Un plástico creado en Noruega busca sacar agua del aire donde la sequía aprieta

Otros Temas02/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El material fue desarrollado por investigadores de NTNU y SINTEF para captar humedad incluso con baja presencia de agua en el ambiente, una limitación que hoy frena a buena parte de estos sistemas.

Invento Noruego
Invento Noruego

La crisis del agua potable empuja a los laboratorios a buscar soluciones fuera de los esquemas tradicionales, y en Noruega apareció una propuesta que apunta directo a uno de los mayores límites de esa pelea: obtener agua en lugares donde el aire también viene seco. Un equipo de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) y del centro de investigación SINTEF desarrolló un nuevo material plástico capaz de capturar humedad atmosférica y convertirla en agua apta para consumo, incluso en condiciones de baja humedad.

El desarrollo parte de una idea conocida, pero busca mejorarla donde más suele fallar. Los sistemas de captación de agua del aire existen desde hace tiempo, aunque pierden eficiencia y se vuelven más caros cuando la humedad baja de ciertos niveles, justamente en las regiones donde más harían falta. El nuevo material noruego intenta corregir ese problema con un polímero absorbente del tipo que se usa en productos como los pañales, combinado con un elastómero blando que le da estabilidad y capacidad de retención.

La lógica de funcionamiento no depende de enfriar aire como hacen muchos generadores atmosféricos convencionales. En este caso, las microestructuras internas del material atraen moléculas de agua presentes en el ambiente, las retienen y luego las liberan mediante calor para poder recolectarlas. Esa diferencia técnica es la que explica por qué el invento aparece como una opción prometedora para zonas áridas, donde la captación tradicional suele volverse energéticamente costosa o poco eficiente.


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La escala del problema al que apunta no es menor. Según datos del programa conjunto de monitoreo de OMS y UNICEF, todavía 2,1 mil millones de personas en el mundo no tienen acceso a agua potable gestionada de manera segura. Esa presión global, cruzada por cambio climático, crecimiento demográfico e infraestructura insuficiente, es el contexto en el que este tipo de desarrollos gana relevancia.

Uno de los argumentos más fuertes del equipo está en el costo potencial. El investigador Roberto Mennitto, de SINTEF, sostuvo que el polímero mostró buen rendimiento y que su fabricación puede sostenerse con materias primas accesibles y un proceso relativamente simple. En la misma línea, los desarrolladores remarcaron que el material puede producirse en distintas formas, como láminas, recubrimientos o piezas obtenidas por impresión 3D, e incluso podría fabricarse a partir de biomasa.

También aparecen señales positivas en la resistencia del material. Según la información difundida por los investigadores, el polímero completó 120 horas de uso continuo sin degradarse ni perder rendimiento, un dato importante para pensar aplicaciones fuera del laboratorio. Esa estabilidad, sumada a la posibilidad de abaratar la producción, abre la puerta a usos en ayuda humanitaria, defensa, hogares y oficinas, aunque todavía en una etapa previa a la adopción masiva.


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El proyecto, de todos modos, todavía no está en una fase comercial extendida. Los propios investigadores reconocen que el próximo paso pasa por bajar aún más el costo, escalar la producción desde gramos a kilogramos y conseguir financiamiento para prototipos y transferencia tecnológica. Entre sus metas aparece una reducción adicional del 25% en costos, algo que consideran clave para que el sistema pueda competir mejor y llegar a regiones con necesidades urgentes.

Ahí está uno de los puntos que ordena mejor la discusión. El invento no resuelve por sí solo la crisis global del agua ni reemplaza redes, acueductos o inversiones públicas de gran escala. Lo que ofrece, por ahora, es una alternativa descentralizada para contextos hostiles o aislados, donde conseguir agua embotellada o trasladar suministro puede ser caro, inestable o directamente imposible.

Por eso el valor de esta innovación no está solo en lo llamativo de sacar agua del aire, sino en la posibilidad de hacerlo con menos energía, con menor costo y en lugares donde otros sistemas rinden mal. Si logra superar la etapa de escalado industrial, el polímero noruego podría convertirse en una herramienta concreta para regiones secas y comunidades vulnerables. Por ahora, el avance más importante es otro: haber corrido un poco más el límite de lo que la tecnología puede hacer frente a una escasez que ya es estructural.

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