
De la Esquizofrenia al trabajo en el hospital: la historia que emociona en Madryn
Chubut17/03/2026
REDACCIÓNA los 30 años, Jonathan encontró un rumbo que hace algunos años parecía imposible. Trabaja en el hospital de Puerto Madryn, alquila su propio departamento, terminó de alejarse de los consumos y está a punto de finalizar la secundaria. Su historia atraviesa diagnóstico de esquizofrenia, tratamiento en salud mental y un proceso largo de reconstrucción personal que hoy lo muestra orgulloso de sí mismo.

“Soy paciente de salud mental desde el 2017. Empecé mi tratamiento y me diagnosticaron que tengo esquizofrenia”, contó. En aquel momento, la medicación formaba parte de la rutina diaria y marcaba su ritmo de vida. “Tomaba medicación en la mañana, en la tarde y por la noche. Me relajaba mucho, me calmaba”, recordó.
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Con el tiempo, Jonathan empezó a replantearse cómo quería vivir. La decisión no fue sencilla. “Yo solo fui dejando mi medicación. También dejé los vicios, el alcohol, cigarrillo, todo”, explicó al repasar uno de los momentos más determinantes de su proceso.
El cambio se apoyó en varios pilares. La familia, la fe, la terapia y los espacios comunitarios ayudaron a sostener un camino que se fue construyendo paso a paso. “Me fortalecí más en la iglesia, me puse de novio, empecé a estudiar y mi familia me ayudó”, relató.
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Una de las etapas importantes de ese recorrido ocurrió dentro del sistema público de salud. Durante su tratamiento participó en el centro de día del hospital, donde encontró actividades que le permitieron recuperar vínculos y rutinas. “Hacíamos yoga, huerta, musicoterapia cognitiva, radio y varias actividades. También salíamos a la playa recreativa y a paseos”, enumeró.
El punto de inflexión llegó cuando apareció la posibilidad de acceder a un empleo a través de un cupo laboral para personas con discapacidad. Entre varios postulantes, Jonathan quedó seleccionado. Eligió el área de mantenimiento del hospital y desde entonces su vida cambió por completo.
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“Al principio no entendía nada, estaba perdido, pero fui aprendiendo. Empecé a conocer herramientas, materiales, aprendí a soldar”, explicó sobre los primeros meses de trabajo. Con el tiempo, sus compañeros y superiores comenzaron a confiar en él.
Hoy cumple un rol clave en el sector. “Cuando llega una mercadería yo anoto qué vino y qué falta. Mis compañeros me preguntan y yo sé si hay o no hay. Busco las cosas rápido”, contó con orgullo sobre su tarea diaria.
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El reconocimiento en el trabajo también llegó acompañado de logros personales que años atrás parecían lejanos. Jonathan vive solo, tiene su propia moto y está terminando la secundaria en la Escuela 789 de Puerto Madryn. “Me quedan cinco materias y termino”, dijo.
Dentro de la escuela también dejó huella. “Fui abanderado porque venía bien y no faltaba ningún día”, recordó. Esa constancia incluso lo llevó a participar del Parlamento Juvenil del Mercosur, donde representó a su establecimiento educativo en un encuentro realizado en Buenos Aires.
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Mirar hacia atrás todavía le genera emociones encontradas. Cuando le preguntan qué le diría a su versión de hace ocho años, responde sin dudar: “No lo quisiera ver. En ese tiempo estaba muy perdido, no hacía las cosas que tenía que hacer”.
Pero esa distancia con su pasado también se transformó en aprendizaje. Hoy, cuando se cruza con personas que atraviesan situaciones similares a las que él vivió, su mensaje es claro. “Con esfuerzo se puede. No es fácil, pero con esfuerzo y voluntad de uno mismo se puede”, afirmó.
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En ese camino también apareció el grupo PAR, un espacio de acompañamiento impulsado desde el área de salud mental que reúne a personas con padecimientos similares para compartir experiencias y construir objetivos personales. Allí Jonathan encontró otro lugar de contención.
“El grupo PAR me ayudó muchísimo. Me ayudó a proponer metas: terminar la escuela, hacer deporte, comer saludable y vivir solo”, explicó. La coordinadora del espacio, Geraldine Rearte, Acompañante Terapéutica, define el espíritu del programa con una idea simple. “Es un grupo donde nadie es juzgado. Yo simplemente aporto una pequeña semilla, pero el proceso se va gestando entre todos”, sostuvo. Cualquier persona con diagnóstico de Salud Mental puede sumarse, los encuentros comienzan en abrily son gratuitos.
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Ese intercambio, asegura, es la base del proyecto. “La esencia la dan las personas que vienen con sus historias y su padecimiento mental, pero también con ganas de abrirse y confiar”, explicó Geraldine. Para Jonathan, el resultado de ese recorrido hoy se resume en una sensación que antes parecía imposible. Cuando le preguntan si se siente orgulloso de sí mismo, responde sin dudar: “Muy orgulloso”.



















