
El festival de cine de Puerto Madryn abrió su convocatoria internacional para octubre con secciones competitivas, muestras y un perfil que mezcla barrio y paisaje.

La próxima edición de MAFICI ya empezó a moverse mucho antes de que se encienda la primera pantalla. El festival de cine de Puerto Madryn abrió la convocatoria para su 14° edición, que se desarrollará del 23 al 30 de octubre de 2026, y volvió a plantarse como una cita que no se limita a reunir películas, sino que también busca sostener una identidad propia dentro del mapa cultural patagónico. La apertura de inscripciones vuelve a poner a la ciudad en circulación dentro del calendario audiovisual, con un formato que combina competencia, muestras y actividades en espacios muy distintos entre sí.
La convocatoria está dirigida a realizadores de todo el mundo y permanecerá abierta hasta el 1 de junio inclusive. Las bases y condiciones se encuentran disponibles en la web oficial del festival, mientras que la inscripción solo podrá concretarse a través de las plataformas Filmfreeway, Festhome o Movibeta. Esa combinación entre llamado global y gestión digital muestra que el festival vuelve a salir a buscar películas sin encerrarse en un circuito local o regional.


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La estructura de esta nueva edición confirma que el corazón del festival seguirá dividido entre competencia y muestras especiales. Dentro de la Sección Oficial en Competencia aparecen Ópera Prima, únicamente para ficción, con el premio “Ballena Franca Austral”, además de la competencia de documental ambiental y los cortometrajes de animación, ficción y documental de hasta quince minutos. Esa selección ya deja ver un criterio que no se agota en el volumen de obras, sino que marca un interés concreto por descubrir primeras películas, por atender temas ambientales y por sostener un espacio activo para el formato corto.
Fuera de competencia, el armado también abre una lectura amplia sobre el tipo de cine que MAFICI quiere reunir. El festival mantendrá espacios como Panorama Internacional, Panorama Patagonia, Mujeres en foco, Panorama argentino y Mini MAFICI, secciones que funcionan como ventanas distintas dentro de una misma programación. Más que ordenar títulos por simple procedencia, esa grilla parece buscar un equilibrio entre cine del mundo, producción regional, miradas específicas y públicos diversos.
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El rasgo más fuerte del festival, de todos modos, no pasa solo por la grilla sino por el modo en que se inserta en la ciudad. La edición de 2026 volverá a desplegarse en sedes y espacios ya instalados dentro de su identidad, como el Autocine, Cine en la playa, Cine en los Barrios, Mini MAFICI y también su plataforma online MAFICI TV. Esa dispersión territorial y de formatos evita que el evento quede encerrado en una sala clásica y lo convierte en una experiencia que se reparte entre pantallas convencionales, aire libre, barrios y entorno digital.
La historia que el propio festival presenta sobre sí mismo ayuda a entender por qué ese formato no aparece como casual. MAFICI nació del impulso de Valeria Malatino y Damián Martínez, dos realizadores que apostaron a construir en la región patagónica un punto de encuentro para cineastas, productores e industria audiovisual. Desde esa base, el festival fue creciendo como un espacio donde el cine se cruza con el paisaje y con una idea que el texto oficial repite como definición de identidad: “unir la naturaleza con el arte”.
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Esa fórmula se sostiene no solo en la programación, sino también en el entorno que rodea a quienes llegan a Puerto Madryn para participar del festival. El texto de presentación remarca que todos los años directores, actores, productores, prensa e invitados especiales comparten experiencias ligadas al territorio, desde visitas a pingüineras hasta salidas a Puerto Pirámides, tardes en El Doradillo o actividades con fauna marina. En ese punto, MAFICI aparece menos como un evento aislado y más como una experiencia cultural y turística integrada, algo que ayuda a explicar por qué el festival insiste tanto en su singularidad geográfica.
Hay además un costado comunitario que el festival exhibe como parte central de su recorrido y no como apéndice decorativo. Los programas “Cine en los barrios” y “Cine en las escuelas” forman parte de esa tarea inclusiva con la que MAFICI busca acercar contenidos audiovisuales de calidad a zonas periféricas y rurales de la ciudad. La propuesta no se limita a proyectar películas de manera gratuita, porque también incluye debates posteriores y talleres con la intención de formar espectadores que participen activamente del circuito cultural.
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El respaldo acumulado en estos años también ayuda a explicar el peso que hoy tiene la convocatoria. El festival recuerda que en 2017 fue considerado uno de los eventos culturales más importantes del país por el Fondo Nacional de las Artes, que en 2019 recibió un reconocimiento del programa Festejar y que en 2021 fue declarado nuevamente de interés cultural por el Ministerio de Cultura de la Nación. A eso se suman nuevas distinciones en 2022 y 2023, una cadena de reconocimientos que no reemplaza el trabajo concreto de cada edición, pero sí muestra que MAFICI ya dejó de ser una rareza local para instalarse dentro de un circuito más amplio.
La apertura de la convocatoria para octubre vuelve a colocar ahora a Puerto Madryn en una etapa decisiva: la de reunir películas capaces de sostener esa identidad y, al mismo tiempo, renovar la programación. Lo que está en juego no es solo cuántas obras llegarán ni desde cuántos países, sino qué tipo de festival volverá a construirse este año alrededor de la ciudad, su paisaje y su comunidad. En esa combinación entre competencia, formación, inclusión y naturaleza, MAFICI vuelve a buscar algo más ambicioso que una cartelera: quiere reafirmar un modo propio de hacer cine desde la Patagonia.







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