
Cortaron la electricidad de una empresa, entraron sin cámaras y se llevaron 30 millones de pesos en efectivo
Policiales24/03/2026
REDACCIÓNEl golpe ocurrió en Capitán Bermúdez y dejó a una firma industrial sin efectivo, cheques ni parte de su documentación. La pesquisa ya mira un dato sensible.

La escena que encontraron el lunes en Capitán Bermúdez no remitía a un robo improvisado ni a una irrupción apurada para sacar lo que hubiera a mano. Todo indicaba que antes hubo tiempo, observación y una secuencia pensada para dejar a la empresa sin reacción, sin registro y sin margen de respuesta inmediata. El punto más delicado de esa maniobra no estuvo solo en la violencia del ingreso, sino en la manera en que los delincuentes lograron anular de antemano el sistema que podía delatarlos.
La firma afectada fue Rafa S.A., una empresa dedicada a montajes industriales que trabaja en un sector especialmente sensible del cordón productivo de la región. Su actividad está ligada a ingeniería de proyectos, fabricación y montaje de plantas industriales, con tareas vinculadas a energía, petróleo y gas, además de servicios de mantenimiento y reformas. Justamente por ese perfil, el golpe no pega solo sobre una caja fuerte vaciada, sino también sobre una empresa insertada en una trama industrial de peso en la zona.


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De acuerdo con la información conocida hasta ahora, los autores del hecho habrían comenzado su operación durante el fin de semana. En ese tramo previo, lograron cortar el suministro eléctrico de manera tal que las cámaras de seguridad y la alarma dejaran de funcionar. Esa decisión, lejos de aparecer como un detalle técnico menor, fue la condición que les permitió moverse dentro del predio con un nivel de cobertura que no suele estar al alcance de un robo común.
Cuando el personal llegó al lugar el lunes, el golpe ya estaba consumado y el edificio mostraba señales claras de ingreso forzado. No se trató, entonces, de una simple sospecha por faltantes administrativos ni de una revisión posterior de caja, sino de un escenario material que dejó expuesta la intrusión. A partir de esa constatación, empezó a ordenarse una investigación donde el método usado por los ladrones pesa tanto como el monto sustraído.
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Los responsables de la empresa sostienen que el botín ronda los 30 millones de pesos en efectivo, una cifra que por sí sola explica la magnitud del hecho. Pero el robo no se habría agotado en ese dinero guardado dentro de la caja fuerte. También denunciaron la desaparición de cheques en blanco, documentación interna y otros elementos que todavía están siendo verificados por los peritos que intervienen en la causa.
Ese dato amplía bastante el impacto del episodio, porque ya no se habla solo de una suma importante de plata en efectivo. La falta de papeles y valores comerciales agrega una dimensión más compleja, tanto por los riesgos que eso puede abrir hacia adelante como por el tipo de información que los delincuentes parecían estar buscando. En otras palabras, el golpe no deja la impresión de haber sido guiado por el azar, sino por un conocimiento bastante preciso sobre qué había dentro del lugar y dónde convenía ir a buscarlo.
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Por eso, uno de los puntos que ya asoma con fuerza dentro de la pesquisa es la posible intervención de un “entregador”. La hipótesis no aparece como un movimiento automático de la investigación, sino como una derivación lógica del modo en que se ejecutó el robo. Haber sabido dónde estaba el dinero, cómo funcionaba el monitoreo y cuál era el mejor momento para dejar sin energía a la empresa alimenta la sospecha de que alguien pudo haber aportado datos decisivos desde adentro o desde un entorno muy cercano.
La logística del golpe, de hecho, es lo que más llama la atención en esta etapa inicial. Cortar la luz en el momento adecuado, inutilizar los dispositivos de seguridad y entrar cuando no hubiera reacción inmediata supone una preparación previa que excede la imagen de un grupo improvisado buscando una oportunidad. La investigación deberá determinar ahora si esa planificación surgió solo de una observación externa o si hubo una mano con conocimiento directo del funcionamiento interno de la firma.
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En el caso también pesa el lugar donde ocurrió. Capitán Bermúdez forma parte de un corredor industrial donde conviven empresas, movimientos logísticos y actividad productiva constante, de modo que un robo de estas características no pasa inadvertido ni queda reducido a un expediente policial más. La combinación entre efectivo, documentación, cheques y una ejecución quirúrgica convierte al episodio en un golpe de bastante mayor espesor que un simple asalto a una oficina.
Mientras avanzan las pericias para establecer con precisión todo lo que falta y reconstruir la secuencia completa, la causa quedó atravesada por una pregunta central: quién sabía lo suficiente como para dejar a una empresa sin cámaras, sin alarma y con la caja fuerte al alcance. Esa respuesta será clave para entender si el robo fue solo una operación muy bien preparada desde afuera o si la maniobra se apoyó en información interna que permitió volver invisible, por unas horas, un objetivo de alto valor. Por ahora, lo único claro es que la oscuridad no fue una consecuencia del golpe, sino una parte decisiva de su diseño.
Fuente: NA.
















