La NASA realizará una importante inversión para construir una base estable en la Luna

Actualidad24/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La agencia redirigió el programa Artemis hacia la superficie lunar, relegó a la Gateway y puso sobre la mesa un plan más agresivo para quedarse.

Luna
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La novedad no pasa solo por otra misión a la Luna ni por una nueva promesa de regreso tripulado, sino por un cambio más profundo en la lógica del programa espacial estadounidense. La NASA decidió correr el centro de gravedad de Artemis desde la órbita lunar hacia la superficie y empezar a hablar ya no de visitas periódicas, sino de una presencia sostenida. Ese giro modifica el sentido completo del plan: la Luna deja de aparecer como una escala de exploración y pasa a ser un lugar para instalar infraestructura durable.

El anuncio fue presentado este 24 de marzo de 2026 durante el evento Ignition, en la sede de la agencia, con el administrador Jared Isaacman como principal vocero. En la comunicación oficial, la NASA planteó que busca volver a la Luna antes del final del mandato de Donald Trump, construir una base lunar y establecer una presencia perdurable. Reuters agregó que ese viraje implica usar unos US$20.000 millones en siete años para desarrollar la base en superficie y dejar en pausa la estación orbital Gateway en su formato actual.


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La definición política del cambio fue explícita. Isaacman sostuvo que la agencia quiere “build a Moon base” y dejar instalada una presencia sostenida, mientras que en su intervención pública también defendió concentrar recursos en objetivos concretos y medibles en plazos cortos. La señal, en términos estratégicos, apunta a mostrar que Estados Unidos ya no quiere administrar el tiempo del regreso lunar con la lógica lenta de décadas anteriores, sino con una carrera más apretada y con fuerte impronta geopolítica.

Ese nuevo enfoque también reordena el papel de la Gateway, la estación que había sido concebida como nodo orbital para investigación y transferencia de tripulaciones hacia la superficie. Reuters informó que la NASA decidió frenar ese esquema y reutilizar, en la medida de lo posible, componentes y compromisos internacionales para sostener los nuevos objetivos en suelo lunar. En otras palabras, la agencia ya no quiere que el paso intermedio en órbita condicione el ritmo del programa, sino que la infraestructura útil empuje directamente la ocupación de la superficie.


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La arquitectura revisada de Artemis ya venía mostrando ese desplazamiento desde fines de febrero. En una actualización oficial del 27 de febrero, la NASA informó que sumó una misión en 2027, estandarizó configuraciones y se propuso realizar al menos un alunizaje por año después de eso. Esa frecuencia revela que la agencia ya no está pensando solo en un regreso simbólico, sino en una acumulación de operaciones que vaya armando capacidad “landing by landing”, como planteó el administrador asociado Amit Kshatriya.

El lugar elegido para esa expansión sigue siendo el polo sur lunar, una zona que la NASA considera central por su valor científico y por el potencial de recursos. Documentos del programa Artemis y materiales científicos de la agencia remarcan que allí hay regiones en sombra permanente, condiciones favorables para explorar hielo de agua y un interés especial en áreas cercanas a cráteres como Shackleton y Faustini. Esa disponibilidad potencial de agua es una de las razones por las que el polo sur aparece como pieza decisiva para sostener vida, energía y operaciones de largo plazo.


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El próximo mojón del cronograma será Artemis II, la primera misión tripulada del programa alrededor de la Luna. La NASA mantiene una oportunidad de lanzamiento tan pronto como el 1 de abril de 2026, dentro de una ventana que se extiende hasta el 6 de abril, y la misión durará unos 10 días. No habrá alunizaje todavía, pero sí será el paso decisivo para validar sistemas, tripulación y tiempos de cara a las misiones que deben abrir el tramo más ambicioso del programa.

La presión de calendario no responde solo a cuestiones técnicas. La propia NASA habló de una competencia entre grandes potencias donde el éxito o el fracaso se medirá “en meses, no en años”, y Reuters remarcó que la aceleración del programa estadounidense también se da mientras China avanza con su propia hoja de ruta lunar hacia 2030. Esa dimensión externa ayuda a entender por qué la agencia eligió rediseñar Artemis ahora, incluso a costa de alterar contratos, cronogramas y prioridades que hasta hace poco parecían más estables.


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Lo que aparece hacia adelante es una Luna bastante distinta de la que dominó el imaginario de la exploración en las últimas décadas. Ya no se la presenta solo como territorio de banderas, pruebas o misiones aisladas, sino como plataforma de permanencia, energía, investigación y preparación para etapas todavía más lejanas. La NASA todavía tiene por delante desafíos de hardware, costos, coordinación internacional y seguridad, pero el mensaje político y operativo ya quedó claro: el regreso dejó de pensarse como una visita y empezó a organizarse como una instalación.

Fuente: NA, NASA, Reuters.

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