
Un pedido desesperado en alta mar terminó con un buque de regreso urgente a puerto
Actualidad19/03/2026
Sergio BustosLa decisión de interrumpir una marea en plena navegación no suele ser habitual en la industria pesquera. Sin embargo, eso fue lo que ocurrió con el buque fresquero “Niño Jesús de Praga”, que cambió su rumbo y regresó a Mar del Plata tras el pedido insistente de una de sus tripulantes. La situación se produjo en alta mar y derivó en una investigación judicial que todavía mantiene varios puntos sin aclarar.

El episodio comenzó durante la noche del lunes, cuando la embarcación ya se dirigía hacia la zona de pesca al sur de Necochea. A bordo viajaban 15 personas, entre ellas una sola mujer, con experiencia en la actividad desde 2013 y con dos años dentro de esa tripulación. Su recorrido en el sector incluía también pasos previos por otros buques, lo que descarta que se tratara de una debutante en ese entorno.
Según pudo reconstruirse, la situación se desató dentro de un camarote compartido con tres compañeros. Después de una instancia de convivencia habitual tras la cena, la trabajadora se acostó y, en ese contexto, sintió que le arrojaron un spray en dos ocasiones. A partir de ese momento comenzó a sentirse mal físicamente y decidió salir del lugar.


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El relato continuó en el puente de mando, donde la marinera explicó lo sucedido al Primer Pescador. La respuesta fue inmediata: el oficial informó al capitán Nahuel Terrue, quien dispuso trasladarla a otro camarote sin ocupantes. Aun así, la mujer permanecía alterada y con temor por su situación dentro del barco.
Fue entonces cuando expresó con claridad lo que quería que ocurriera: “Quiero volver a puerto”. El pedido no quedó en una simple manifestación de angustia. El capitán comunicó lo sucedido a Prefectura y ordenó el regreso inmediato hacia Mar del Plata, una decisión que impactó directamente en la operatoria del viaje.
Horas más tarde, ya de madrugada, la marinera volvió a insistir en que no se sentía segura a bordo. Hasta ese momento no había podido usar su teléfono para contactar a su familia, lo que incrementaba la tensión. La situación empezó a calmarse cuando confirmó que el buque efectivamente regresaba y logró comunicarse con un referente del gremio SICONARA.
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El arribo al puerto activó un operativo poco habitual. Personal de Prefectura esperaba en el muelle y realizó una requisa extraordinaria que incluyó la participación de perros antinarcóticos. Un integrante de la tripulación aseguró que “no encontraron nada, ni sustancias ni alcohol… La chica bajó bien y se la llevaron a hacer la exposición”, aunque el procedimiento no logró despejar todas las dudas.
La trabajadora recibió asistencia inmediata por parte de una psicóloga y luego prestó declaración formal. La causa quedó en manos del fiscal Carlos Martínez, del área de Atención Inicial a Víctimas, quien tomó testimonio con apoyo de peritos. Desde la fiscalía indicaron que “aunque el relato tiene agujeros, lo que dijo pareció razonable”, lo que deja abierta la investigación.
Mientras tanto, los otros tripulantes también fueron interrogados. Los tres compañeros que compartían camarote negaron lo ocurrido y sostuvieron otra versión: “Dijeron que la chica se había confundido, que no accionaron ningún spray y que nadie hizo nada de lo que dijo que había pasado”. Esa contradicción marca uno de los ejes centrales que deberá resolver la Justicia.
El caso también generó intervención sindical y abrió cuestionamientos sobre los protocolos a bordo. La reciente enmienda internacional que regula situaciones de violencia y acoso en el ámbito marítimo exige mecanismos claros de actuación, algo que ahora se analiza en relación con este episodio. Incluso persisten dudas sobre si el hecho quedó registrado en la documentación interna del buque.














