
La Patagonia recibe solo el 8,3% de la coparticipación: cómo se reparte provincia por provincia
Actualidad24/03/2026
REDACCIÓNUn informe oficial detalla cómo se distribuyen los recursos nacionales y deja en evidencia el lugar que ocupan las provincias patagónicas en la coparticipación.

El esquema de coparticipación federal muestra con claridad el lugar que ocupan las provincias patagónicas dentro del reparto nacional. Según los coeficientes vigentes, Río Negro es la jurisdicción del sur con mayor participación, con un 2,62% del total, seguida por Santa Cruz, que alcanza aproximadamente el 1,90%.
En un nivel intermedio aparece Neuquén, con una asignación cercana al 1,70%, mientras que Chubut se ubica por debajo, con un 1,38% del total de la masa coparticipable. En el último lugar dentro de la región se encuentra Tierra del Fuego, con apenas un 0,70%, siendo una de las provincias con menor participación a nivel nacional.


Estos números reflejan un patrón que se repite en el sistema de distribución: las provincias con menor población reciben porcentajes más bajos, independientemente de su extensión territorial o de los costos operativos que implica sostener servicios en regiones más dispersas.
Si se analiza en conjunto, las cinco provincias patagónicas suman alrededor del 8,3% del total de la coparticipación nacional, un porcentaje reducido si se tiene en cuenta la superficie que abarcan y el peso estratégico que tienen en sectores como energía, hidrocarburos y recursos naturales.
En ese sentido, la diferencia entre provincias también resulta significativa. Río Negro, por ejemplo, recibe casi cuatro veces más que Tierra del Fuego, mientras que Santa Cruz supera ampliamente a Chubut pese a tener una población menor, lo que evidencia la incidencia de factores históricos en la construcción del esquema actual.
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A estos recursos se suman otros fondos específicos que pueden modificar parcialmente el ingreso final de cada provincia. Entre ellos se destacan los vinculados al impuesto a los combustibles, donde la Patagonia tiene una mayor incidencia por cuestiones logísticas y de infraestructura vial.
También incide el reparto de fondos educativos, donde los coeficientes se ajustan según matrícula y necesidades del sistema. Allí, las provincias patagónicas logran una participación algo más equilibrada, aunque sin modificar sustancialmente la distribución general.

Otro componente relevante son las transferencias de suma fija, que en algunos casos funcionan como compensación ante desequilibrios estructurales. Sin embargo, estos montos no siempre alcanzan para cubrir las diferencias derivadas del esquema principal.
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En conjunto, el mapa de la coparticipación deja en evidencia una tensión persistente: la Patagonia aporta recursos estratégicos al país, pero recibe una porción relativamente menor del reparto nacional, lo que alimenta reclamos históricos por una revisión del sistema.
Esta situación se vuelve aún más relevante en contextos de ajuste o caída de la recaudación, donde la dependencia de los fondos nacionales se intensifica y expone con mayor claridad las asimetrías entre regiones.
El reparto de la coparticipación vuelve a dejar expuesta una realidad que en la Patagonia se repite desde hace años: una región extensa, con alto peso estratégico en energía y recursos, pero con una participación limitada en los fondos nacionales. Los porcentajes muestran que, más allá de algunas compensaciones específicas, el esquema sigue respondiendo a criterios históricos que no reflejan del todo las necesidades actuales.
En un contexto económico complejo, donde cada peso resulta determinante para sostener servicios básicos y obras, la discusión sobre cómo se distribuyen los recursos vuelve a cobrar centralidad. La brecha entre provincias y el bajo porcentaje total que recibe el sur alimentan un debate que, lejos de cerrarse, sigue latente en la agenda política y económica del país.
Fuente: CFI Comisión Federal de Impuestos (período 2025)














