
El dirigente justicialista puso al exintendente de Trelew en el centro de una maniobra política que, según su mirada, busca fragmentar al PJ en la previa electoral.

La discusión sobre la unidad del PJ chubutense dejó un blanco puntual y con nombre propio. En medio de una entrevista con #LA17, donde celebró el tono del Congreso partidario y la posibilidad de ordenar la interna, Federico Garitano apuntó contra Adrián Maderna, exintendente de Trelew, y lo ubicó como una figura que reaparece para intentar dañar al peronismo. Su señalamiento no fue lateral ni decorativo: lo presentó como parte de una jugada que ya tuvo un antecedente electoral y que, a su entender, vuelve a ponerse en marcha.
Cuando le preguntaron cuánto mal le hace al peronismo la aparición de Maderna, Garitano respondió sin rodeos y eligió un tono duro. Dijo que “hace un intento de hacer daño” y agregó que esa conducta “ya lo hizo la vez anterior”, en una definición que buscó marcar continuidad entre aquella experiencia y el momento actual. La frase no quedó aislada, porque enseguida la conectó con el armado político que observa hoy en la provincia.


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En esa lectura, Garitano sostuvo que “hoy Adrián está él y todas sus militancias están alineada del gobierno provincial”, y desde ahí construyó su acusación principal. Para el dirigente justicialista, la reaparición del exjefe comunal trelewense no expresa una dinámica interna genuina del peronismo, sino una posición que juega en sintonía con intereses ajenos al partido. Esa definición le dio a su crítica un tono más político que personal, porque el eje no pasó por una disputa individual sino por el lugar que le atribuye dentro del tablero provincial.
Garitano afirmó además que lo que ve hoy con Maderna responde a “la misma receta que se intentó hacer en la elección anterior, la de diputados”. Según explicó, esa lógica consistía en promover que distintos sectores del peronismo y del panperonismo se presentaran por separado para partir el voto opositor. En su relato, la operación no buscó representar una diversidad interna real, sino abrir grietas y multiplicar candidaturas con un efecto de desgaste sobre el justicialismo.
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Ese punto resultó central en su razonamiento, porque Garitano ligó la figura de Maderna con una forma de intervención que, a su juicio, ya fracasó. Dijo que aquella estrategia “no funcionó en la elección pasada” y sostuvo que “va a pasar lo mismo en esta elección”, con lo cual intentó correrle volumen al eventual impacto del exintendente de Trelew. No negó el intento de daño; al contrario, lo dio por hecho, pero al mismo tiempo buscó mostrar que esa maniobra tiene límites concretos en el escenario que se está armando.
La dureza de esas declaraciones también se entiende por el contexto en el que las formuló. Garitano venía de destacar que el congreso del PJ dejó una imagen de orden, que Dante Bowen y Juan Pablo Luque lograron contener a sectores críticos y que el partido necesita sostenerse unido para volver a ser competitivo. En ese marco, la aparición de cualquier actor al que se le adjudique una función divisoria queda ubicada, en su discurso, como una amenaza directa contra el único activo que hoy el justicialismo intenta reconstruir: la cohesión interna.
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Su mirada sobre Maderna, de hecho, quedó atada a una lectura más amplia del mapa electoral que se viene. Garitano dijo que ve “un escenario de polarización entre La Libertad Avanza y el justicialismo”, y que Despierta Chubut y Juntos por el Cambio van a intentar romper los armados locales, sobre todo por la ventaja que otorga ocupar el gobierno de turno. Bajo esa lógica, todo movimiento que disperse al peronismo deja de ser un hecho menor y pasa a integrarse en una pelea de mayor escala.
Por eso su crítica a Maderna no apareció sola, sino enlazada con una defensa cerrada de la unidad partidaria. Garitano insistió varias veces en que el justicialismo necesita concordia, mecanismos internos que no terminen en sangrías y una construcción común capaz de llegar ordenada a las definiciones de candidaturas. La acusación contra el exintendente de Trelew se recorta, entonces, dentro de esa lógica: no como un comentario al pasar, sino como una advertencia sobre todo lo que el PJ no quiere repetir.
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Lejos de cerrar en una simple denuncia, el dirigente también dejó planteado cuál cree que debe ser la respuesta política ante ese tipo de movimientos. Dijo que su sector trabaja con la línea de Dante Bowen en proyectos para áreas como educación y salud, y que la prioridad tiene que estar en construir primero “un proyecto, un modelo de provincia”. Esa última idea deja el punto abierto para lo que viene: si el peronismo pretende desactivar cualquier intento de fractura, la disputa no pasará sólo por frenar nombres o maniobras, sino por mostrar que puede ofrecer una propuesta más sólida que las divisiones que denuncia.






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