
El Tesoro intensifica colocaciones en moneda extranjera dentro del país mientras enfrenta vencimientos por USD 4.200 millones y evita salir al mercado internacional.

La estrategia oficial ya impacta en el ritmo financiero del Estado, que volvió a ofrecer bonos en dólares dentro del mercado local con el objetivo de reunir divisas para cubrir compromisos inmediatos. El foco está puesto en julio, cuando se concentran vencimientos por unos USD 4.200 millones, una cifra que obliga a reforzar mecanismos internos ante la falta de acceso a financiamiento externo en condiciones favorables.
Las próximas licitaciones previstas para el 15 y el 28 de abril buscan captar esos dólares disponibles dentro del sistema, en un intento por sostener la capacidad de pago sin depender de emisiones en el exterior. Este movimiento consolida un giro en la política financiera, que prioriza recursos domésticos mientras el riesgo país se mantiene elevado y limita las alternativas internacionales.


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El esquema elegido combina instrumentos de corto y mediano plazo, con diferencias marcadas en la percepción del mercado según el horizonte político. El Bonar 2027 (AO27) concentra mayor interés relativo, ya que su vencimiento coincide con el actual mandato presidencial, mientras que el Bonar 2028 (AO28) incorpora incertidumbre sobre la continuidad de la orientación económica.
En la última licitación, esa diferencia se reflejó en los números concretos: el AO27 logró adjudicar USD 97 millones con una tasa interna de retorno de 5,12%, mientras que el AO28 apenas alcanzó USD 34 millones y debió ofrecer una tasa mucho más alta, de 8,86%. Este contraste expone una lectura del mercado sobre el riesgo político asociado a plazos más largos.
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La referencia al llamado “riesgo kuka” aparece en ese contexto como un factor de análisis que atraviesa la demanda de títulos. El término, utilizado por el propio Gobierno, sintetiza la desconfianza sobre un eventual cambio de gestión y sus efectos en la política económica futura.
El nivel actual de depósitos en dólares del Tesoro también condiciona la estrategia. Según el Banco Central, al 25 de marzo esos fondos equivalían a USD 255 millones, aunque se proyectaba un aumento significativo tras el ingreso de nuevas colocaciones, que elevarían el total a unos USD 686 millones. Esa cifra sigue lejos de cubrir los compromisos más inmediatos, lo que explica la insistencia en repetir las licitaciones.
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A la vez, el Gobierno sostiene que existen alternativas más económicas que aún no fueron desplegadas plenamente. “Tenemos opciones más baratas; mientras tengamos estas opciones más baratas, que por ahí el mercado no las sabe, pero se va a enterar en los próximos meses, nosotros vamos a seguir primando lo que es la opción más barata”, afirmó el ministro de Economía, Luis Caputo.
En esa línea, el equipo económico asegura que ya tiene identificado financiamiento para afrontar los próximos vencimientos relevantes, incluyendo pagos por unos USD 9.000 millones distribuidos entre este año y el próximo. Sin embargo, esa previsión no elimina la necesidad de reforzar la liquidez en el corto plazo.
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La decisión de no emitir deuda en el mercado internacional responde a múltiples factores, entre ellos el contexto global marcado por la incertidumbre y el impacto de conflictos externos, además de condiciones financieras menos favorables. Esa combinación redujo las posibilidades de replicar experiencias recientes de otros países que sí lograron colocar deuda en el exterior.
Mientras tanto, la política de captación interna se vincula también con el intento de atraer dólares fuera del sistema, en línea con medidas como la Ley de Inocencia Fiscal. El desafío pasa por convertir esos ahorros en financiamiento efectivo para el Estado sin generar distorsiones adicionales en el mercado.

















