
El primer avistaje frente a El Doradillo confirma el inicio del ciclo reproductivo y anticipa la llegada gradual de más ejemplares a Península Valdés.

Una ballena franca austral nadando junto a su cría frente a la costa de Puerto Madryn volvió a instalar una escena que cada año redefine el ritmo de la región. El registro se produjo en Playa Canteras, dentro del Área Natural Protegida El Doradillo, donde el avistaje permitió confirmar el inicio de la temporada. La presencia de ese binomio marca el comienzo de un proceso biológico que se extenderá durante varios meses.
El registro fue realizado por el guardaparque Enzo Gutiérrez, quien documentó en video el desplazamiento de una madre con su cría nacida en 2025. La escena no fue aislada, ya que también se reportaron observaciones desde el mar durante salidas de buceo frente a la ciudad. Estos primeros movimientos configuran un patrón que suele repetirse cada año en esta época.


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Las ballenas regresan a estas aguas luego de pasar meses en zonas de alimentación alejadas de la costa patagónica. Ese recorrido migratorio culmina en los golfos de la región, donde encuentran condiciones favorables para la reproducción y el cuidado de las crías. La llegada no ocurre de manera masiva, sino que se produce en forma gradual.
En las próximas semanas, el Golfo Nuevo comenzará a recibir un mayor número de individuos, al igual que los golfos San José y San Matías. Los primeros en arribar suelen ser hembras en el tramo final de su gestación y ejemplares solitarios, que se instalan antes del pico de la temporada. Ese comportamiento anticipa un incremento progresivo de la actividad en la zona.
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La relación de las ballenas con estas áreas no es casual, sino que responde a un comportamiento conocido como filopatría, que implica la fidelidad a determinados sitios de reproducción. Muchas de ellas regresan a los mismos lugares donde nacieron o donde ya han tenido crías en temporadas anteriores. Esa repetición espacial consolida a Península Valdés como uno de los puntos centrales del ciclo vital de la especie.
Durante los primeros meses de vida, los ballenatos permanecen junto a sus madres, acompañándolas en desplazamientos cortos dentro de las aguas protegidas. En ese período incorporan información clave sobre rutas migratorias y áreas de alimentación, un conocimiento que se transmite entre generaciones y sostiene la continuidad de estos patrones.
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Si bien es posible observar ballenas a lo largo de gran parte del litoral argentino, son los golfos de Río Negro y Chubut los que concentran la mayor permanencia. Las características de estas aguas brindan resguardo frente a corrientes y depredadores, lo que resulta determinante para la supervivencia de las crías.
En términos poblacionales, el área de Península Valdés concentra cerca de 2.000 individuos por temporada, lo que la convierte en el principal núcleo de la ballena franca austral en el Atlántico sudoccidental. Esa densidad explica el interés científico y turístico que despierta cada año.
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Los registros actuales se mantienen dentro de los parámetros históricos en cuanto al calendario de llegada. Los datos científicos indican que los primeros ejemplares suelen aparecer entre abril y mayo, mientras que el mayor número se observa entre agosto y septiembre, período en el que se concentran los nacimientos.
El inicio de la temporada no solo activa la llegada de visitantes, sino también el trabajo de los equipos de investigación. Este año se pone en marcha la 56.ª temporada del Programa de Investigación de la Ballena Franca Austral, que cuenta con más de cinco décadas de seguimiento continuo.
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El catálogo de foto-identificación desarrollado por el Instituto de Conservación de Ballenas junto a Ocean Alliance reúne más de 5.700 historias individuales, lo que permite estudiar la evolución de la población a lo largo del tiempo. Ese registro acumulado convierte a la región en un punto de referencia mundial para la investigación de la especie.
Cada nuevo avistaje se integra a ese sistema de monitoreo y amplía el conocimiento disponible sobre los movimientos y la reproducción de las ballenas. La temporada que comienza suma así un nuevo capítulo a un trabajo sostenido que combina ciencia, conservación y observación en territorio.
Fuente y foto: ICB







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