Salir a pescar ya no cierra y el costo empuja a la flota al freno

Actualidad31/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Agustín de la Fuente advirtió que combustible, fletes, plazos más cortos y presión laboral dejan a la actividad cada vez más cerca del freno.

Barco pesca foto ilustrativa generada por AI
Barco pesca foto ilustrativa generada por AI

Armar un barco para salir a pescar empezó a parecerse menos a una decisión productiva y más a una apuesta llena de incertidumbre. Esa fue la señal más fuerte que dejó Agustín de la Fuente, presidente de Capip, al describir en “El Quinto Poder” por #LA17 un escenario donde los costos se comen el margen antes de que el buque toque el agua. La preocupación ya no aparece solo en balances o reuniones empresarias: se mete de lleno en la pregunta más elemental del sector, que es si conviene salir o quedarse amarrado.

De la Fuente ubicó el problema en un punto muy concreto: el gasto previo que exige poner una embarcación en marcha cuando todavía no existe ninguna certeza sobre el resultado de la marea. “No sabe uno cómo le va a ir, pero ya cuando la flota empieza a hacer ese pensamiento de que en realidad no voy a poder salir porque no me cierran los números, es complicado”, resumió. Esa frase condensa el nuevo clima de la actividad, donde la discusión ya no pasa solo por rentabilidad futura, sino por la viabilidad inmediata de la salida.


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El combustible quedó en el centro de esa presión y aparece como una de las variables que más desordenó toda la ecuación. Según detalló, de noviembre a esta parte el precio subió más del 30%, y solo en lo que va de 2026 el incremento ya llega al 24%, un ritmo que no da tiempo para rearmar costos ni planificar con cierta estabilidad. A eso se suma otro movimiento que golpea de manera menos visible, pero igual de fuerte: los proveedores acortan los plazos de pago para cubrirse frente a esa misma volatilidad.

El problema tampoco termina en el tanque del barco, porque la suba se derrama sobre toda la cadena logística. De la Fuente explicó que los fletes marítimos también se encarecieron y vinculó ese aumento con el cambio de rutas en algunos destinos por efecto de la guerra, un dato que agrega presión sobre exportaciones que ya venían con márgenes ajustados. Por eso insistió en que el impacto no afecta solamente a una flota puntual, sino a todo el entramado que necesita mover mercadería, sostener plazos y llegar a destino con números que todavía tengan sentido.


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La alarma que hoy se encendió en Mar del Plata, con sectores que ya admiten que no pueden salir a operar, no fue leída por Capip como un episodio aislado sin consecuencias para el resto. De la Fuente aclaró que las cadenas no son idénticas y evitó una generalización lineal, pero al mismo tiempo remarcó que quienes hacen toda la cadena reciben el golpe por varios lados al mismo tiempo. El encarecimiento del armado del barco, la logística y los servicios conexos termina empujando a todas las flotas hacia una cornisa parecida, aunque cada una la enfrente con sus propias particularidades.

Ese deterioro se apoya, además, en un cuadro productivo más amplio que la entrevista dejó planteado con crudeza. De la Fuente sostuvo que buena parte de la industria trabaja hoy con una capacidad productiva del 40%, una cifra que vuelve todavía más difícil absorber nuevos aumentos sin resentir actividad, empleo y volumen de trabajo. Cuando la estructura ya opera por debajo de su potencial, cualquier costo adicional deja de ser un ajuste más y pasa a transformarse en un factor de bloqueo.

En ese terreno aparece otra discusión que el dirigente llevó al centro de la escena y que también tiene que ver con competitividad. Señaló que al sector se le exige agregar valor y competir, pero advirtió que esa exigencia convive con desventajas muy pesadas, como el costo laboral, los 90 días para cobrar una exportación y la variabilidad que puede sufrir ese valor cuando el producto llega a destino. En esa cadena de tensiones, la pesca no discute un solo precio, sino una estructura completa que se volvió cada vez más difícil de sostener.


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La respuesta que encontraron hasta ahora fuera del sector, según planteó, no alcanza para desactivar el problema. Capip trasladó esta inquietud al ministro de Hidrocarburos del Chubut, aunque De la Fuente reconoció límites políticos y de gestión dentro de una lógica general donde el mercado “tiene que flotar” y los precios “tienen que valer lo que valen”. El punto que marcó con más dureza es el costo social de ese camino: si la ecuación no cierra, en el medio queda gente sin trabajo y una actividad estratégica entra en un proceso de retracción que después no se recompone con facilidad.

Por eso la negociación con el SOMU y la propuesta presentada el 20 de febrero en la Secretaría de Trabajo de la Nación aparecen en la entrevista no como una discusión lateral, sino como parte del intento de reordenar el frente de costos con alguna previsibilidad. De la Fuente explicó que el planteo busca acordar a niveles productivos vinculados con valores de referencia de exportación, para que esa variabilidad dé certezas tanto a empresas como a trabajadores. “Nadie nos va a venir a solucionar los problemas”, afirmó, antes de remarcar que el sector necesita discusiones sinceras y soluciones construidas por las propias partes. 

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