Viajar solas después de los 40, el proyecto que busca romper prejuicios

Turismo18/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La escena no es casual ni improvisada. Surge de una incomodidad concreta, repetida y poco nombrada: mujeres que quieren viajar solas, pero no encuentran cómo ni con quién hacerlo sin sentirse observadas o fuera de lugar. Desde ese punto, un grupo de emprendedoras decidió armar una propuesta que busca cambiar esa experiencia desde la raíz.

Viajes para mujeres
Viajes para mujeres +40

El proyecto se llama Slow and Steady Travel y tiene una premisa clara: viajar de otra manera. No se trata de recorrer destinos a contrarreloj ni de acumular fotos, sino de generar experiencias más profundas, con grupos pequeños y una mirada consciente sobre el entorno. La propuesta crece entre Argentina y Brasil, con base en la Patagonia, Curitiba y la Amazonía.


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La iniciativa tomó fuerza a partir de una necesidad personal. “Empezó por un dolor mío, muy mío”, explicó Lía Barros, una de las impulsoras. Ese punto de partida se transformó en un diagnóstico más amplio: muchas mujeres mayores de 40 quieren viajar, pero enfrentan prejuicios sociales o inseguridades que las frenan.

Siempre nos quejamos, no tenemos un lugar para ir a bailar, si vamos a comer solas nos quedan mirando... si vamos de vacaciones solas también”, planteó. Esa mirada sobre lo cotidiano terminó trasladándose al turismo, donde detectaron un vacío claro: propuestas pensadas específicamente para ese segmento.


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A partir de ahí, el proyecto se enfocó en armar grupos reducidos —de hasta 12 personas— y en generar un entorno de confianza progresivo. La idea es acompañar a quienes nunca viajaron solas o no se animan, con la posibilidad de ganar autonomía con el tiempo. “Empecemos por pequeños grupos en donde te vas sintiendo más segura”, resumió Barros.

Pero la propuesta no se agota en lo social. También hay una fuerte impronta ambiental. El modelo apunta al ecoturismo regenerativo, una forma de viajar que no solo minimiza el impacto, sino que busca dejar una huella positiva en los lugares visitados.


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Vamos en contra del turismo masivo, trabajamos con grupos muy chiquitos o personas que viajan solas”, explicó Barros. Esa lógica incluye elegir prestadores locales y promover experiencias que conecten con la cultura, la gastronomía y el cuidado del entorno.

En esa línea, el rol de las comunidades es central. Cora Ferreira, socia y responsable técnica del proyecto, destacó que el turismo puede ser una herramienta para sostener el arraigo. “El turismo tiene que aportar a que la gente se quede en su lugar, que el baquiano se quede en su lugar”, afirmó.


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La iniciativa también suma una dimensión educativa. No solo busca transformar la forma de viajar, sino también la mirada del viajero. “El turismo sea ese lazo entre el viajero y la gente local”, sostuvo Ferreira, al describir el vínculo que promueven en cada experiencia.

En paralelo, el proyecto se vincula con la idea de cambio personal. Para Claudia Martitsch, guía con amplia trayectoria en la Patagonia, el viaje debe tener un impacto más allá del descanso. “No es un paquete, vos vas a brindar una experiencia”, señaló. Ese enfoque apunta a que cada recorrido tenga un efecto concreto en quien participa. “Esa persona sale cambiada para mejor”, afirmó Claudia, al definir el tipo de experiencia que buscan construir.


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Los destinos reflejan esa lógica: Amazonía, Río de Janeiro, Paraty, Bahía o la Patagonia, combinando ciudades con entornos naturales más profundos. En todos los casos, el esquema se repite: pocos días en zonas urbanas y luego inmersión en espacios naturales.

El proyecto también incorpora herramientas específicas para la seguridad de las viajeras. En Brasil, la agencia cuenta con un sello orientado a mujeres, lo que implica capacitación y protocolos específicos. “Para tener ese sello tuvimos que hacer un curso de capacitación”, explicó Barros.


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La propuesta no excluye a otros públicos, pero sí define una prioridad clara. Apunta principalmente a mujeres mayores de 40, muchas de ellas atravesando cambios personales. “Estamos en un momento en que las mujeres tenemos algo poderosísimo que es libertad y la posibilidad y ganas de viajar”, sintetizó Barros.

Detrás de la experiencia turística aparece, entonces, algo más amplio: una redefinición de esa etapa de la vida. Lejos de la idea de cierre, las impulsoras la describen como un punto de partida. “Arranca otra etapa que es maravillosa”, concluyó.

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