Bajó casi 5000 metros al océano y lo que vio cambia lo que sabemos del mar

Actualidad18/03/2026Sergio BustosSergio Bustos

Gran parte del océano sigue siendo un territorio desconocido, incluso en pleno siglo XXI. En ese escenario, las misiones científicas que logran descender a miles de metros de profundidad no solo aportan datos, sino que abren preguntas nuevas sobre cómo funciona la vida en condiciones extremas. En ese campo, una investigadora argentina viene ocupando un lugar central.

cientifica
María Emilia Bravo.

María Emilia Bravo, bióloga marina e investigadora del CONICET y la UBA, forma parte de ese grupo reducido que explora zonas donde casi nadie llegó. Su trabajo se concentra en los ecosistemas quimiosintéticos, ambientes donde la vida no depende de la luz solar, sino de reacciones químicas que permiten sostener comunidades completas en la oscuridad.

En 2024 participó de una misión que la llevó a descender 4907 metros en el océano frente a Alaska. La inmersión duró 12 horas y se realizó a bordo del sumergible Alvin, una nave preparada para soportar presiones extremas y que ya había sido utilizada en otras exploraciones históricas. La experiencia implicó ingresar en un entorno prácticamente inaccesible.


OTRAS NOTICIAS

mapa chubutMientras el país pierde empleo, dos provincias patagónicas concentran las peores caídas

“Para mí representaba la posibilidad de ver con mis propios ojos ese mundo fascinante que es casi surreal”, explicó sobre esa misión. La científica describió la experiencia como un momento único dentro de su carrera, en el que pudo observar directamente organismos y paisajes que hasta entonces solo conocía a través de estudios.

El objetivo de esa expedición no era solo explorar, sino comprender procesos invisibles. “Buscábamos entender el rol del gas metano en la biodiversidad y funciones ecológicas de los ecosistemas”, señaló. La investigación abordó desde microorganismos hasta comunidades completas, integrando distintas escalas de análisis.

El desafío principal no era únicamente científico, sino también tecnológico. “La limitación de poder llegar hasta el fondo implica un desafío tecnológico”, explicó Bravo. El uso de sumergibles tripulados y vehículos autónomos permitió superar esas barreras y obtener información en zonas donde la presión y la falta de luz hacen imposible cualquier intervención convencional.


OTRAS NOTICIAS

detenido federalCayó en Trelew un prófugo por drogas que llevaba días oculto en una casa

Ese trabajo se complementó con otra expedición reciente en el mar Argentino, donde Bravo lideró la campaña “Vida en Extremos”. Durante esa misión, realizada entre fines de 2025 y comienzos de 2026, el equipo logró documentar ecosistemas del talud continental que fueron transmitidos en vivo.

Entre los hallazgos más impactantes apareció una medusa de aguas profundas de tamaño inusual, comparable al de un autobús escolar. También se identificó el mayor arrecife conocido de Bathelia candida y se registraron al menos 28 posibles nuevas especies, según informó el equipo científico.

Estos descubrimientos cobran relevancia en un contexto donde el conocimiento del océano sigue siendo limitado. Apenas una parte del fondo marino fue cartografiada con tecnología de alta resolución, y los especialistas reconocen que la mayoría de las profundidades permanece inexplorada.


OTRAS NOTICIAS

ballenas hieloUn fondo marino sin vida: qué pasa cuando las ballenas no llegan a hundirse

“Dado que más del 90 % del océano es profundo, una gran parte de él aún queda por explorar”, señalan organismos internacionales. Incluso se estima que los humanos observaron menos del 0,001 % del fondo marino profundo, lo que dimensiona la magnitud de lo desconocido.

El trabajo de Bravo también se inscribe en otro escenario más amplio: el de la participación de mujeres en la ciencia. A nivel global, siguen siendo minoría en roles de investigación y liderazgo, lo que agrega otra dimensión a su trayectoria dentro de un campo altamente especializado.

“Pude observar desde adentro el mar profundo”, recordó sobre su experiencia. La frase resume una práctica científica que combina riesgo, tecnología y conocimiento para acceder a uno de los entornos más extremos del planeta.

En ese camino, cada descenso no solo suma datos, sino que redefine lo que se sabe sobre la vida en la Tierra.

Te puede interesar
Suscribite al newsletter de #LA17