Mendoza va por embriones congelados para cambiar el futuro de su ganado

Actualidad24/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un acuerdo con el Conicet pondrá biotecnología reproductiva al alcance de productores mendocinos y buscará mejorar genética, adaptación y productividad.

Ganado vacuno
Ganado vacuno

La novedad no pasa solo por un convenio firmado entre oficinas públicas, sino por algo bastante más concreto para el mapa ganadero mendocino: la posibilidad de que la mejora genética deje de ser un recurso lejano y empiece a bajar al territorio con herramientas de uso real. En una provincia donde las condiciones áridas obligan a producir con márgenes ajustados y decisiones finas, el acceso al congelamiento de embriones puede modificar la lógica de crecimiento de muchos rodeos. Ese movimiento, además, no se limita al bovino, porque también alcanza a una especie especialmente sensible para Mendoza, como la cabra criolla.

El acuerdo fue rubricado entre el Gobierno de Mendoza y el Conicet, con el objetivo de desarrollar un proyecto científico orientado a conservar y mejorar la genética de bovinos y caprinos. La provincia cuenta con un rodeo superior a 470.000 cabezas vacunas, y desde hace tiempo viene buscando que la ganadería gane peso dentro de una matriz productiva históricamente más asociada a otros sectores. En ese contexto, la incorporación de biotecnología reproductiva aparece como una herramienta para empujar productividad, adaptación y resguardo del patrimonio ganadero local.


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La coordinación técnica del trabajo quedará repartida entre el Instituto de Histología y Embriología de Mendoza (IHEM), dependiente del Conicet, y la Dirección Provincial de Ganadería, bajo la órbita del Ministerio de Producción. La ejecución del proyecto estará a cargo de la doctora Marcela Michaut, junto con los médicos veterinarios Laura Pérez y Augusto Profumieri. Esa estructura revela que el plan no está pensado como un anuncio abstracto, sino como una intervención concreta que mezcla investigación aplicada, laboratorio y trabajo directo con el sector productivo.

La mirada oficial sobre ese cruce entre ciencia y producción quedó sintetizada en las palabras del ministro Rodolfo Vargas Arizu, quien sostuvo: “Este tipo de acuerdos permiten acercar el conocimiento científico al sector productivo, generando innovación y nuevas oportunidades para el desarrollo de la ganadería mendocina”. La frase marca el eje real del convenio, porque no se trata solo de preservar genética, sino de transformar ese conocimiento en una ventaja práctica para productores de distintas escalas. La apuesta, según la propia provincia, también busca sostener un esquema de desarrollo más compatible con criterios de eficiencia y sostenibilidad.


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Uno de los puntos más interesantes del proyecto está en el tipo de acceso que puede abrir para establecimientos que históricamente quedaron afuera de este tipo de recursos. El director de Ganadería provincial, Francisco Ríos, remarcó: “Es un convenio muy amplio, donde los productores mendocinos van a tener una ventaja, ya que van a poder congelar los embriones, logrando mejorar la genética del ganado bovino y caprino en toda la provincia”. Lo que se desprende de esa definición es que la biotecnología deja de quedar reservada únicamente para programas comerciales de gran escala y empieza a pensarse también para productores más chicos.

En términos técnicos, el congelamiento de embriones ofrece una ventaja central: rompe la urgencia. A diferencia de los embriones frescos, que exigen tiempos muy cortos para su implantación, los criopreservados pueden permanecer almacenados en nitrógeno líquido hasta que aparezca el momento adecuado, ya sea por disponibilidad de hembras receptoras, por manejo del celo o por condiciones de pastura más favorables. Esa flexibilidad permite ordenar mejor la logística del campo y, al mismo tiempo, acelerar la difusión de genética superior hacia rodeos comerciales.


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El esquema diseñado para Mendoza incorpora además un punto diferencial respecto de otras experiencias: el foco puesto en la especie caprina y, en particular, en la protección de la cabra criolla. La intención es generar y criopreservar embriones de esa raza local para resguardar su genética frente a desastres naturales o cambios ambientales, además de potenciar la producción en contraestación. El dato no es menor, porque el IHEM ya consiguió el nacimiento del primer cabrito criollo mediante semen criopreservado y técnicas de reproducción fuera de la temporada natural, una base previa que le da espesor al proyecto actual.

La provincia también busca que esa mejora genética no quede divorciada de las condiciones concretas de Mendoza. Los embriones apuntan a fortalecer poblaciones ganaderas que tienen que responder en ambientes secos y exigentes, algo que vuelve especialmente valioso el criterio de adaptación local. En paralelo, la criopreservación simplifica el transporte de genética entre provincias e incluso hacia otros países sin necesidad de mover animales vivos, lo que abarata costos operativos y abre una puerta más nítida para mercados con mayor valor agregado.


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Ese movimiento no aparece aislado dentro de la estrategia provincial, sino montado sobre una serie de cambios previos que Mendoza mostró durante 2025. La gestión destacó avances sanitarios, productivos y tecnológicos, entre ellos el fortalecimiento de controles higiénico-sanitarios, la ampliación del laboratorio oficial de General Alvear para diagnósticos como brucelosis, anemia infecciosa equina, enfermedades venéreas y triquinosis, y programas como el de destete precoz y selección de vientres, con proyecciones de mejora de entre 15% y 30% en los índices de preñez. A eso se sumaron mejoras en conectividad rural, digitalización de trámites y articulación con el Senasa, un contexto que ayuda a entender por qué la provincia ahora empuja una etapa más ambiciosa.

También durante 2025 se había consolidado la vinculación científico-tecnológica entre el gobierno local y el Conicet a través del IHEM, con continuidad operativa, acceso a infraestructura de alta complejidad y el inicio de un plan piloto de evaluación de semen. El nuevo acuerdo, entonces, no nace de cero: se apoya en esa experiencia previa para ir un paso más allá y convertir el laboratorio en una herramienta de impacto directo sobre el rodeo mendocino. Si ese puente entre investigación y producción logra sostenerse en el tiempo, Mendoza no solo podría mejorar la calidad genética de sus animales, sino también construir una ganadería más preparada para competir desde sus propias condiciones ambientales y productivas.

Fuente: LA NACION.

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