La Patagonia se juega una segunda chance en la pelea por el hidrógeno

Política29/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Villalonga advirtió que el freno global abrió una ventana para Argentina, pero reclamó una voz patagónica coordinada para no volver a quedar atrás.

La reunión forma parte de la Mesa Provincial del Hidrógeno, un espacio que comenzó a funcionar en octubre de 2025.
La reunión forma parte de la Mesa Provincial del Hidrógeno, un espacio que comenzó a funcionar en octubre de 2025.

La discusión por el hidrógeno volvió a moverse en Santa Cruz, pero esta vez con una advertencia que corre por debajo de cualquier anuncio. El contexto internacional frenó proyectos en varios países y dejó a la Argentina frente a una oportunidad inesperada: volver a meterse en carrera después de haber quedado rezagada. El problema, según planteó Juan Carlos Villalonga, es que esa ventana no se va a aprovechar sola y que la provincia necesita empujarla con una estrategia política más clara.

Ese planteo apareció después de la reactivación de la Mesa Provincial de Hidrógeno, impulsada por el Ministerio de Minería y Energía de Santa Cruz junto al Círculo de Políticas Ambientales, en una convocatoria realizada en Río Gallegos. Allí participaron funcionarios provinciales, intendentes, representantes de universidades, organismos técnicos y actores vinculados a la actividad, en un distrito que, según la entrevista, concentra la mayor cantidad de proyectos del país. Esa base le da a Santa Cruz un peso especial dentro de una industria que todavía no termina de despegar.


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Villalonga ubicó el problema en un tablero mucho más amplio que el de la política provincial. Explicó que el desarrollo del hidrógeno se ralentizó en Chile, Brasil, Uruguay y en otros mercados por una combinación de factores internacionales, entre ellos el impacto de las políticas de Donald Trump y la reasignación de recursos en Europa hacia presupuestos militares en medio de la crisis en la OTAN. En esa lectura, el hidrógeno sufrió más que las energías renovables ya maduras, porque todavía depende de políticas industriales activas y de mercados que no terminaron de consolidarse.

Esa desaceleración, sin embargo, no fue presentada como una mala noticia pura. Para Villalonga, el parate regional le dio a la Argentina una “segunda chance”, ya que otros países que parecían haber tomado ventaja también se vieron obligados a recalibrar proyectos y ritmos de inversión. Lo que hasta hace poco parecía una carrera perdida volvió a abrirse, aunque ya no por mérito propio sino porque el resto también se frenó.


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Desde ahí aparece el núcleo político del planteo. El referente sostuvo que Santa Cruz y la Patagonia tienen que asumir una posición más activa y coordinada para llevar al Congreso una propuesta concreta sobre lo que necesita esta industria para desarrollarse. En la entrevista dijo que, así como otras provincias marcan el rumbo cuando se discuten biocombustibles, puertos o gas, en este caso la región austral debe convertirse en “voz cantante” de una agenda que hasta ahora no logró cohesión suficiente.

La crítica más directa estuvo dirigida al esquema nacional hoy vigente. Villalonga afirmó que el RIGI no sirve para el hidrógeno porque fue pensado para sectores maduros, con mercados ya existentes y desembolsos rápidos, mientras que esta industria tiene tiempos mucho más largos y una maduración estimada hacia 2035. En su visión, el Gobierno nacional no termina de entender que no alcanza con acelerar inversiones: primero hay que construir las condiciones para que exista una industria nueva.


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En ese punto, la entrevista insistió en una diferencia de fondo entre el hidrógeno y otras actividades extractivas o energéticas. Villalonga comparó esta discusión con el GNL, la minería o el cobre, donde ya existe mercado, tecnología y un camino de inversión más previsible. Acá, en cambio, el cuello de botella sigue siendo la demanda, y por eso recurrió a una imagen simple para describirlo: “Es el huevo y la gallina”.

La referencia a Chile le sirvió para mostrar cómo cambió incluso el país que parecía ir más adelantado. Según detalló, el vecino trasandino empezó a revisar su estrategia de grandes proyectos volcados a la exportación y ahora orienta unos USD 6.500 millones al mercado interno para crear demanda local y permitir que pequeños desarrollos puedan escalar más adelante. Para Villalonga, esos instrumentos de subsidio o licitación hoy son impensables en la Argentina, pero muestran el tipo de política industrial que esta actividad necesita.

La entrevista también dejó un mensaje más incómodo para la región. Villalonga sostuvo que no alcanza con hablar del tema en seminarios o en mesas técnicas si después ese diagnóstico no llega con claridad al gobernador, a los legisladores y al Gobierno nacional. Por eso insistió en que “La Patagonia no puede dar una imagen errónea”, una frase que pone el foco menos en el potencial natural del sur y más en la capacidad política de ordenar una demanda común.

Fuente: La Opinión Austral

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