
La mitad de los pacientes no sabe que tiene glaucoma y podrían quedar ciegos
Enfoques08/03/2026
REDACCIÓNLa enfermedad daña el nervio óptico sin dar señales tempranas, sigue como una causa central de ceguera irreversible y obliga a poner el foco en los controles.

El glaucoma sigue siendo una de las principales causas de ceguera irreversible y el problema más delicado es que en muchos casos avanza sin síntomas en sus etapas iniciales, por lo que una parte importante de quienes lo padecen no lo sabe. En ese marco, la Semana Mundial del Glaucoma se desarrolla entre el 8 y el 14 de marzo de 2026 con una consigna repetida por especialistas y organizaciones del área: llegar antes al diagnóstico para evitar daños que después no se recuperan.
En la Argentina, el cuadro también muestra un peso fuerte. Según el informe citado por Noticias Argentinas, más de un millón de personas conviven con glaucoma en el país, afecta a más del 6% de los mayores de 40 años y al 10% de los mayores de 70, mientras el desconocimiento sigue siendo alto: el 50% de la población no sabe qué es y una proporción similar nunca se tomó la presión ocular.


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Ese desconocimiento no aparece como un dato lateral, sino como una de las razones por las que la enfermedad gana terreno. La Academia Americana de Oftalmología advierte que el glaucoma suele no mostrar señales visibles al comienzo y que la pérdida visual progresa de manera silenciosa, una característica que coincide con lo señalado en el informe difundido en el país. Cuando el paciente consulta tarde, muchas veces el daño sobre el nervio óptico ya no puede revertirse.
El oftalmólogo Gabriel Bercovich, especialista en glaucoma y vicepresidente de la Asociación Argentina de Glaucoma, resumió ese núcleo del problema con una definición directa. “El glaucoma es una enfermedad crónica y progresiva que daña el nervio óptico y va produciendo lentamente pérdida del campo visual. El problema es que generalmente no da síntomas, no duele y no da señales tempranas, por lo que muchas veces llegamos tarde al diagnóstico cuando ya el daño es irreversible”, explicó.
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La edad aparece como uno de los factores que más empujan la necesidad de controles. Por eso, el informe remarca la recomendación de realizar una revisión oftalmológica todos los años a partir de los 40, e incluso antes cuando existen antecedentes familiares, presión intraocular elevada, miopía o hipermetropía alta o diabetes. Ese criterio también encaja con la prevalencia que muestran los datos argentinos a medida que sube la edad.
La médica oftalmóloga Anahí Lupinacci, subjefa del servicio de oftalmología del Hospital Universitario Austral, puso el foco en la detección precoz y en las herramientas disponibles para frenar el avance de la enfermedad. “No es necesario esperar a tener síntomas. El objetivo es diagnosticar antes de que la persona note una alteración. Actualmente existen opciones de tratamiento efectivas, como gotas que reducen la presión ocular, que permiten preservar la visión cuando la enfermedad se detecta a tiempo o láseres”, sostuvo.
Otro de los puntos que sobresalen del informe es la baja frecuencia con la que se controla la presión ocular. La oftalmóloga María Angélica Moussalli, del Hospital Italiano de Buenos Aires, advirtió: “En Argentina, el 40% de la población no se tomó la presión ocular en los últimos 5 años. El principal factor de riesgo para esta enfermedad ocular, está dado por la presión intraocular elevada y esto lastima al nervio óptico. Si no se trata, el daño continuo sobre el nervio puede conducir a defectos del campo visual, discapacidad visual y hasta ceguera”.
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Ese control no se agota en una sola medición aislada, porque el glaucoma puede presentarse de distintas formas y requiere estudios específicos para ser detectado a tiempo. El material difundido señala que durante el examen oftalmológico se deben incluir la toma de presión ocular, curvas diarias, fondo de ojos y evaluación de la función del nervio óptico con campo visual. También recuerda que existen variantes congénitas, juveniles, del adulto de ángulo abierto o cerrado y formas secundarias asociadas a traumatismos o uso de corticoides.
El tipo más frecuente es el glaucoma primario de ángulo abierto, que suele aparecer desde los 35 o 40 años, y por eso la prevención queda tan ligada a la rutina de consulta y no a la aparición de molestias. Una vez confirmado el diagnóstico, los especialistas remarcan que el seguimiento debe sostenerse de por vida, con controles al menos una o dos veces por año y tratamientos que pueden incluir gotas, láser o cirugía según cada caso. La diferencia entre conservar visión o perderla muchas veces no la marca el síntoma, sino el momento en que el paciente decide controlarse.















