
Vendieron la principal fábrica de fertilizantes y ahora el campo enfrenta un golpe
Actualidad07/04/2026
Sergio BustosEl aumento del precio de los fertilizantes ya golpea de lleno al campo argentino, justo cuando se prepara la campaña de trigo. En pocas semanas, la urea subió más de un 50% a nivel internacional, impulsada por el conflicto en Medio Oriente que afectó la producción de gas en países clave.

El impacto no llega en cualquier contexto. La Argentina acaba de desprenderse de uno de los activos que podía amortiguar ese golpe: la participación de YPF en Profertil, la mayor productora de fertilizantes del país y de toda Sudamérica.
La compañía, con base en Bahía Blanca, produce alrededor de 1,3 millones de toneladas de urea por año y cubre cerca del 60% del consumo nacional. Además, genera unas 790.000 toneladas anuales de amoníaco, un insumo clave para la industria.


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La decisión de venta se concretó en una operación que, sumada a otras desinversiones, rondó los 1.200 millones de dólares. Con ese movimiento, YPF dejó de participar en un negocio que transformaba gas local en fertilizantes, reduciendo la dependencia de importaciones.
El contexto global le da otra dimensión a esa decisión. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán afectó instalaciones de gas en Qatar, Emiratos Árabes e Irán, alterando la oferta mundial y encareciendo los insumos agrícolas en cuestión de días.
En ese escenario, el país queda más expuesto a los precios internacionales. Profertil no solo era rentable, sino que también funcionaba como una herramienta estratégica para sostener costos en el agro, al producir con gas argentino y sin depender completamente del mercado externo.
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Desde YPF justificaron la operación dentro de su plan de reorientación de inversiones hacia Vaca Muerta. “Esta operación le permite a la compañía continuar enfocándose en su negocio estratégico”, señalaron. Sin embargo, esa decisión implicó resignar un eslabón clave dentro de la cadena productiva.
El propio titular de la petrolera, Horacio Marín, explicó que la venta también respondió a la necesidad de sostener el precio del crudo ante una caída de la demanda interna. Esa lógica priorizó el equilibrio del mercado petrolero, aun a costa de reducir capacidad en otro sector estratégico.
La operación estuvo atravesada por cuestionamientos. Daniel González, funcionario del área energética, formaba parte del directorio de Adecoagro —empresa compradora— durante el proceso, lo que generó sospechas por un posible conflicto de intereses.
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Tras la venta, Adecoagro pasó a concentrar cerca del 90% del mercado y evalúa una expansión de la planta que podría duplicar la producción, con una inversión estimada entre 1.500 y 2.000 millones de dólares. El proyecto ya había sido diseñado cuando YPF aún formaba parte de la empresa, pero nunca se concretó.
El momento en que podría avanzarse con esa ampliación no es menor. La crisis global en los fertilizantes vuelve a poner en evidencia la importancia de contar con producción local fuerte. En ese tablero, la Argentina aparece hoy más dependiente y con menos margen de maniobra frente a un mercado internacional cada vez más volátil.















