos diez años se ubicó en US$1,80 corrientes por kilo, de modo que el nivel actual queda 140% por encima de esa referencia. Incluso en pesos constantes, donde el récord previo había llegado a 5500 pesos por kilo y apenas se sostuvo durante dos meses en 2022, el número actual volvió a romper el techo.


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Ese movimiento no quedó encerrado solo en la categoría de cría. La hacienda gorda también mostró un recorrido muy por encima de otros indicadores relevantes de la economía. Entre febrero de 2025 y febrero de 2026, el novillito aumentó 89% frente a una inflación del 30%, mientras que la vaca gorda subió 85% y un índice ponderado de insumos ganaderos avanzó 40%, una diferencia que deja a la vista un escenario especialmente favorable para el productor de carne.

El consultor Ignacio Iriarte, director de Informe Ganadero, sintetizó esa situación con una lectura que combina presente y proyección. “En síntesis, los valores actuales son muy rentables para el productor de carne, especialmente para el criador, y tienen chances de mantenerse durante un período prolongado”, afirmó. La frase importa no solo por lo que describe sobre la rentabilidad del momento, sino porque sugiere que el mercado no está leyendo este nivel de precios como un episodio aislado o meramente transitorio.


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Una de las explicaciones principales aparece del lado de la oferta. El texto señala que la faena de los últimos tres meses resultó muy baja, un dato que al principio se asoció a la incertidumbre por las elecciones de medio término, pero que siguió presente aun después de un resultado electoral favorable en octubre. Esa persistencia indica que la retracción no respondió únicamente a un factor político puntual, sino a una combinación más amplia de condicionantes productivos y expectativas.

A eso se sumó otra variable de peso: millones de hectáreas fuera de producción en el centro de Buenos Aires, junto con una retención estacional de primavera alimentada por la expectativa de precios en alza. Cuando los productores retienen hacienda esperando valores mejores y, al mismo tiempo, hay zonas productivas que no aportan la oferta habitual, el mercado se achica y los precios sienten rápidamente ese impacto. En este caso, esa tensión no solo empujó la invernada, sino que también sostuvo a la hacienda terminada en niveles muy por encima de lo que venían marcando los promedios.


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Pero la presión no llega solamente desde adentro del sistema. La fuente remarca que a la escasez de oferta se le superpone una demanda exportadora muy firme, en un contexto donde entre 2024 y 2025 el mercado mundial de carne vacuna aumentó 1,6 millones de toneladas. Detrás de ese crecimiento aparecen mayores compras de China, la Unión Europea y Estados Unidos, además del avance económico de países como Vietnam, Filipinas, Tailandia, Indonesia y Malasia, que empiezan a incorporar más carne vacuna en sus dietas.

Iriarte definió esa combinación con una frase que ayuda a leer por qué el mercado no encuentra un alivio rápido. “La escasez de oferta ganadera se combina con una demanda exportadora muy firme”, sostuvo. Esa ecuación explica buena parte del presente, pero no agota el cuadro, porque además persiste una resistencia interna a resignar consumo en el mercado doméstico, aun en medio de precios más tensos.


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Sobre ese punto, el consultor agregó otro elemento central para entender la presión actual sobre la hacienda. “Hay un combo explosivo porque la demanda mundial ha comenzado intensamente el año y hay capas de la población doméstica que se resisten a reducir el consumo por debajo 43 a 44kg/hab/año y eso se expresa en el precio de la hacienda”, planteó. En otras palabras, el productor se encuentra hoy con un mercado externo muy activo y con un consumo interno que, pese a las dificultades, todavía no termina de retroceder lo suficiente como para descomprimir los valores.

Con ese cuadro, la ganadería atraviesa un momento donde el precio dejó de ser solo una noticia sectorial y pasó a ordenar expectativas de toda la cadena. La invernada en máximos históricos, la hacienda gorda por encima de la inflación y una oferta que sigue sin normalizarse configuran un escenario de fuerte rentabilidad para el criador, pero también de enorme atención sobre lo que pueda pasar en los próximos meses. Si la faena sigue baja, la demanda externa mantiene su ritmo y el consumo local no cede más allá de cierto piso, el mercado seguirá funcionando bajo una lógica de escasez que hoy ya se refleja con claridad en cada kilo vivo.

Fuente: LA NACION.

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