
¿Todo listo?: Artemis II lleva otra vez humanos hacia la Luna después de 53 años
Actualidad29/03/2026
REDACCIÓNLa misión no buscará alunizar, pero probará por primera vez con tripulación real la nave Orion y el cohete SLS en un vuelo de unos diez días.

Cuatro astronautas están a días de subirse a un viaje que la humanidad no repite desde 1972. Artemis II apunta a despegar no antes del 1 de abril de 2026 desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, y marcará el regreso de una misión tripulada hacia la Luna después de más de medio siglo. El dato no pasa por una llegada a la superficie, sino por algo igual de sensible para la NASA: volver a sacar personas de la órbita baja terrestre y llevarlas otra vez al entorno lunar.
La misión tiene un peso técnico que explica por qué el vuelo se mira como mucho más que una postal histórica. Será la primera prueba tripulada del cohete SLS y de la nave Orion, dos piezas centrales del programa Artemis, y servirá para verificar soporte vital, navegación, comunicaciones y desempeño del escudo térmico en condiciones reales de espacio profundo. NASA define ese ensayo como un paso decisivo para futuras misiones lunares y para el camino posterior hacia Marte.


La tripulación combina experiencia, carga simbólica e integración internacional. El comandante será Reid Wiseman; lo acompañarán Victor Glover como piloto, Christina Koch como especialista de misión y el canadiense Jeremy Hansen en el mismo rol. Si el vuelo sale según lo previsto, Glover se convertirá en el primer astronauta negro en viajar a las cercanías de la Luna, Koch en la primera mujer en hacerlo y Hansen en el primer no estadounidense en ir más allá de la órbita baja terrestre.
El recorrido previsto también ayuda a medir la magnitud de la apuesta. Durante los primeros días, la tripulación revisará sistemas y ejecutará maniobras cerca de la Tierra antes de iniciar la inyección translunar; después, Orion rodeará la cara oculta de la Luna, dibujará una trayectoria en forma de ocho y llegará a volar 4.600 millas más allá del satélite. La vuelta usará una trayectoria de retorno libre, aprovechando la gravedad del sistema Tierra-Luna para traer a la nave de regreso antes de un amerizaje en el Pacífico.
Ese plan no sale de cero. Artemis II se apoya en el vuelo no tripulado de Artemis I, lanzado en 2022, que validó la arquitectura básica del sistema, y ahora sube la exigencia porque incorpora personas a bordo. En la lectura de NASA, este vuelo no es un espectáculo aislado: funciona como el examen que debe aprobarse antes de volver a pensar en misiones de superficie y en una presencia humana más sostenida alrededor de la Luna.
La etapa final de preparación ya está en marcha y se nota en los movimientos de los últimos días. Los cuatro astronautas llegaron a Florida el 27 de marzo, después de más de dos años de entrenamiento, y venían además de cumplir la cuarentena previa al lanzamiento en el Johnson Space Center de Houston. Apenas aterrizó, Wiseman resumió el clima interno con una frase que mezcla alivio y expectativa: “The nation and the world has been waiting a long time to do this again”.
El vuelo, de todos modos, no llega limpio de sobresaltos. La preparación sufrió demoras por pérdidas de combustible y otros inconvenientes técnicos que obligaron a más de un movimiento del cohete entre el hangar y la plataforma, y la propia NASA dejó abierta una ventana inicial de lanzamiento entre el 1 y el 6 de abril. Esa fragilidad operativa explica por qué el entusiasmo convive con una cautela muy concreta: en esta clase de misiones, el calendario vale hasta que deja de valer.
Hay otro costado que vuelve especialmente visible a Artemis II. La misión toma una herencia de la era Apolo, pero la reescribe con una tripulación más diversa y con una sociedad espacial más abierta, donde también entra la Agencia Espacial Canadiense. Cuando el grupo llegó al sitio de lanzamiento, Wiseman soltó otra frase breve que resume ese cambio de época y el deseo de volver a mirar la Luna con personas a bordo: “Hey, let’s go to the moon!”.
El punto decisivo no estará en la épica del despegue, sino en lo que la misión consiga comprobar durante esos diez días. Artemis II no va a dejar astronautas caminando sobre el suelo lunar, pero sí tiene que demostrar que el sistema completo puede llevar y traer una tripulación con seguridad en el espacio profundo. De eso depende la siguiente etapa del programa y, sobre todo, la posibilidad de que el regreso humano al vecindario de la Luna no quede como una excepción aislada después de 53 años.








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