El bullying castiga en silencio y deja huellas profundas en la salud mental

Actualidad31/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El ataque en San Cristóbal no permite fijar una causa única, pero volvió visible un problema extendido: chicos que sufren acoso y no llegan a ser escuchados.

Bullying y salud mental. Foto Freepik
Bullying y salud mental. Foto Freepik

Un alumno de 15 años entró armado con una escopeta a la Escuela Normal Mariano Moreno de San Cristóbal, mató a un chico de 13 y dejó a la comunidad educativa bajo un “operativo interministerial de asistencia” mientras avanza la investigación. El establecimiento quedó cerrado por tres días y la Provincia activó equipos especializados para acompañar a familias, docentes y estudiantes. El caso sacudió por su gravedad inmediata, pero también porque obligó a mirar de nuevo un malestar que muchas veces se mueve antes, más abajo y en silencio dentro de la escuela.

Ese punto exige una cautela que hoy no conviene perder. Con la información pública disponible, el ataque de San Cristóbal no autoriza a afirmar por sí solo que hubo bullying detrás del hecho, ni a cerrar una explicación única sobre lo ocurrido. Lo que sí deja expuesto es otra cosa: cuando una comunidad escolar queda rota, vuelve a aparecer con fuerza la pregunta por todo lo que no se detectó, no se nombró o no se escuchó a tiempo en chicos y adolescentes.


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Los datos argentinos muestran que el acoso escolar está lejos de ser una rareza. La Encuesta Rápida de UNICEF Argentina registró en 2025 un aumento fuerte del bullying entre adolescentes de 13 a 17 años: la proporción de quienes dijeron haberlo sufrido pasó de 25% a 41% en un año, lo que el organismo tradujo en casi un millón de chicos. En paralelo, el relevamiento también indicó que una porción importante de los adolescentes reconoce que en su escuela hay compañeros que atravesaron situaciones de acoso.

En la escuela primaria, la trama tampoco aparece como excepcional ni marginal. El informe “Convivencia escolar” de Argentinos por la Educación, basado en datos de Aprender, señala que 63% de los alumnos de sexto grado reportó haber sufrido alguna agresión en la escuela o en redes sociales, y que 36% dijo haberse sentido discriminado. A eso se suma otra capa menos ruidosa, pero igual de dañina: 56% manifestó haberse sentido excluido alguna vez, 40% se sintió incómodo o fuera de lugar y 36% dijo haberse sentido solo.


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Lo que el bullying hace sobre la salud mental no se agota en una tristeza pasajera ni en un mal día de escuela. La UNESCO advierte que los chicos que sufren acoso escolar son dos veces más propensos a sentirse solos, a tener dificultades para dormir y a haber pensado en suicidarse; además recuerda que uno de cada siete adolescentes vive con un trastorno de salud mental diagnosticable. Cuando el hostigamiento se vuelve rutina, el daño no queda sólo en la convivencia: pega sobre el bienestar psíquico, el sueño, el sentido de pertenencia y la capacidad de aprender.

La parte más difícil de registrar suele ser justamente la que no hace ruido de inmediato. El informe argentino muestra una contradicción fuerte: 99% de los chicos dice tener amigos, 94% se siente cómodo con docentes y no docentes, y más del 90% afirma que la escuela es un lugar donde se siente bien, contenido y acompañado. Pero debajo de esa percepción general aparecen exclusión, soledad, discriminación y agresiones que no atraviesan a todos por igual, y que muchas veces quedan tapadas por la idea de que “en general” la escuela funciona bien.


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Ahí entra la dimensión de lo que no es escuchado. La UNESCO plantea que los docentes “no son profesionales de la salud mental, pero son aliados clave” para detectar dificultades, construir un ambiente seguro y derivar a los estudiantes que necesitan ayuda; para hacerlo, agrega, hacen falta “vías de derivación claras y redes de apoyo”. El problema es que en la Argentina, según Argentinos por la Educación, las respuestas escolares suelen seguir siendo tradicionales y las estrategias integrales para trabajar vínculos, habilidades socioemocionales y prevención siguen siendo poco frecuentes.

No escuchar a tiempo no significa necesariamente indiferencia abierta. A veces se parece más a minimizar, a leer el acoso como “cosas de chicos”, a intervenir sólo cuando el conflicto ya explotó o a no contar con herramientas para distinguir una pelea aislada de una secuencia persistente de humillación, exclusión o amenaza. Por eso la UNESCO insiste en un enfoque escolar integral, con entornos seguros e inclusivos, aprendizaje socioemocional, apoyo entre pares, formación docente y sistemas claros de derivación hacia salud y protección.


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San Cristóbal volvió insoportable una pregunta que ya estaba planteada en los datos. No se trata de convertir automáticamente una tragedia en una explicación única, sino de asumir que en la Argentina hay chicos que llegan a la escuela sintiéndose solos, discriminados, agredidos o corridos del grupo, y que ese dolor sostenido deja marcas profundas mucho antes de cualquier estallido visible. Si algo deja este caso, además del duelo y la investigación judicial, es la urgencia de escuchar antes: cuando el bullying todavía no ocupa un titular, pero ya está lastimando la salud mental de un chico.

Con información de Argentinos por la Educación, UNESCO y del Gobierno de Santa Fe

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