
Cómo serán los buques “superheladeras” de 400 que licuarán gas frente a la costa de Río Negro
Política08/03/2026
REDACCIÓNFrente a Las Grutas y Punta Colorada se proyectan buques factoría de casi 400 metros que licuarán gas de Vaca Muerta en pleno mar, como pieza clave del corredor de GNL y nueva postal energética de la costa rionegrina.

El mapa energético de Río Negro ya no se explica solo con oleoductos y pozos tierra adentro. Sobre el horizonte del Golfo San Matías empiezan a aparecer otros protagonistas: enormes buques factoría, de casi 400 metros de largo, pensados para operar como “superheladeras” flotantes que licúan gas natural en pleno mar y lo cargan en metaneros rumbo a Europa y Asia. Esa escena, que hasta hace unos años parecía ciencia ficción, hoy forma parte del corazón del corredor de GNL que la provincia quiere consolidar hacia el Atlántico.
Estos buques son unidades flotantes de licuefacción (FLNG). Funcionan como verdaderas plantas industriales montadas sobre casco: reciben gas por gasoducto desde la cuenca neuquina, lo procesan, lo enfrían hasta unos -162 grados y lo convierten en Gas Natural Licuado (GNL), reduciendo su volumen unas 600 veces. El combustible ya licuado se almacena en tanques integrados al buque y, desde allí, se transfiere a barcos metaneros que amarran a su lado, cargan y zarpan sin pasar por ninguna planta en tierra.


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La escala de las “superheladeras” impresiona incluso en una costa habituada a ver buques pesqueros y cargueros. Se habla de barcos de hasta 400 metros de eslora y alrededor de 80 de manga, fondeados a unos siete kilómetros mar adentro, frente a la franja Las Grutas–Punta Colorada. Estarán ubicados en zonas donde la profundidad ronda los 40 metros, una ventaja clave porque evita grandes obras de dragado y permite operaciones relativamente estables durante casi todo el año. La postal diaria, si todos los proyectos se concretan, será la de esas moles iluminadas junto a metaneros que entran, cargan y salen con gas argentino comprimido en sus bodegas.
El funcionamiento es continuo: 24 horas al día, siete días a la semana, con una vida útil proyectada de alrededor de 30 años por unidad. Cada buque factoría incorpora salas de control, equipos de compresión, trenes criogénicos, talleres, sistemas de seguridad y alojamiento para la tripulación, que convive con procesos industriales de altísima complejidad. En términos de capacidad, los proyectos que se mencionan para Río Negro oscilan entre 2,4 y 3,5 millones de toneladas anuales de GNL por barco, y en el caso del megaproyecto “Argentina LNG” se habla de unidades que podrían llegar a 6 millones de toneladas anuales cada una.
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El impacto sobre el corredor de GNL es directo. El gas sale de Vaca Muerta por un gasoducto de 48 pulgadas, presentado como el más grande en la historia del país, y viaja hasta la costa rionegrina. Allí no entra a una mega planta terrestre, sino a esta serie de “superheladeras” fondeadas en el Golfo, que se transforman en la última estación antes del mercado internacional. Lo que hoy se discute en despachos técnicos y políticos es la combinación de proyectos: el buque FLNG vinculado a Southern Energy y Golar LNG, por un lado, y los dos grandes barcos factoría del plan Argentina LNG, impulsado por YPF junto a socios como ENI y XRG, por el otro.
Para la costa rionegrina, el movimiento no es solo económico sino también territorial. El Golfo San Matías es valorado por sus condiciones de oleaje moderado: en el 99% del tiempo las olas no superarían los 2,5 metros, algo que las empresas remarcan como ideal para minimizar riesgos en las maniobras de carga de GNL. Al mismo tiempo, la presencia de buques de semejante tamaño plantea interrogantes sobre convivencia con actividades turísticas, pesqueras y ambientales en un área que, hasta ahora, se pensaba más en clave de veraneo que de polo energético.
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En el discurso oficial, estas “superheladeras” se presentan como pieza estratégica del corredor energético al Atlántico que Río Negro quiere liderar. El mismo litoral que alojará la terminal petrolera de Punta Colorada y la salida del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur será la plataforma de estos buques factoría de GNL. La promesa es que la provincia no solo prestará su costa, sino que se integrará a la cadena de valor global del gas: desde el gasoducto gigante que atraviesa su territorio hasta la operación diaria de barcos que convierten al Golfo San Matías en una suerte de “nodo criogénico” patagónico.
El costo y la escala de inversión también marcan la discusión. Solo el megaproyecto “Argentina LNG”, que incluye los buques de 400 metros y el gasoducto desde Vaca Muerta, se estima en torno a los 30.000 millones de dólares en distintas etapas, una cifra que explica por qué la provincia habla de “decisión histórica” cuando describe el paquete GNL. Cada barco factoría que se suma fortalece el rol de Río Negro como polo exportador, pero también profundiza la necesidad de reglas claras sobre seguridad industrial, monitoreo ambiental y beneficios concretos para las comunidades de la costa.
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En conjunto, los buques “superheladeras” terminan de completar el dibujo del corredor de GNL rionegrino: gas neuquino que cruza la provincia por caños gigantes, plantas flotantes que lo convierten en GNL y una fila de metaneros que se llevan ese gas al otro lado del océano. La pregunta que seguirá sobre la mesa, a medida que estos barcos empiecen a llegar al Golfo San Matías, es cómo se repartirá el impacto: cuánto quedará en ingresos, empleo y actividad local y cuánto pasará solo frente a la costa, visible en el horizonte, pero lejos del día a día de los vecinos.
















