
Lo que encontraron en Cardenal Samoré frenó a varios argentinos antes de entrar a Chile
Policiales24/03/2026
REDACCIÓNLos controles en el paso fronterizo dejaron detenidos, armas, municiones y un cargamento irregular oculto en un camión. Todo apareció en distintos procedimientos.

En Cardenal Samoré, uno de los cruces más transitados entre la Argentina y Chile, una serie de inspecciones expuso en pocas horas un cuadro inquietante para las autoridades del vecino país. En distintos procedimientos aparecieron armas de fuego, municiones y mercadería sin respaldo sanitario, todos elementos que viajaban en vehículos con patente argentina o en un transporte de carga. El dato no quedó reducido a un solo hallazgo aislado, porque los secuestros se repartieron en varios operativos y mostraron un patrón que encendió la respuesta aduanera en ese corredor internacional.
El episodio que más peso tomó dentro del operativo surgió durante la revisión de una camioneta que viajaba desde Buenos Aires con destino a Puerto Varas. Allí, los agentes encontraron 161 municiones calibre .22 sin percutar, escondidas entre el equipaje, una maniobra que cambió por completo el curso del control y derivó en la detención de los ocupantes. La presencia de esa cantidad de municiones, además del modo en que estaban ocultas, convirtió el procedimiento en uno de los más sensibles de la jornada en la frontera.
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Pero ese no fue el único hallazgo que alteró la rutina del complejo fronterizo, porque en otros controles también aparecieron más elementos vinculados al armamento. Según la información oficial, en vehículos con patente argentina se detectaron cuatro municiones calibre 12, ocho municiones calibre .22, un revólver calibre .38 y un pistolón calibre 14. Todo ese material salió de circulación de inmediato y quedó a disposición de la autoridad competente, en el marco de actuaciones abiertas por las infracciones detectadas.
La dimensión del operativo se entiende mejor cuando se observa que los secuestros no respondieron a una sola inspección casual, sino a cuatro procedimientos distintos. Ese dato muestra que la vigilancia en Cardenal Samoré no se apoyó solamente en controles de rutina, sino también en una selección previa basada en perfiles de riesgo que orientó la fiscalización hacia determinados vehículos. En otras palabras, la frontera funcionó ese día como un filtro activo sobre ingresos considerados sensibles por el tipo de carga o por las características del traslado.
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Desde la administración aduanera de Osorno explicaron que estos procedimientos forman parte de una estrategia sostenida para detectar mercancías ilegales o sujetas a control especial. Olga Oyarce sostuvo que “estas tareas responden a estrategias de fiscalización que permiten detectar mercancías ilegales o sujetas a control, como las municiones”. La definición oficial aportó una clave para entender por qué los controles terminaron con varios secuestros en pocas horas y por qué el paso quedó otra vez bajo atención por parte de los organismos chilenos.
En el caso de las armas y las municiones, la base legal del secuestro quedó vinculada a la normativa chilena que regula este tipo de materiales. Las autoridades indicaron que los elementos fueron incautados por infringir la Ley 17.798 sobre control de armas y explosivos, que establece restricciones concretas para el ingreso y transporte de esos productos en territorio chileno. Ese encuadre no solo sostiene la actuación policial y aduanera, sino que además marca la gravedad con la que el país vecino trata cualquier movimiento irregular de material bélico en pasos internacionales.
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A la par de esos procedimientos, otro control dentro del mismo complejo abrió una línea distinta de preocupación, esta vez ligada al contrabando y a la circulación de productos sin autorización sanitaria. En un camión los agentes detectaron 819 unidades de ungüentos y cremas faciales, una carga que no contaba con los registros exigidos para ingresar. La irregularidad cambió el eje del operativo, porque ya no se trataba de armas o municiones, sino de mercadería que también implicaba un incumplimiento serio en la frontera.
Los productos, de acuerdo con lo informado, estaban escondidos en cajas bananeras y mezclados con el resto de la carga transportada, un detalle que reforzó la sospecha de una maniobra para esquivar los controles. La falta de documentación y de autorización sanitaria derivó en la incautación inmediata del cargamento y en la apertura del procedimiento administrativo correspondiente. Esa escena volvió a mostrar que en Cardenal Samoré no solo se vigila el ingreso de armamento, sino también el movimiento de bienes que intentan cruzar por fuera de las reglas vigentes.
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El conjunto de los secuestros dejó una señal fuerte sobre lo que hoy buscan cortar las autoridades en uno de los accesos más importantes entre ambos países. En ese mismo punto conviven tránsito turístico, transporte de cargas y circulación particular, una combinación que obliga a reforzar la capacidad de detección frente a maniobras muy diferentes entre sí. Por eso, detrás de cada control exitoso aparece una misma preocupación estatal: impedir que crucen armas, municiones, contrabando o mercadería sin aval sanitario por un paso que concentra un flujo constante de personas y vehículos.
Lejos de una postal de tránsito ordinario, la jornada en Cardenal Samoré terminó con detenidos, material bélico secuestrado y un cargamento cosmético fuera de circulación. Los distintos procedimientos dejaron al descubierto cómo un mismo corredor puede concentrar riesgos diversos en pocas horas y obligar a actuar sobre frentes muy distintos al mismo tiempo. En ese contexto, el paso volvió a quedar en el centro de una política de fiscalización permanente que busca cerrarles el paso a ingresos irregulares antes de que lleguen a destino.
















