
En Puerto Madryn hay historias que se construyen lejos de los grandes focos, pero que terminan dejando una huella profunda en la comunidad. La del Club JJ Moreno es una de ellas, atravesada por el trabajo sostenido y el compromiso de generaciones.



El 4 de abril de 1991 marca el punto de partida. Ese día, Juan José Moreno decidió poner en marcha un proyecto que no tenía estructura ni espacio propio. “Es un club que se creó de la nada y sin tener un lugar”, recordó sobre aquellos primeros pasos que exigieron más voluntad que recursos.
La construcción fue lenta, pero constante. Con el tiempo, el club logró consolidarse en el fútbol local y ampliar su base, hasta alcanzar hoy más de 800 jugadores distribuidos en distintas categorías. Desde infantiles hasta planteles superiores, la institución sostiene una presencia fuerte en cada nivel.
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Ese crecimiento no se explica solo desde lo deportivo. Las obras en infraestructura acompañaron cada etapa, con mejoras que se repiten año tras año y que forman parte de una lógica de expansión sostenida. La evolución del club se apoya tanto en la cancha como fuera de ella.
En ese recorrido, las familias cumplen un rol central. La participación de padres y madres en el día a día genera un entramado que sostiene la actividad y fortalece el sentido de pertenencia. El club funciona también como espacio social, más allá de la competencia.
Los resultados acompañaron ese proceso. A lo largo de los años, JJ Moreno acumuló títulos en distintas categorías, reflejando un trabajo que involucra a jugadores, entrenadores y dirigentes. Cada logro aparece como parte de una construcción colectiva.
El reconocimiento también llega desde otros puntos del país. Clubes de Buenos Aires siguen de cerca a los jóvenes que se forman en la institución, una señal del nivel alcanzado por las divisiones formativas y del trabajo que se realiza con las nuevas generaciones.
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En este nuevo aniversario, la memoria vuelve sobre los inicios. Nombres como Miguel Marzo, Gustavo García y Hugo Barroso aparecen ligados a ese momento fundacional, acompañando a Moreno en una etapa donde todo estaba por hacerse.
La celebración no se limita a una fecha. Funciona como una instancia para reafirmar un camino que sigue en movimiento, con nuevas camadas de jugadores que se suman año tras año y sostienen la continuidad del proyecto.
Treinta y cinco años después, el club mantiene una identidad clara. El llamado “sentimiento naranja” sigue vigente, impulsado por quienes estuvieron desde el principio y por quienes hoy continúan escribiendo una historia que todavía tiene mucho por delante.















