
Fake news: La denuncia por presunta injerencia rusa llevó la desinformación al terreno judicial
Actualidad03/04/2026
REDACCIÓNUn abogado pidió investigar en la Justicia Federal si existieron estructuras extranjeras financiadas para influir en medios y afectar el debate público en la Argentina.

La discusión sobre las campañas de desinformación dejó de moverse solo en el plano mediático y pasó a buscar una respuesta judicial. Una presentación realizada ante la Justicia Federal pidió investigar si en la Argentina operaron estructuras extranjeras organizadas para infiltrar contenidos en medios e incidir sobre la opinión pública. La denuncia apunta a una presunta trama asociada a la Federación de Rusia y la ubica como un posible problema de seguridad institucional.
El impulsor de la presentación fue el abogado Jorge Monastersky, que reclamó que se determine si esas operaciones pueden encuadrarse como delitos previstos en la Ley de Inteligencia Nacional. El escrito fue enviado por mail este 3 de abril y plantea que ya no se trata solo de publicaciones periodísticas o sospechas dispersas, sino de hechos que, por su alcance y gravedad, exigen una investigación formal.


Uno de los puntos que le dio mayor peso institucional al planteo fue la mención a un comunicado reciente de la Secretaría de Inteligencia de Estado. Según la denuncia, ese documento ya había informado a la Justicia Federal y al Ministerio Público Fiscal sobre las actividades de una organización apodada “La Compañía”, integrada por ciudadanos rusos, con recursos internacionales y nexos en la Argentina. Para Monastersky, ese antecedente cambia la naturaleza del caso.
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El propio escrito remarca esa diferencia con una frase que busca justificar la urgencia. Según el abogado, la documentación conocida “impone una investigación judicial inmediata” porque “la información deja de ser meramente periodística para adquirir un grado de verosimilitud institucional”. Esa lectura desplaza el eje desde la denuncia pública hacia una eventual respuesta del sistema judicial y de inteligencia.
La presentación también incorpora referencias a investigaciones publicadas por Infobae, openDemocracy y otros medios internacionales. En ese marco, uno de los datos más sensibles es la hipótesis de una estructura con financiamiento externo que habría producido en territorio argentino alrededor de 250 artículos periodísticos con el objetivo de modelar el debate social. La denuncia añade que esos materiales habrían circulado mediante presuntos pagos a medios, editores o periodistas, incluso en algunos casos sin conocimiento de las empresas para las que trabajaban.
Ese punto vuelve especialmente delicado el expediente porque introduce una distinción entre posibles participantes conscientes y personas eventualmente utilizadas sin conocer el origen o la finalidad del material difundido. Monastersky pidió que la Justicia individualice conductas y determine el grado de conocimiento o participación de cada involucrado, justamente para evitar generalizaciones y establecer responsabilidades concretas.
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En el plano institucional, la denuncia afirma que una operación coordinada de este tipo puede afectar directamente la “formación de la voluntad del electorado”, sobre todo en períodos electorales, y comprometer “la transparencia del debate público y la integridad del sistema democrático”. Esa definición muestra que el caso no está planteado como una simple controversia informativa, sino como una posible maniobra de injerencia sobre el funcionamiento democrático argentino.
Por eso, el escrito propone una batería de medidas que no se limita a tomar testimonios o reunir documentación básica. Entre otras acciones, solicita análisis técnicos sobre patrones de difusión digital por parte de la DATIP, pedidos de informes a plataformas y organismos estatales, requerimientos a ARCA para rastrear movimientos financieros relevantes y, si fuera necesario, cooperación internacional. Además, exige la intervención inmediata del Ministerio Público Fiscal para impulsar la investigación penal.
La clave ahora pasa por lo que haga la Justicia con esa presentación. Si el juzgado decide avanzar, el expediente podría abrir una pesquisa sobre financiamiento, circuitos de difusión y posible injerencia extranjera en el ecosistema mediático local. Si no lo hace, la denuncia quedará como una advertencia política e institucional sobre un terreno que cada vez genera más preocupación: el uso de estructuras internacionales para intervenir en la conversación pública y empujar, desde las sombras, el sentido del debate democrático.













