
La ciudad ya palpita una nueva edición del Vía Crucis Submarino, que este sábado volverá a unir fe, mar, memoria y una fuerte convocatoria local.

Puerto Madryn ya vive las horas previas de uno de esos acontecimientos que exceden el calendario religioso y se meten de lleno en la identidad de la ciudad. La expectativa crece entre vecinos, turistas, organizadores y participantes, porque este sábado volverá a realizarse el Vía Crucis Submarino, una ceremonia que con el paso de los años dejó de ser solo una actividad de Semana Santa para convertirse en una de las imágenes más reconocibles del lugar. En cada edición, la combinación entre espiritualidad, paisaje costero y participación comunitaria instala una espera particular que esta vez llega con un condimento especial.
La XXI edición volverá a poner en movimiento un recorrido que comenzará a las 18.30 en la Iglesia Sagrado Corazón de Jesús y que luego se trasladará hasta el Muelle Piedra Buena, donde tendrá lugar la etapa más singular del evento. El público podrá ingresar al muelle desde las 19 para aguardar el desarrollo de la parte submarina, mientras que la inmersión de la cruz iluminada está prevista para las 20.30. Todo indica que la ciudad volverá a concentrar su atención en ese trayecto que une la procesión terrestre con el avance de la cruz sobre las aguas del Golfo Nuevo.


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La previa se apoya en la convocatoria que suele generar el evento durante el fin de semana largo pero también se alimenta de la dimensión excepcional que tiene esta ceremonia, presentada desde hace años como un acontecimiento único en el mundo, capaz de reunir en un mismo rito uno de los momentos más trascendentes para la fe católica con el perfil marítimo y subacuático de la Capital Nacional del Buceo. Esa condición, sostenida a lo largo de veinticinco años y 21 ediciones, explica buena parte del interés que vuelve a rodearla.
Esta vez, además, la organización espera una carga emotiva mayor por la participación de Gustavo Tellini, que será el primer Veterano de Malvinas en integrar la peregrinación submarina. Ese dato no funciona como un agregado menor ni como una curiosidad dentro del programa, porque conecta de manera directa al evento con una fibra muy profunda de la memoria madrynense. La presencia de Tellini promete darle otro espesor a la ceremonia y sumar una señal de reconocimiento que atraviesa tanto a la comunidad local como a quienes llegan desde otros puntos del país.
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La historia personal de Tellini refuerza ese valor simbólico. Su primer contacto con Puerto Madryn fue en 1982, cuando arribó a bordo del Canberra junto a cientos de soldados argentinos repatriados después de la guerra. Aquel episodio quedó grabado como “el día que Madryn se quedó sin pan”, una frase que sigue condensando el gesto colectivo de la ciudad hacia los excombatientes, y que ahora vuelve a quedar enlazada con este acontecimiento religioso a través de una participación inédita.
El despliegue previsto para mañana también explica las grandes expectativas que rodean a la ceremonia. La procesión subacuática contará con la intervención de buzos profesionales de la Asociación de Operadoras de Buceo local, además de kayakistas instruidos y nadadores de superficie, que serán los encargados del traslado de la cruz por el mar. A eso se sumará la iluminación de las aguas y la presencia de la congregación desde la orilla con sus tulipas encendidas, un momento que cada año convierte la costa en una escena de fuerte impacto visual y espiritual.
La organización del evento vuelve a mostrar, además, una articulación amplia entre instituciones religiosas, áreas municipales y actores vinculados al mar y a la seguridad. Intervienen la Secretaría de Turismo de la Municipalidad de Puerto Madryn, la Iglesia Sagrado Corazón de Jesús de la Diócesis de Rawson y la Asociación Operadoras de Buceo, con el acompañamiento especial de José María “Popey” Goity, Ricardo “Pinino” Orri y Ricardo Vera. También habrá apoyo del Ente Mixto de Promoción Turística, la Administración Portuaria Puerto Madryn, Prefectura Naval Argentina, LU17, Red Uno, el Madryn Kayak Club, el Cuerpo activo de Guardavidas, Bomberos Voluntarios de Puerto Madryn, la Policía del Chubut y Casa Urtasun.
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La previa incluye, a la vez, un costado solidario que vuelve a formar parte del evento y que amplía su sentido más allá de la ceremonia central. Las iglesias de la ciudad ofrecerán mate cocido caliente y tortas fritas tanto para quienes se adentren al agua como para la comunidad que quiera acompañar, al tiempo que se impulsará una colecta de dinero destinada a sostener el trabajo pastoral en distintos barrios de Puerto Madryn. Esa acción, que cuenta otra vez con el acompañamiento de AHRCOBA, reafirma el perfil comunitario de una jornada que convoca por distintos motivos y desde lugares muy diversos.
Habrá también un componente cultural que contribuirá a reforzar el clima esperado para mañana. Para las últimas reflexiones se presentará el Coro Estable Municipal, mientras que el cierre frente al golfo tendrá un momento musical a cargo del Padre Deiby, perteneciente a la Diócesis de Rawson, junto al DJ local Yamil Cardoso. Esa combinación entre religiosidad, música, participación ciudadana y presencia sobre la costa vuelve a darle al Vía Crucis una escala que supera la de una simple actividad programada.
La espera, entonces, ya no se mide solo en horas sino en la magnitud de lo que la ciudad prevé volver a vivir mañana. Puerto Madryn se encamina otra vez hacia una noche en la que el centro, el muelle y el mar quedarán atravesados por una ceremonia que combina recogimiento, puesta escénica, memoria y pertenencia local. Las expectativas son altas porque el evento ya demostró que puede reunir todo eso al mismo tiempo, y porque esta nueva edición suma un elemento humano y simbólico que la vuelve todavía más significativa.















