
La exclusión de cumbres regionales y cambios en beneficios migratorios marcaron el primer año de política exterior del gobierno de Yamandú Orsi.

La política exterior de Uruguay atraviesa un momento de redefinición que comienza a reflejarse en el vínculo con Estados Unidos. En los últimos meses, el país quedó afuera de encuentros regionales impulsados por Washington y perdió algunos beneficios diplomáticos, mientras el gobierno de Yamandú Orsi profundiza su relación con China.
Uno de los episodios más visibles ocurrió recientemente cuando Uruguay no participó de la Cumbre Escudo de las Américas realizada en Florida, un encuentro convocado por el presidente estadounidense Donald Trump para coordinar políticas regionales contra el crimen organizado y la expansión de la influencia china en América Latina. La ausencia del gobierno uruguayo también se replicó en una junta diplomática impulsada por Washington para abordar el conflicto en Gaza.


A ese escenario se sumó otra medida con impacto directo en los ciudadanos uruguayos. Las autoridades estadounidenses decidieron suspender un régimen migratorio favorable que facilitaba el tránsito y permanencia de uruguayos en su territorio, una herramienta que durante años formó parte del vínculo bilateral.
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El ex embajador de Uruguay ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Washington Abdala, consideró que el cambio de rumbo diplomático explica buena parte de esas decisiones. En diálogo con Infobae afirmó que el país perdió posicionamiento dentro del esquema político regional impulsado por la Casa Blanca.
“El mundo es blanco o negro y vos te tenés que parar de un lado o del otro, como lo hacen Argentina, Paraguay... Uruguay no forma parte del club de amigos de Trump”, sostuvo el ex diplomático al analizar la estrategia internacional del actual gobierno.
Según Abdala, la distancia con Washington comenzó a evidenciarse a partir de varias decisiones adoptadas por la administración de Orsi. Una de ellas fue la reacción oficial ante la captura del líder venezolano Nicolás Madurodurante una operación militar estadounidense realizada a comienzos de enero.
En ese momento, la Cancillería uruguaya expresó su preocupación por el operativo y el propio presidente señaló que “rechazo a la intervención militar y búsqueda permanente de una salida pacífica a la crisis venezolana. El fin no puede justificar los medios”. La postura se alineó con varios gobiernos progresistas de la región.
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Poco después, el mandatario uruguayo encabezó una visita oficial a China, donde firmó junto a Xi Jinping una asociación estratégica integral que amplía los acuerdos comerciales, políticos y académicos entre ambos países. La delegación incluyó a unos 150 integrantes, entre funcionarios, empresarios y sindicalistas.
La gira generó inquietud en Washington y en Taiwán, que observan con atención el crecimiento de la influencia china en América Latina. En paralelo, el gobierno uruguayo también emitió un comunicado crítico sobre las tensiones militares entre Estados Unidos, Israel e Irán, en el que pidió respetar el derecho internacional y promover la desescalada del conflicto.
Para Abdala, el problema no radica en los vínculos con China sino en la manera en que Uruguay gestiona sus relaciones con las grandes potencias. “El problema no es la visita a China, el tema criticable es no entender la dimensión de la política exterior norteamericana y no saber jugar con ellos”, explicó.
El ex embajador también comparó la estrategia uruguaya con la de otros países de la región que priorizan un acercamiento directo con la Casa Blanca. En ese sentido mencionó la relación que el presidente argentino Javier Mileimantiene con Washington.
“No me acuerdo la cantidad de veces que lo vi a Milei en Estados Unidos. Debe llevar una docena de veces que va para allá. ¡Muy bien! Eso le rindió muy bien”, afirmó, al señalar que una diplomacia activa puede abrir puertas en momentos económicos complejos.
Más allá de las diferencias políticas, Abdala sostuvo que el principal desafío para Uruguay pasa por la capacidad de atraer inversiones internacionales. En su análisis, el posicionamiento diplomático resulta determinante para generar confianza en los mercados.
“La única palanca del desarrollo es la inversión”, advirtió el ex funcionario, al subrayar que el país necesita sostener niveles elevados de capital extranjero para impulsar su crecimiento.
El debate sobre el rumbo internacional del país sigue abierto dentro del escenario político uruguayo. Mientras el gobierno profundiza acuerdos con Asia y Europa, algunos analistas advierten que el equilibrio entre las grandes potencias será un factor central para definir el papel de Uruguay en la región durante los próximos años.















